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La típica buena y la típica mala

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Oscar Pimentel. La buena y la mala.

En la estructura de la administración del Ayuntamiento de Saltillo existe la previsión para la existencia de un Instituto Municipal de Planeación. Ninguna novedad hasta allí, desde la época en la que Miguel de la Madrid Hurtado era presidente, se dio un gran impulso a la planeación como estrategia para el mejor funcionamiento de las entidades gubernamentales de todos los niveles, incluso algunos municipios medianos y hasta pequeños, cuentan con una oficina de planeación, con nivel de dirección o subdirección, a veces adscrita directamente a la cabeza, y en otras más lejos en el organigrama, que como sabemos, suele llenarse de burocracia, más para colocar buenos cuates, algunos compromisos políticos, por supuesto para cubrir el expediente, más que a que se atiendan las funciones de la entidad de la que se quiere planear el trabajo, y yendo un poco más allá, tratándose de los institutos municipales de planeación, perfilar hacia dónde, física y retóricamente, quiere llevarse al municipio, a su gente, sus actividades productivas, su forma de vida.

Por alguna razón de orden político, el instituto municipal de Saltillo recae en la persona de Oscar Pimentel González, quien hace algunas décadas, todavía en el sexenio en que fue gobernador Rogelio Montemayor Seguy, se desempeñó como presidente municipal de la capital de Coahuila. Luego de andar por aquí y por allá en distintas dependencias federales, a veces con buen nivel, y otras no tanto, el presidente municipal decidió que fuera Pimentel quien se hiciera cargo del instituto, vaya usted a saber si con ganas de que realmente contribuyera a las labores de la administración municipal, o nomás por que tuviera un salario, más que decoroso, que cobrar.

El caso es que Pimentel, quien lo mismo anduvo en Gobernación que en CONAGUA, se conformó con una posición más bien de staff que operativa en el organigrama del ayuntamiento, porque por mucho que quiera dársele importancia, el de planeación no será nunca el instituto del transporte, ni otros que suenan menos rimbombantes pero manejan más gente, más presupuesto y en suma, tienen más poder.

El caso es que Oscar Pimentel salió el otro día a ofrecer las típicas dos noticias, la buena y la mala. O más bien, como político de la vieja escuela que es, él nomás habló de la buena, y a nosotros nos toca escarbar para encontrar la mala, que no es otra cosa que darnos cuenta y decir a los cuatro vientos que no, aquello que se nos platicó como la gran cosa, no lo es tanto.

Dijo Oscar que el municipio de Saltillo tiene listos nada más y nada menos que 330 millones de pesos, recursos provenientes del Impuesto sobre Nóminas, los cuales se podrían aplicar en uno de los grandes pendientes que tiene la ciudad, el tema de las inundaciones que se suceden en la zona norte, cada vez que llueve más o menos fuerte.

En la entrevista, el que fuera alcalde de Saltillo dijo que “Los tres órdenes de gobierno desarrollan un plan para solucionar el problema que tiene ya 15 años sin resolver”, el cual ya llegó incluso a oídos del presidente de la República Andrés Manuel López Obrador en voz de los afectados, vecinos de aquellos fraccionamientos que les vendieron como la sucursal elegante del cielo, y que resultó que se encharcan ¿encharcan?, se aniegan, no tanto como Tula, cuando se desbordó en días pasados el río, pero si de manera bastante respetable, al grado que toda la zona queda incomunicada, sus habitantes atrapados en sus domicilios y ni manera de llegar para auxiliarlos.

Allí donde lo ve, lo de las inundaciones saltilleras ya mereció ser tocado como tema en una de las conferencias presidenciales mañaneras, primer foro político del país, que aunque pierda relevancia porque allí se ventila todo, sale Benito Bodoque, se tocan y cantan canciones, pero bueno, allí salió alguna vez, y no tardará en retomarse… el mal día que vuelva a llover como lo hemos visto, y recordemos que este 2021 ha sido especial para los huracanes.

Entonces, Pimentel habló de 330 millones de pesos para obras ¿qué obras?, pues aquellas que desfoguen el agua de lluvia cuando caiga, se han presentado, uno, dos, varios proyectos, cada uno con sus ventajas y desventajas… económicas para los involucrados, y es que por la cabeza de nadie pasa el hecho de que el agua no solo busca su nivel, también encuentra su cauce, así lo hayan taponado, rellenado, fraccionado, vendido, invadido, mal escriturado, y lo demás, con algunas propuestas pierden unos, con otras pierden otros. De esos 330 millones que confiamos estén depositados allí donde ganen buenos intereses durante el tiempo en el que están inactivos, 200 millones se encuentran bajo el esquema de Proyecto Público Privado, y los otros 130 millones fueron autorizados (sin aclarar por quien o quienes, pero nos queremos imaginar que por el congreso de la unión, el congreso del estado, el comité del ISN, quien corresponda, pues) como parte del presupuesto de egresos del municipio de Saltillo para el año 2021.

¿A poco no se siente uno bien? ¿a poco no se tranquiliza uno, hasta recupera la confianza de que las cosas se van haciendo?, si hasta Pimentel, quien algo de culpa, responsabilidad o mano debió tener en el asunto cuando fue alcalde, si bien todavía años antes de los que él menciona, quince, en que ya la idílica forma de vida que esperaban tener todos aquellos que compraron predios o viviendas por aquellos rumbos se había convertido en pesadilla inacabable. Porque 15 años son cinco administraciones de tres años, menos las de cuatro años más los interinatos, pero han sido varios los que pasaron por la oficina principal del palacio municipal, y no dieron un barretazo para que el agua o la solución fluyeran.

Total que Pimentel gozó de sus quince minutos de fama entre los saltillenses del norte, bueno, quince minutos adicionales a los que ya lleva como todo lo que ha sido a lo largo de su carrera política, y en la foto se veía muy contento. Lástima que nos toque a nosotros echárselo a perder…

Y es que, qué bueno que haya 330 millones, que no son poco dinero, qué bien que sea dinero etiquetado, lo que quiere decir que no se lo pueden tronar en cualquier otra cosa ni más importante ni menos importante, donde se atora la cosa es en… ¿ya vio el calendario?, estamos tecleando estas líneas en la segunda semana de septiembre, para más señas, el noveno mes del año, y si Oscar nos dice, porque lo dijo, que se aprobaron como parte del presupuesto del 2021, ¿por qué no están trabajando en esas obras?

O bueno, marrullero como no puede dejar de serlo, Pimentel dice que sí se está laborando en la primera etapa, la del sistema pluvial Eulalio Gutiérrez, pero que lo está llevando a cabo el gobierno del estado, sin decir si es con cargo a los 330 millones o por fuera de estos. Todavía lo enreda más al echarle a la Comisión Nacional del Agua la pelotita de que tienen que validar el proyecto técnico definitivo, para entonces “liberar los terrenos por donde pasará el canal, licitar la obra e iniciar la ejecución”… lo que en buen cristiano burocrático quiere decir que en este año ya la obra no se hizo. Y si no se hizo, alguien puede decir que etiquetas o no etiquetas, el dinero va de regreso, capital e intereses, porque si a algo es alérgico el gobierno, los tres órdenes que dice Oscar, es que el dinero esté allí nomás durmiendo. Se lo van a llevar, y luego para conseguirlo otra vez… va a estar del cocol.

Que además, sin proyecto definitivo, no tienen ni idea de cuánto pueda costar finalmente la solución al problema de las inundaciones, podría costar menos… o podría irse al cielo, requiriendo mucho más que los tales 330 millones, que se usarían hasta donde llegue, terminando en el clásico tapón donde el agua se rebose.

Así es como se planea en el INPLAN, al menos a ellos no les toca hacer la obra, si es que algún día se hace la obra, mientras, siga con sus plásticos a mano para cuando se ofrezca, una y otra y otra vez, que por planeación no paramos.

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