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QUE SE HAGAN GARRAS

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

No pues sí, cuando tiene uno ya un pie en el estribo, ¿qué le importa lo que pase o deje de pasar?, ese es el caso de la consejera presidenta del Instituto Electoral de Coahuila Gabriela de León Farías, más ocupada en asfaltar una salida tersa, y bien acolchonada de billetes, que por la organización de los comicios del próximo junio, la parte local que le corresponde.

La última declaración de Gabriela en el sentido de que no, realmente a nadie se podía acusar de actos anticipados de campaña, denota una actitud valegorrista respecto de su responsabilidad, sobre todo si la comparamos con la que solía asumir en procesos electorales anteriores, en los que los aspirantes, precandidatos, candidatos, no podían ni asomar la nariz para decir hola cómo están, porque en ese instante, con demandas y sin demandas, el Cuarto Poder que se considera a sí mismo el Instituto, se les lanzara al pescuezo con el fin de apergollarlos… o asfixiarlos, lo que ocurriera primero, que al fin si se bajaban de la contienda, menos broncas para los consejeros, expertos en sacarle la vuelta a los problemas, sobre todo a aquellos que ellos mismos han creado.

Que no, que ver corazoncitos rojos acompañados de tremebundos mostachos, no es un acto anticipado de campaña a favor del único de los aspirantes que gasta esa pilosa decoración, como no menciona nombres, pues no ha de ser de nadie, o sí, de alguien que tiene que declarar su amor porque no es producción local, porque no habita aquí, porque no puede acreditar cinco años continuos de residencia aquí, y para el caso en ninguna parte, pues es un trashumante de la política, los negocios y los placeres. Eso además que lavarse las manos, es una autorización a partidos, a los precandidatos, a los aspirantes, a hacer lo que su truculenta imaginación les dicte, a fin de jalar votos a sus respectivos molinos, y de pasada, obstaculizar los que pudieran estarse encausando hacia otra opción política u otro candidato declarado.

Quién sabe, o más bien quién iba a pensar que el Instituto Electoral de Coahuila iba a asumir una actitud tan pasiva ante algo que si bien dicen que no es malo, tampoco parece muy bueno que digamos. A lo mejor a Gabriela le caló la regañada con tintes de extrañamiento que le dirigiera el Tribunal Electoral, no el federal, sino el de acá del estado, por la forma tan poco respetuosa que tuvo de dirigirse al mismo. Y es que en el par de ocasiones a los que se refería la amonestación, no fue en privado, sino en eventos públicos, institucionales y oficiales, que ultimadamente su opinión, a la que por lo demás tiene derecho, importa poco, excepto en las circunstancias en las que se puede y se toma de hecho como el posicionamiento de una institución frente a otra, exponiéndola a lo que sea.

Qué papelón el que han protagonizado de un lado el Instituto y del otro el tribunal, que si por los ciudadanos fuera, pueden proceder a deshacerse a dentelladas, pero a lo que no tienen derecho es a lastimar el principio democrático al que se supone que ambos sirven, cada quien desde su trinchera. Con un par de telefonazos la cosa hubiera quedado zanjada, una invitación a comer, ah no, todo tienen que resolverlo por la vía jurisdiccional, dejando precedentes, demostrando que la parte política no les interesa ni a unos ni a otros, pese a que de esa forma minan la confianza que los ciudadanos les pudieran tener, no como personas, no como empleados públicos que son, sino como gente que ningún interés tiene en que la convivencia democrática sea el valor más elevado de la sociedad coahuilense.

Y bueno, luego que se dio a conocer que el Instituto Electoral de Coahuila había firmado contratos para la adquisición de los materiales a utilizar en la jornada electoral, curiosamente al mismo proveedor, pero por tres veces el monto de la licitación anterior, las cosas, lo menos, se tornan sospechosas.

Porque como lo apunta todo aquel que se tomó la molestia de correlacionar la nota con la realidad imperante: la inflación en el país para el año pasado fue de cuando mucho 5%, de ninguna manera un 200% de incremento que planteó el proveedor en su cotización. Que sí, es perfectamente entendible que el contratista se sienta tristón porque va a haber cambios en el IEC, y que a lo mejor el siguiente presidente trae sus propios compromisos de a quienes comprarles, pero eso no justifica que la presidenta actual firme autorizando lo que sea que le pongan enfrente.

Salvo su mejor opinión, lo que se podría decir de la actuación del Instituto Electoral de Coahuila en los últimos  meses, es que es poco edificante, por no decir errática. Se nos ocurren dos situaciones que debieron hacer parar la oreja a quien tenga poder para ponerlos quietos, la primera lo de la reelección consecutiva de los presidentes municipales que habían sido electos también en la minielección organizada supuestamente para empatar calendarios. Quien les dio alas a los alcaldes de que podían aspirar a un tercer período fue el propio instituto, si desde el principio, hace cuatro años hubieran zanjado la cosa de que no se podía, a nadie se le hubiera calentado la cabeza, pero ya en estos tiempos, si de entrada hubiera fijado una opinión coherente, no habría provocado el desgaste emocional a las personas involucradas, no hubiera complicado innecesariamente los procesos de selección de los partidos políticos, no hubiera tenido en ascuas a la población en general, con tanto vaivén como el que se permitió el Instituto, que hasta convocó instituciones externas y extranjeras a opinar sobre algo que es de estricta competencia de la autoridad electoral local, y por supuesto de la cadenita que la ley electoral permite para ir examinando y reexaminando los casos de forma tal, que nunca nadie sabe dónde quedó la bolita. ¿Cuánto costó eso en abogados, en expectativas, en proyectos?, imposible de cuantificar, suponiendo que a alguien le importe.

El otro caso es parecido. El Instituto Electoral tuvo que conocer, de preferencia apoyar a resolver los conflictos internos de MORENA, que han llevado a este partido a una debacle de la que no ha podido salir todavía con vistas a la elección del mes de junio. No es que se metieran a la pelea de lodo de las dos, tres o más dirigencias que tiene la sucursal coahuilense del partido del presidente, pero sí algo de supervisión, de orientación, de reconvención debió haber habido.

Y bueno, el tiempo avanza y la elección está en puerta. Ánimas que los candidatos y los partidos lleguen con ganas de portarse a la altura, porque lo que es el IEC y su presidenta, están muy ocupados en cualquier otra cosa para entenderse de algo tan pedestre como que no se terminen de hacer garras unos con otros.

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