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La vacuna politiquera de AMLO

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas

Impiden a gobernadores federalistas comprar vacunas. Por intrigas, por bajezas, por brujulear, el presidente quiere tenerlo todo en sus manos ¿qué importa que por eso lo que podría hacerse en dos meses se lleve ocho o diez, y que en ese tiempo mueran varias decenas de miles de ciudadanos.

La verdad de las cosas, es que nos urge tener ya en las manos la edición príncipe del Diccionario Analítico y Etimológico Neoliberal Español, del eminente lingüista y filólogo Andrés Manuel López Obrador, pues hay muchas palabras que de plano escapan a nuestro pobre intelecto de mexicanos de la calle. Se siente muy gacho andar por la vida sin un conocimiento firme y sólido de lo que nos están diciendo, es incómodo eso de que se nos queden viendo con cara de tú no estás a la altura de los tiempos, tu incultura, por no decir tu estupidez te impiden beneficiarte y regocijarte del advenimiento de la cuarta transformación, de la que tu falta de luces hace que desperdicies esta oportunidad de una vez en la vida, ¡qué digo una vez en la vida!, en un milenio, en dos milenios, el anterior y el que viene.

De todas las palabras que se intercambian, con las que se bombardean los políticos, hay una que por más que le buscamos el significado, este nos elude cual si de marrano enjabonado se tratara, nos estamos refiriendo al término “politiquería”, y es que el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española y de la todavía más eminente y mucho más democrática Asociación de Academias de la Lengua Española, define politiquería como –no me lo va a creer–: Acción y Efecto de Politiquear… así, sin más, solo una acepción, no las cinco o diez que normalmente el diccionario nos ofrece para otras palabras.

Ya con esa definición tan claridosa y explicativa, la verdad nos dio miedo caer en un universo paralelo, como si nos encontráramos en una caricatura de Mafalda, y que al buscar Politiquear, el eminente Diccionario de la RAE, ese que durante buena parte de su vida trajo entre ceja y ceja el llorado y admirado Nikito Nipongo, nos refiriera a algo tan iluminador como hacer politiquería, pero al final hicimos de tripa chorizo, y buscamos Politiquear.

Nos equivocamos, afortunadamente en nuestro vaticinio, y el Diccionario de la Real Academia nos ofreció esta vez tres acepciones, que transcribimos tal cual, aprovechando las delicias del “copy paste”, que ya no tenemos que teclearlo absolutamente todo: 1. intr. Intervenir o brujulear en política. 2. intr. Tratar de política con superficialidad o ligereza. 3. intr. Am. Hacer política de intrigas y bajezas.

Y bueno, la primera no nos aclara mucho, intervenir en política, de alguna manera todos los que votamos, los que no votamos, y los que nos soplamos todos los comerciales de los candidatos, de los partidos, de la autoridad electoral, estamos interviniendo en política, o más bien, la política nos está pretendiendo intervenir en el cerebro, que para nuestra fortuna chinaca y tercermundista, está forrado de una capa triple de teflón, ya la segunda palabra, brujulear, como que no nos orienta adecuadamente, pues al buscarla (no nos pudimos quedar con las ganas) nos dice que brujulear es ir de un sitio a otro, cambiando de dirección para intentar acertar sin tener una orientación o meta segura, o Hacer gestiones con habilidad para conseguir algo o para situarse bien, de lo primero pues ni que fuera uno político de MORENA, que llegó a ese partido, perdón movimiento luego de sentirse a disgusto en dos o tres o más, y lo segundo allí puede que sí, pues los políticos en lo que andan es consiguiendo algo.

Pero bueno, nos imaginamos que cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador, y todavía sin referirnos a su magna obra del Diccionario Neoliberal, dice politiquería, de lo que habla es de que se trata a la política con superficialidad o ligereza, o más particularmente a la acepción americana, de que es hacer política de intrigas y bajezas.

Y aquí es donde se hace necesario puntualizar un par de cosillas, comenzando con lo de la superficialidad y ligereza, pues el que ha confesado públicamente que para sus conferencias mañaneras, y aún para sus intervenciones en reuniones como la del Grupo de los 20, se planta a ver qué se le ocurre en ese instante… muchos analistas y politólogos han criticado que el actual es un sexenio de ocurrencias, y lo es, donde el presidente lo dice él mismo, así que apegándonos a la definición de la RAE, el primer politiquero en México, por el puesto que ocupa, es López Obrador, nadie más por inseguridad, por vergüenza, por prurito, por responsabilidad, se plantaría “a ver qué me sale”,

Ahora que el presidente de la República dijo en su enésima mañanera que “estoy seguro que la gente tiene más confianza en que nosotros manejemos la aplicación de las vacunas porque siempre hemos actuado con equidad y con justicia a que esté la vacuna en manos de politiqueros, de gente irresponsable”, nos preguntamos si no se habrá mordido la lengua. Primero por decir que está seguro, así nomás, en esta ocasión ni siquiera dijo que sus otros datos los había obtenido de alguna de sus encuestas a modo, segundo la declaración tenía dedicatoria, ni más ni menos que a la Alianza Federalista como conjunto, y a cada uno de los diez gobernadores que la integran, quienes el día anterior a su exabrupto pidieron que se les permitiera la adquisición de vacunas contra el COVID 19 para aplicarlas en sus respectivas entidades federativas, toda vez que no confían en eso que el gobierno de la República llama su estrategia para domar la pandemia.

Y aquí es donde entra la tercera acepción de Politiquear, tomada del diccionario de la Real Academia, no del de López Obrador que ha de estar todavía en prensa: hacer política de intrigas y bajezas… si se  nos permite la contradicción, si algo han hecho los gobernadores, desde antes que pensaran en salirse de la Conferencia Nacional, desde antes de pensar en crear una alianza, es que han dicho las cosas a los cuatro vientos, abiertamente se han reunido y abiertamente han dicho lo que tenían que decir, eso aparte de que cada vez que el presidente cae en sus estados en una de las giras que tanto le encanta hacer, se lo dicen tal cual, en todo caso de quienes se puede hablar de intrigas y bajezas es de los que de parte del gobierno federal han manejado la respuesta oficial a la pandemia, que como es conocido de todo el mundo, literalmente de todo el mundo, México es el peor sitio para sobrellevar la pandemia.

A ver, en un caso como este, era para que la federación aceptara toda la ayuda que se le pueda brindar, y si esa ayuda incluye que diez entidades federativas ofrezcan ellos comprar, pagar, distribuir, aplicar y dar seguimiento a la vacunación de su población, además llevándola en paralelo al esfuerzo central, pues ¡bienvenidos!, ah no, por intrigas, por bajezas, por brujulear, el presidente quiere tenerlo todo en sus manos ¿qué importa que por eso lo que podría hacerse en dos meses se lleve ocho o diez, y que en ese tiempo mueran varias decenas de miles de ciudadanos que pudieron salvarse si se hubiera permitido que los gobiernos estatales le entraran a la labor de vacunación?

Esa es la politiquería del presidente, la mezquindad de quien quiere que el que recibe la vacuna se lo agradezca a él, y por extensión a su partido, a él que tanto la gusta el béisbol, le viene como anillo al dedo eso de que ni picha, ni cacha, ni deja vacunar…

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