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Sembrando despensas

BAILE Y COCHINO

Por: Horacio Cárdenas.-

¿Cuánto cuesta una despensa, de esas que vienen empacadas en una caja más o menos de treinta por treinta centímetros?, depende de lo que contenga claro. Pero en los supermercados cuando llega la época en que organizaciones civiles solicitan en donación despensas para llevarlas a zonas marginadas y población con mayor grado de necesidad, la venden en cien pesos, bueno noventa y nueve, ya ve como son los mercadólogos para convencer al ciudadano en modo comprador, de que está comprando barato, que está obteniendo lo más posible a cambio de su dinero, que siempre importa cuidarlo, pero sobre todo cuando anda uno de generoso, porque le nace o a fuerzas.

Desde luego que se pueden conseguir despensas más económicas, hablando de uno como consumidor de un producto unitario, y ni que decir cuando la compra se hace por volumen, allí sí que hay un ahorro sustancial para el comprador. ¿pero quien o quiénes se benefician de esta clase de arreglo económico?, pues normalmente son las organizaciones de la sociedad civil, dependencias de gobierno, empresas cuando les tocan su vena de responsabilidad social o quieren bajarle al pago de impuestos, y de manera preponderante, aunque los hayamos dejado hasta el final, los partidos políticos. Estas organizaciones de índole política, se encuentran entre los primeros compradores de despensas, aunque como con los festejos del día de la madre, del niño, del amor, también tiene su temporada, y esta corresponde con las campañas políticas.

En efecto, desde que el Partido Revolucionario Institucional era el Partido Revolucionario Institucional, o sea, casi casi la oficina de elecciones del gobierno, o como lo bautizara el célebre caricaturista Rius, “el partido aplanadora”, que dejaba al resto de las fuerzas políticas y a los candidatos que estas se atrevieran a postular, planchados en el pavimento, las despensas se convirtieron en una, por llamarle de alguna manera, moneda de cambio. Una manera de intercambiar votos por algo concreto, una despensa conteniendo productos de primera necesidad, a saber: harina, arroz, aceite, azúcar, pastas, a veces jabón y alguna otra cosilla, que cumpliera dos objetivos básicos: rellenar bien, bien la caja, pesando bastante, y no costar mucho por unidad ni por bulto.

Durante años, durante sexenios y décadas, la gente supuestamente vendió su sufragio a favor de los candidatos del PRI a cambio de la susodicha despensa. Visto el costo de inversión en despensas, comparado con los beneficios que lograba el candidato en lo personal y el partido político como conjunto, pues estaría más que justificado, por más que… ¿y cómo se hace para comprobar ese gasto ante las autoridades electorales que expresamente prohíben la práctica de algo conocido como compra del voto?, que tampoco nos hagamos, siempre hay manera de sacarle la vuelta a la legislación electoral, que en apariencia está redactada precisamente para poder hacer eso.

Pero la realidad de las cosas es que la compra de votos no ocurre con una triste despensa de cien pesos, o más bien, no ocurre solamente con eso, ya que para ello está lo que eufemísticamente han denominado la política social de los gobiernos. Recordamos uno de los programas más exitosos de asistencia social, curiosamente a cargo de gobiernos priístas, nos referimos a los que en su momento se llamaron con un cierto grado de ingenio pegajosamente político, tortibonos, y también al de nutrileche. Mediante estos tortibonos una familia inscrita en el padrón de beneficiarios, tenía derecho a recibir un cierto número de kilogramos de tortilla a la semana, a veces por día, lo mismo con la leche, había instalados expendios en las zonas marginadas, frente a los que se formaban larguísimas filas desde la madrugada, pero pese a la incomodidad, las inclemencias del clima y la desmañanada, la gente se iba contenta con su leche, con sus kilos de tortillas, y por extensión con el régimen político que generosamente les garantizaba que al menos ese día y el siguiente, no se murieran de hambre ni tuvieran que recurrir a vender esto, robar aquello, asaltar al de más allá. Lo de la despensa, cuando llegaba, era bienvenido ¿y cómo no iba a serlo?, pero no era lo de rigor.

Ya luego se refinó la cosa, después de todo estamos hablando de los años ochenta del siglo pasado, y los programas sociales adquirieron un carácter asistencial más sólido, a las personas inscritas en el padrón se les hacía entrega de alguna cantidad de dinero fuera para educación de los hijos, para sembrar, para algún trabajo que nadie comprobaba que se hiciera, lo importante era la asignación periódica de dinero, que luego cuando se evaluaron esos programas con el CONEVAL y otros modelos anteriores, se pudo comprobar que no sacaban a nadie de pobre, que no cambiaban la forma de vida de nadie, no repercutían en los indicadores de bienestar, con lo que la conclusión es que tenían, tienen y tendrán un objetivo político, más específicamente, político electoral.

Ya con todo este antecedente llegamos al caso Múzquiz, donde Tania Vanessa Flores Guerra, candidata a la presidencia municipal de aquel municipio por el partido que no es partido, el Movimiento de Regeneración Nacional, ha sido señalada por la comisión de un presunto delito electoral, en la forma de entrega de despensas para la compra de votos. Los hechos han sido reseñados con pelos y señales por El Demócrata y otros medios de comunicación, en síntesis en un predio llamado Quinta Don Tomás se encontró un tráiler con un número importante de despensas, entre mil y dos mil, las cuales se estaban entregando a simpatizantes de MORENA, quienes el día en que se presentó la autoridad a tomar conocimiento del caso, superaban el medio millar, que para pronto se le fueron encima a la fuerza pública, no quedando claro si fue por incitación de quienes habían organizado el reparto, o por su propia iniciativa, viendo que peligraba que les entregaran la famosa despensa.

Por supuesto la candidata de MORENA ha dicho que no es cierto, que se trata de un montaje en su contra, literalmente que le sembraron las tantas más cuantas despensas para perjudicar su carrera ganadora por la presidencia municipal de Múzquiz… eso es lo que se conoce como el ejercicio del derecho de pataleo, y obvio que iba y seguirá negando su involucramiento en el delito, que en nuestra opinión cae por su propio peso, tan sencillo como que… ¿Quién pone un cuatro de (dos mil por cien pesos) doscientos mil pesos, más el flete, más el riesgo de que les decomisen el tráiler, solo por perjudicar las posibilidades reales o imaginarias de Tania Vanessa?, como que no se sostiene. A lo mejor se prueba su culpabilidad, y a como está la ley electoral, recuerde lo de Salazar, lo de Morón y lo del Torón, capaz que termina con su osamenta en la cárcel, o de perdida le tumban la candidatura o el triunfo si lo llegara a obtener. O a lo mejor logra probar su inocencia, o embarrar a quien cargue con el muerto, cualquier cosa puede pasar. Pero entienda ella, y MORENA y sus progenitores en el PRI, la gente ya no vende el voto, de hecho no lo ha hecho nunca, lo que no quita que agarre lo que le regalen, así que pueden mejor ahorrarse su lanita, puede que les haga falta para pagar abogados u otra contingencia por el estilo.

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