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Los gritos de la 4T no apagan incendios

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Dos ejemplos, dos, de la manera en la que la federación se ha venido moviendo durante el primer tercio de un sexenio desesperante, lo encontramos en dos asuntos que por esas cosas de la republicana forma de gobernarse que tiene México, son responsabilidad de la instancia federal: la atención al incendio en la Sierra de Arteaga, uno de los más fuertes en esta zona durante las últimas tres décadas, y bueno el otro, que se ha convertido desde hace ya más de un año en el pan de cada día de los mexicanos: la atención a la pandemia de COVID 19, que por estos días está por cobrar su víctima número 200 mil según las cuentas oficiales, y la medio millón, según estimaciones de científicos y estadísticos que no cobran en la nómina de merolicos ni aduladores de la cuarta transformación.

Por esas desgracias de la vida, de un asunto puede uno aprender respecto del otro. Lo mejor de un incendio forestal, es, que no le quepa duda a nadie, que no ocurra. Lo malo es que la naturaleza es y siempre será la naturaleza, y ante la ausencia de pequeños incendios durante varios años, la materia orgánica inflamable tiende a multiplicarse, lo que ocasiona que cuando finalmente sucede una conflagración… esta no solo consume lo que se había acumulado desde la última quemazón, sino que la intensidad del calor provoca que se queme hasta lo que todavía estaba verde o tierno. Claro, se pueden tomar toda clase de medidas de precaución. Idealmente para que no ocurra ningún incendio, al menos de los provocados por los seres humanos que suelen ser los más dañinos y los que más nos duelen porque van directamente asociados a la estupidez e irresponsabilidad de nuestra especie, pero también los que ocurren por tormentas eléctricas, que sería muy aventurado decir que se pueden evitar, pero si se toman acciones como el trazado de guardarrayas, o la remoción de maleza baja, pues la propagación se puede retardar, limitar o contener.

A lo que parece, con el enésimo incendio de Arteaga, nada de esto se hizo, y si se hizo no funcionó, porque el incendio corrió como fuego en la pradera… mala analogía, porque en el bosque corrió y voló peor. Entonces, ya que no se pudo evitar el incendio, lo que procede es apagarlo, ya no echando más carne al asador, sino aplicando todos los recursos disponibles, más los que se puedan conseguir, para luchar contra uno de los peores enemigos del género humano cuando se sale de madre, el temible fuego.

A grandes rasgos esa es la teoría, ¿y cómo andamos de práctica?, vergonzosamente mal, la federación ha brillado por su ausencia, por su nulo interés, por no enviar ninguna ayuda extraordinaria para combatir la conflagración, ah pero eso sí, a la hora de ir a tomarse la foto, allí se aparece en toda su falsa elegancia el superdelegado de la administración pública federal Reyes Flores Hurtado, para según él ponerse a la cabeza de las acciones, ¿pues cuanto personal envió la Federación de las secretarías de agricultura, de la reforma agraria, de la de medio ambiente, de la de bienestar?, ah sí, está el personal del Ejército Mexicano en todo su heroísmo, pero es que ellos siempre están, entre los primeros en llegar y en entrar en acción, no necesitan una orden de algún burócrata para hacer lo que saben de siempre que es su trabajo.

Ah que tiempos aquellos señor don Simón, todavía nos acordamos de años, de sexenios, en los que desde el mes de febrero o marzo llegaban helicópteros y aviones cisterna de Estados Unidos y Canadá, contratados en previsión de lo que pudiera ocurrir, por parte de la CONAFOR u otra dependencia federal, en el momento en que se daba la primera alarma, comenzaban los vuelos. Todavía la gente recuerda un año en el que trajeron un avión que hacía la impresionante acrobacia de ir a cargar agua a la presa de La Boca, elevándose para ir a descargar toneladas de agua sobre las llamas, en una maniobra peligrosa, pero en la que eran expertos los pilotos de aquel hidroavión. ¿Hoy?, los helicópteros que ve uno volando tienen una capacidad mínima, pero son los únicos con los que cuentan los gobiernos estatales, que tampoco disponen de dinero para la renta de algo más sofisticado o de mayor tonelaje, desgraciadamente.

Difícil de calcular, pero si se hubiera tenido el apoyo, los recursos de antes, el incendio se hubiera podido contener en tantas hectáreas de bosque quemadas menos, en tantos días menos de incendio activo. Ahora, si llevamos la enseñanza al terreno de las vacunas… si el gobierno mexicano hubiera tenido una actitud proactiva, “en efe y por adela”, para entendernos mejor, en efectivo y por adelantado, no andaríamos causando lástimas, mendigando al gobierno de los Estados Unidos que no sea malito, que se moche con unos milloncitos de vacunas, de las que no usen, de las que les sobren, no regaladas, no, que todavía tenemos cierto orgullo medio magullado, prestadas… luego se las regresamos nosotros en vacunas chinas, rusas, o de las que se supone que va a hacer la Universidad Autónoma de Querétaro, nomás haga las pruebas y se le autorice fabricarlas, y encuentre quien se las fabrique, las venda, las distribuya… o sea ya cuando el virus se haya muerto solo, o haya mutado tanto que no sirvan para nada.

No solo en Coahuila, en todos lados se ha criticado la estrategia, dizque estrategia del gobierno federal de comenzar la vacunación por los municipios con menos población… según dijeron por lo abandonado que están allá los adultos mayores. Mentiras, comenzaron allá, donde hay menos contagios, porque no había y sigue sin haber vacunas suficientes para atacar a la población de los grandes núcleos urbanos. Puesto en su justa dimensión los 2.5 millones de vacunas por los cuales nos tendimos, una vez más, ante el gobierno de los Estados Unidos, dividido entre dos dosis, alcanzaría para un millón 250 mil personas, con trabajos se cubriría la demanda de un solo estado, el de Coahuila nomás para ejemplificar, y eso porque somos uno de los menos poblados del país.

Si México hubiera apoyado el desarrollo de vacunas propias, si hubiera destinado el dinero para la compra de las vacunas con las empresas fabricantes, si hubiera depositado los anticipos, pagado por adelantado, trámites comerciales que no tienen nada de extraordinario, quizá tuviéramos las vacunas en cantidad suficiente, o por lo menos los primeros lotes, no es el estilo.

El estilo de la 4T es pegar de gritos esperando que les hagan caso y se doblen a sus cacayacas. Pero los gritos ni apagan incendios ni consiguen vacunas, está más que demostrado que al rato tienen que doblarse y se doblan, con lo de las vacunas, porque para lo que les interesa, con lo de los incendios… podría incendiárseles todo el país, y ellos no moverían sus pies de plomo.

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