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Parras, la ruta del dinero de MORENA

BAILE Y COCHINO

  • El que parte y reparte, y Ramiro se queda con la mejor parte.-

Por Horacio Cárdenas.-

A veces se pregunta la gente ¿bueno, qué atractivo puede tener ser presidente municipal de un municipio pequeño?, el presupuesto que se da a conocer es tan raquítico al público, que apenas alcanzará para lo mínimo, si es qué, o a lo mejor ni eso. Gobernar un pueblo, sus comunidades rurales y ejidos, más que un beneficio personal lo que acarrea es desgaste físico ante la magnitud de los problemas que se tienen, y ante los que el dinero en caja, siempre resulta poco. En vez de ganar amigos, se hace uno de cantidad de enemistades, el poco prestigio personal que tenía, se lo lleva el viento ante la mala fama que los enemigos que surgen como hongos, se encargan de crear y difundir. A menos que tenga uno cierta espinita masoquista, que le guste sufrir, o por el contrario, una vena sádica, que capitalice para hacer sufrir a la gente que gobierna al máximo, es de veras poco explicable tanta pasión que le ponen a la búsqueda, y peor, a la conservación del poder, aun en las municipalidades más pequeñas del país.

Ah, pero es que una cosa es lo que se informa y otra lo que es en realidad, a lo mejor lo que se circula es para descorazonar a los potenciales competidores, después de todo, el poder público y la administración pública pueden ser vistas como cualquier negocio, y todos hemos escuchado a prósperos empresarios, a la hora que les pregunta uno ¿cómo va el negocio?, se sueltan a decir que puras pérdidas, que solo tienen broncas, que ya lo van a dejar, y es que… ya parece que si dicen que les está yendo a todo mecate, todo el mundo que los oiga va a querer entrarle al mismo negocio, echándoselos a perder. Si no nos equivocamos, hasta Winston Churchill dijo alguna ocasión que los negocios solo son buenos mientras usted sea el único que sepa que lo son, ya después, terminan por no ser buenos para nadie.

Pues así pasa con el gobierno en México, los gobernantes en nuestro país se la viven lloriqueando de lo difícil que son sus gobernados, de lo peligroso de su función, de que no quedan bien con nadie. Y desde lo alto del poder se deja escuchar aquella definición atribuida a Adolfo Ruiz Cortines, de que la política en México es comer sapos y culebras… a lo que alguien agregó con no poca sorna: y pedir que les sirvan más, por algo será.
Con los problemas que ha tenido desde que inició su gestión Ramiro Pérez Arciniega como presidente municipal de Parras de la Fuente, era para que ya se hubiera arrepentido de haber buscado el hueso durante tantos años. Otro más sensato, o más honrado, ya hubiera tirado el arpa, no es el caso de Ramiro, para quien su paso por la alcaldía significó dejar de ser pobre, de preferencia para siempre, dándose la vida de disipación a la que se ha vuelto tan afecto.

De esas cosas que la gente no nos damos cuenta, está lo que en la jerga del poder se llama “bajar recursos”, que suena como si el dinero estuviera flotando en el aire y solo se necesitara estirar la mano para hacerse de ellos. Si todo fuera tan fácil, allí vería uno a los políticos de todos los municipios y de todos los partidos, con las manos estiradas a ver qué pepenan, pero no, porque en esto como en todo, a algunos les llueve en su milpita, mientras que a otros lo que les cae es una tormenta pero de arena para acabar de enterrar lo poco que hubieran podido estar haciendo en su municipio.

Sucede que allí donde lo ve, hay lo que los químicos y también los intelectuales llaman vasos comunicantes, en este caso, vinculan al estrato más bajo de la estructura de poder, a saber los municipios, con la más alta, el poder federal. Brincándose a los estados, los ayuntamientos pueden solicitar recursos de dependencias federales, mismas que como no es demasiado difícil de imaginar, tienen preferencia, o tienen instrucciones superiores de favorecer a aquellos municipios gobernados por el mismo partido que tiene el presidente de la república, su jefe y patrón, y es allí donde el ser alcalde de un municipio pequeño comienza a ser atractivo, muy por encima de lo que trae el cheque de la quincena.

Si a usted le da la impresión que Parras, la cabecera municipal, el pueblo mágico está abandonado, sucio, decrépito, imagínese cómo estará la cosa en los ejidos, rancherías y demás asentamientos rurales, es de plano como si la gente viviera en el siglo XIX, o más para atrás todavía. Porque la cabecera, su avenida de acceso, mal que bien son atractivos turísticos que el gobierno entiende que hay que mantener para que sigan llegando los visitantes, ¿pero allá para la sierra?, allá donde no va nadie ¿para qué meterle dinero a eso?, solo en época de campañas y para conseguir votos, fuera de eso, nada.

Pues bien, para esos sitios abandonados, también existen recursos económicos en las bolsas que manejan las dependencias federales, recursos a los que pueden acceder los alcaldes, sobre todo los que llegaron al poder con el mismo sello de MORENA que el presidente López Obrador. ¿Cómo funciona la cosa?, eso es complicado se seguir, toda vez que la burocracia siempre ha sido enredosa, pero ninguna como la morenista, que se pinta sola para, en apariencia, solo exista una representación en cada estado del conjunto de la administración pública federal, concentrada en las manos de los mentados superdelegados, pero en la práctica mucho de la anterior estructura de gobierno sigue existiendo, aunque sin poder, sin capacidad de decisión ni de gestión, si acaso le sirven al actual régimen es para juntarle los papeles que les llevan, para que rigurosamente los ignoren. Nada que ver con lo que pasa con los alcaldes de MORENA, entre ellos el de Parras, que esa clase de cosas las arreglan en los conciliábulos que tienen con el poder real, el influyente, pasando por alto y brincándose lo que les estorbe.

Es así que el ayuntamiento de Parras ha estado bajando recursos de la federación, concretamente de la Comisión Nacional Forestal, la cual estaría financiando apoyos mediante el mecanismo de peso por peso, ya sabe, de la cantidad que se decida aportar, la mitad le corresponde al municipio y la otra a la federación, y con la pura firma comienza a fluir el dinero… sí, pero no fluye hasta donde se supone que tiene que hacerlo, comenzando con que de parte del municipio le falta presión, le falta pendiente para que ruede, en el caso de Parras, el ayuntamiento se hace rosca con la entrega del 50% del dinero que le corresponde, y del otro 50% que llega del centro, lo hace perdidizo, retrasa la entrega, o lo destina a cualquier otro sitio, a cualquier otro programa, que al fin allá en el ejido, ni quien supiera que les habían autorizado dinero a ellos. ¿Cuándo dinero se ha perdido así?, difícil de saber, quizá la Auditoría Superior de la Federación tenga el dato… dentro de dos años, que entregue revisadas las cuentas, y ya para entonces quién sabe que haya pasado con Parras y con el alcalde que haya dejado de serlo. Por lo pronto sepamos que, dinero hay y sigue llegando, pero solo un muy selecto grupito sabe para donde se va, pero sí que tiene un fuerte olor a MORENA.

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