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CANDIDATOS INTERCAMBIABLES

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Comentaba Carlos Ramírez, en aquella famosísima columna suya Indicador Político, una anécdota que a lo mejor no ocurrió nunca, o quizá por el contrario, sucedió en una centena de lugares en nuestro país, donde las cosas de la política, por más bizarras que puedan parecer, se dan por vía de hecho. La cosa estuvo así: era tiempo de elecciones, y por un poblado equis se fue a plantar un político de esos a la antigüita, desfachatado, de gran labia, sin ninguna vergüenza, quien se dirigió a un grupo de ciudadanos que “el partido”, cuando solo había un partido que importara, le había reunido en la plaza. Allí el político les expresó su deseo de ser diputado federal, para lo cual les solicitaba su voto. La gente medio amoscada y con muchos años de experiencia en eso de ver ir y venir políticos que luego no hacían nada por el pueblo, increpó al fulano este: oiga, pero usted ni es de aquí, ni lo conocemos, lo más seguro es que de salir electo, no se va a volver a parar por aquí nunca.

El político éste, sin amilanarse en lo más mínimo, se dirigió al que lo cuestionaba y a toda la audiencia, mire mi amigo, precisamente en eso radica mi propuesta política: ustedes voten por mí, y tengan la plena seguridad de que no me van a volver a ver, ni los voy a venir a molestar, ni van a saber nada de mí. El rollo les resultó tan convincente que la gente votó por él, y el ahora diputado federal les cumplió a cabalidad: jamás puso un pie en su distrito, ni volvieron a saber nada de él.

La anécdota es eso, algo que pudo o no pasar como lo platicaba Carlos Ramírez, pero tenga por seguro que miles de candidatos a alcaldes, diputados locales, senadores, gobernadores y hasta presidentes de la República, caen en este esquema, excepción hecha de la parte cínica, porque los políticos, antes del PRI y ahora de todos los partidos, se deshacen en promesas que inmediatamente olvidan, y que ninguna intención tienen de cumplir, lo de regresar al sitio, establecer como se hace ahora una “casa de gestión”, son novedad, pero en esencia no ven por la gente que los eligió, ni se paran por allí para otra cosa que buscar nuevamente el voto para alguna otra aventura política.

El cuento viene a colación porque el actual proceso electoral es uno que como dicen los políticos de ahora, es histórico… aunque sea por la cantidad de grillos que han comenzado queriendo ser electos para algo, y disculpe el coloquialismo “¡vóitelas!”, que les tumban la candidatura. Los casos más relevantes han sido, a nivel nacional el de Raúl Morón y el de Félix Salgado Macedonio, respectivamente candidatos a gobernador de Michoacán y Guerrero por el partido Movimiento de Regeneración Nacional, pero igual hubo unos sesenta adicionales que por las mismas o por distintas razones, fueron bajados de la contienda por el Instituto Nacional Electoral primero, y por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, después, pues ya ve que en este país nadie se conforma con lo que le dice una instancia menor, tiene que llevar su caso hasta las más elevadas autoridades, que en la mayoría de los casos respalda la primera decisión, y solo en muy pocas las llega a revocar.

A lo mejor nos quedamos cortos con lo de sesenta, tan solo acá en el Estado de Coahuila han sido un buen de casos, entre los que ya estaban ungidos, como los casos de Lenin Pérez, de Emilio de Hoyos, el de Luis Fernando Salazar, pero también echaron para atrás precandidaturas como la de Miroslava Sánchez o la de José Ángel Pérez, y varios casos menores de propuestos para síndicos o regidores. En un estado con pocos municipios, y menos distritos electorales se da una docena o más de casos, ¿qué será de estados poblados y extensos?

La cosa es que, como nunca antes, la autoridad electoral ha estado pendiente de que los candidatos cumplan los requisitos que se les exigen a quienes quieran gobernar: que si los reportes de gastos de precampaña, que si no haya violencia de género, que los partidos cumplan con la cuota de género, ah y espérese, que todavía no se ha comenzado a hablar de los gastos ya en campaña, donde nos imaginamos que más de un candidato que resultó ganador, se va a caer, y a como han estado las cosas, le van a quitar el triunfo, por no hablar de los que se hayan excedido y hayan perdido, a ellos nadie les va a quitar las multotas.

Pero lo que nos interesa resaltar aquí es cómo aspiraciones de individuos que querían ejercer un cargo público son destruidas por la burocracia electoral, que tampoco es que actúe mal, lo suyo es cumplir la ley y hacer que los demás la cumplan también, literalmente, ellos se tumban solos. Pero luego está la cuestión de cómo un candidato es sustituido por otro, que igual ni aparece en las boletas por el simple hecho de que estas ya se habían enviado a impresión, y no registraron el cambio. Así habrá nombres de candidatos que no lo son, y candidatos que no aparecerán en la boleta, con lo que la gente no sabrá ni por quien está votando, regresándonos a aquella época en la que la gente, sobre todo los analfabetos, votaba por los colores de un partido, no por su nombre, no por su candidato.

Por si no fueran suficientemente complicadas las cosas, en los últimos días se han comenzado a presentar no pocos casos de candidatos que, sintiéndose perdedores, declinan, y los pocos votos que pensaban obtener, se los ofrecen en bandeja a un candidato que gentilmente los acepta, a cambio de, a lo mejor, concederles una posición menor en su administración. En Saltillo, en Piedras Negras, por todos lados hay candidatos rindiéndose, son aquellos que no aparecen en las encuestas de intención al voto con ninguna cantidad digna de mencionarse, ya no digamos que estén en la pelea.

En algunos municipios había hasta diez candidatos de diez partidos distintos, había sus correspondientes planillas de síndicos y regidores, total un montón de gente, que de plano no aguantó los largos días de campaña. ¿Cómo hará la gente para votar por un partido que se quedó sin candidata o candidato?, ¿a quién le contabilizarán esos sufragios?, ¿serán suficientes para que el partido conserve el registro, o ni eso?

Si algo nos ha enseñado esta elección, es que quienes anden en campaña, quienes sean candidatos, quienes pierdan y quienes ganen, es de lo más irrelevante, los políticos suben, otros bajan, y la vida sigue, con o sin ellos, la vida sigue, todo el ruido que hacen termina en prácticamente nada, como no sea la sordera de la población que los ve venir e irse, cuando menos el grillo de la anécdota tuvo la gracia de prometer que no volvería.

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