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FCA: Yazmín y Montalvo mandaron al diablo las instituciones

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

¿Alguien sabe lo que es mantener a flote una institución educativa, una comunidad académica de más de cuarenta y cinco mil personas, en una situación de incertidumbre causada por un enemigo que puede hacer víctima de cualquiera de ellas, o de sus familiares?, no es sencillo imaginarlo, de hecho no es labor de un solo individuo, sino de un conjunto bastante amplio de gente que hace su mejor esfuerzo porque, a pesar de la crisis, la Universidad Autónoma de Coahuila mantenga una apariencia de normalidad, y en algunos ámbitos, hasta de haber sabido aprovechar el momento para superarse a sí misma.

No habría necesidad de hablar de un tema en el que todos y cada uno de los ciudadanos, nos hemos convertido en expertos, si no es que en testigos de primera mano o víctimas.

La pandemia de COVID 19 es una situación impuesta a la humanidad de la segunda década del Siglo XXI, en la que como en todas las similares anteriores, tendrá que hacer su mejor esfuerzo, aplicar su imaginación, su inteligencia, demostrar su capacidad de organización, su solidaridad, en una palabra, su humanidad, para salir lo menos dañados posible de esta crisis.

La otra opción es impensable, como si de un rebaño se tratara, dejar que la enfermedad nos infecte a todos, y los que por alguna combinación específica de genes, sea inmune, sobreviva, y los que no la tengan, que desarrollen los anticuerpos, o mueran, los humanos no somos así, como mayoría… afortunadamente, porque con sorpresa y tristeza comprobamos que hay un movimiento negacionista, que si por ellos fuera, llevarían a la especie a la extinción.

La Universidad Autónoma de Coahuila desde que comenzó a hacerse patente la magnitud de la pandemia, tomó las medidas que consideró pertinentes, suspensión de actividades presenciales en las aulas, limitar las funciones administrativas, proteger a la población de riesgo, entre sus empleados y sus familiares, entre otras.

Esto en el primer momento, y conforme fueron avanzando las semanas y los meses, adecuando las medidas en las distintas unidades académicas, de gobierno, y dependencias administrativas, de tal manera que se puede decir sin faltar a la verdad, que la Universidad ha seguido trabajando, hasta en los períodos considerados oficiales de vacaciones.

Es hasta cierto punto sorprendente la manera en la que los universitarios se han adaptado, a veces entusiasmados, a veces a fuerzas, al uso de las tecnologías de la información para la enseñanza, para la celebración de reuniones, para la toma de decisiones, incluso para la realización de ceremonias trascendentales en la vida de los alumnos, y también del profesorado.

Es en este contexto en el que el último fin de semana se dio un hecho lamentable, peligroso, y que constituye la tercera, la quinta o la octava llamada de atención de que no todos en la Universidad Autónoma de Coahuila están en sintonía, no únicamente con las políticas de la emergencia dictadas desde la Rectoría, o con las disposiciones de los Comités de Salud nacional y el del Estado de Coahuila, sino con los más elementales valores ciudadanos, éticos y de la decencia. La Facultad de Ciencias de la Administración, violando todos los ordenamientos de la universidad y del Subcomité Técnico Regional de Salud en la región Sureste, llevó a cabo la ceremonia de graduación de sus alumnos, utilizando las instalaciones de la Facultad, pretendidamente dando cumplimiento a la disposición de “sana distancia”, ubicando a los egresados, familiares e invitados en el estacionamiento de la instalación universitaria.

Decimos que es la tercera llamada de atención como mínimo, porque ya se había ventilado primero en redes sociales y luego en los medios de comunicación que, en la Facultad de Ciencias de la Administración, la directora Yazmín Guadalupe Cervantes Ávila, había obligado a los alumnos que habían reprobado el semestre, a presentar el examen extraordinario de manera presencial, tema sobre el que además flota un aura de corrupción, toda vez que se estaba cobrando 450 y 500 pesos a cada alumno, siendo grupos enteros los que habían reprobado materias relativamente sencillas, y la otra ocasión, cuando se obligó al personal docente a acudir a la facultad a recibir cursos de capacitación, mismos que en otras facultades universitarias se impartieron a través de las plataformas virtuales habilitadas para ello.

Los avisos anteriores llamaron la atención de las autoridades universitarias, que sin embargo, salvo integrar el expediente correspondiente, poco más podían hacer, toda vez que ya había ocurrido el acto, la diferencia con la graduación, celebrada en un ambiente casi clandestino, es que involucró a la Dirección de Protección Civil municipal, a la Policía Preventiva de Saltillo, y al  Subcomité Técnico Regional de Salud en la región Sureste, entidad supra gubernamental, a la que por supuesto pertenece la Universidad Autónoma de Coahuila en calidad de miembro de número.

En un acto que simplemente no debió ocurrir, las autoridades municipales auxiliadas de la fuerza pública se presentaron a desalojar el “local”, siendo este la Facultad de Ciencias de la Administración, en la que había más de seiscientas personas, a todas luces violando las disposiciones de todos sabidas, y acatadas por la UAdeC.

 Para colmo de vergüenzas, la directora Yazmín Cervantes y su marido, exdirector de esa misma institución, Jesús Montalvo, intentaron hacer, como siempre, su voluntad pretendiendo seguir con la ceremonia de entrega de títulos y diplomas, como si no estuvieran rodeados de policías municipales con órdenes de dispersar el evento. 

Por si fuera poco, se pusieron a alegar que la presencia de la autoridad era violatoria de una mal entendida autonomía universitaria, en la cual no se incluye el hacer caso omiso de las disposiciones de emergencia sanitaria, y para cerrar con broche de oro, Yazmín hizo gala de sus dotes histriónicas, gritando que la habían jaloneado y golpeado.

¡Qué recuerdo se llevan los graduados de la FCA Saltillo de su ceremonia de graduación, escoltados por policías municipales!, ¡qué ejemplo de los directivos de la facultad en la que pasaron cinco años de su vida!, ¡qué opinión se llevan los familiares e invitados de una escuela a la que mandaron a sus hijos para recibir la mejor educación, a un costo nada bajo, dado que en la FCA cobran hasta por respirar!

Hasta aquí las quejas, lo que importa son las alternativas de solución. Este asunto de la graduación clandestina excede lo que la Universidad está en condiciones de pasar por alto, de tolerar a una de sus escuelas marcadamente fuera de la línea institucional.

Con solamente los tres antecedentes mencionados, más los otros que se gusten esgrimir como pruebas adicionales, es suficiente para que la institución opte por el procedimiento de realizar un referéndum para quitar de la dirección a Yazmín Cervantes y el grupo de Montalvo que sigue controlando la Facultad de Ciencias de la Administración.

Antecedentes los hay en la universidad, ninguno tan grave, ni de lejos, como lo ocurrido el sábado pasado, que involucró violación a los ordenamientos estatales y nacionales, en un asunto que pone en riesgo la salud y la vida de cientos y miles de personas, todo por un capricho de la directora, y como se sospecha, donde hay involucrado el cobro que se hizo de varios miles de pesos a cada alumno, dinero que no estaban dispuestos a devolver, de allí la ceremonia en la clandestinidad.

Allí está el problema, grave. Allí está la alternativa de solución, la única existente, pues esta clase de cosas no se puede permitir, ni perdonar, en una institución educativa como la UAdeC.

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