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Rectificando los chorros… pero de errores

BAILE Y COCHINO

Por: Horacio Cárdenas.-

El fin de semana ocurrió el enésimo accidente fatal en el tramo conocido como Los Chorros, sobre la carretera federal México Piedras Negras, a la altura del municipio de Arteaga. El saldo inicial, cinco personas fallecidas, otras cinco heridas gravemente, y otras diez con daños menores. 

A diferencia de otros accidentes, este tuvo lo suyo de aparatoso, si no por otra cosa, por el número de vehículos participantes. La trama es repetición de otras veinte, cincuenta o cien, de esas que invitan a los reporteros de guardia de domingo, a hacer asado de conejo sin conejo, a nada más actualizar el machote de la nota ya redactada hace décadas, pero con los datos nuevos: un tráiler que se queda sin frenos, y se va de lleno sobre una fila de carros y camionetas que estaba detenida, precisamente esperando que les dieran el paso, pues había otro accidente adelante.

De esas cosas horrendas, que van en contra de la estadística que dice que en el noventa y tantos por ciento de los casos, un accidente de tránsito pudo haber sido evitado si los conductores involucrados hubieran maniobrado como debían, si no hubiera excedido el límite de velocidad, no hubieran tenido sus reacciones disminuidas por cansancio, alcohol u otro agente, en el accidente del domingo las víctimas no pudieron hacer nada, si acaso hubieran pensado que estaban en riesgo por estar sobre la cinta asfáltica detenidos, hubieran podido bajarse, pero de poco hubiera servido, pues no había sitio donde ponerse a resguardo de lo que finalmente les vino encima, con la mole de treinta o quien sabe cuantas toneladas, lanzada a toda velocidad por el motor, la inercia y la impericia del chofer, que freno en suave… sobre dos docenas de vehículos parados en el camino. Hasta eso no fue ningún tonto… la otra hubiera sido irse al precipicio, ese mismo a donde empujó una camioneta que cayó 15 metros. Hubieran sido menos los muertos, pero casi seguro que él iría en la contabilidad.

Y como siempre que hay un accidente de esta magnitud, se renuevan los comentarios sobre la carretera 57. Comenzando por supuesto, como debe ser, de que no se construyó conforme a la lógica, la geografía, la economía o la previsión, sino en lo político. Un gobernador, cuyos descendientes todavía andan grillando, tenía unos terrenitos, terrenotes allá en Arteaga, que por los años cincuenta del siglo pasado tenían nulas perspectivas de desarrollo, ¿y pues para qué es el poder, sino para moverlo a favor de lo que a uno le conviene? La carretera 57 no entra por el sur con rumbo al norte como mandaría el más elemental de los cánones, sino por el norte para luego entrar a Saltillo, y de allí seguir a la frontera.

Ni que decir que construir la carretera según el trazo convenenciero, en vez de por el razonable y muchísimo más plano, el de Huachichil, elevó exponencialmente el  monto de la inversión inicial, en una época en la que se disponía de máquinas mucho menos poderosas que las actuales, pero no solo eso, sino que con las correcciones de trazo que se han sucedido sexenio tras sexenio, la tal carretera ha elevado su costo en una proporción pasmosa, sin que se haya resuelto el problema fundamental: el tramo Los Chorros no es seguro. No lo es para nadie que lo transite, y no solo que uno se accidente y allí quede la cosa, sino que buena parte de los accidentes involucran más de un vehículo, y sobre todo aquellos de carga, que al ser sometidos a las exigencias de la carretera, terminan por rendirse, cosa que no ocurre en muchas otras vías en nuestro país o en el mundo. 

Rectificar, es como al paso de las décadas le han dado en llamar a las multimillonarias obras que se hacen para corregir el trazo, sin pararse a pensar que eso es precisamente lo que menos necesitan esos kilómetros de la carretera 57. El problema no es de curvas… es de pendientes. No podía ser de otra manera en un camino construido atravesando la Sierra Madre Oriental, viene uno de la planicie del centro del país, pasando por el cansado desierto chihuahuense por los largos kilómetros de San Luis Potosí y la parte sur de Nuevo León, y para llegar a la capital de Coahuila hay que subir la sierra y bajar la sierra, y allí es donde… esas son las pendientes mortales, de subida porque los motores y sistemas de los vehículos se fuerzan al extremo, y luego porque en la bajada, aquello que ya venía medio guango termina por ceder, ni modo, la ingeniería mecánica es lo que quiera, menos perfecta, lo mismo puede decirse de los reflejos de los conductores, a quienes lo que les urge es salir de ese que no le pide nada al Espinazo del Diablo, lo más pronto posible. 

Y ya lanzados de bajada, con la inercia de la carga que trae, no es fácil detener un tráiler desbocado, venga con frenos sanos o sin ellos, si para descargas de adrenalina, allí las encuentra de primera clase, sobra decir, muy superiores a la capacidad de muchos de lo que circulan por allí, y de quienes han caído en sus curvas, o si lo quiere más espeluznante, quienes han caído de sus curvas a los barrancos.

Ahora hasta el diputado federal, que fuera gobernador de Coahuila, Rubén Moreria, mete baza en el asunto, se requerirían mil millones de pesos para rectificar el tramo Los Chorros. De nuevo la burra al pienso, caray, no se trata de rectificar, valga la explicación no solicitada, hacer más recta la carretera, se trata de que las pendientes sean menos pronunciadas, y eso es prácticamente imposible, parafraseando la expresión coloquial, apenas volviéndolo a amasar… y en esta ocasión palotearla mejor para que quedara más plana.

Pueden gastarse los mil millones que Moreira, desde su elevada posición en la cámara de diputados, hará hasta lo imposible por arrancarle a la codera, y al odio que por diferencias políticas le tiene a Coahuila la cuarta transformación, nos va a conseguir… pero aunque se los gasten en arreglar el peralte de esta o aquella curva, ese no es el problema.

La solución posible, esa que gobiernos priístas, panistas, neopriístas y morenistas gustan de ignorar, es la más simple, retomar el trazo por el sur, o sea por Huachichil, ampliarla a cuatro carriles, ponerle su riguroso acotamiento, siendo mucho menos pronunciado el terreno, la probabilidad de accidentes se reduciría al mínimo, es más, ahorita no recordamos cuando fue la última ocasión que hubo un accidente mortal de Huachichil al entronque a Derramadero, donde sí, llega a haber niebla, pero no los bancos que parecen sólidos que se dan a cada rato en invierno allá en los Chorros, y los traileros no tienen el pretexto del peso de la carga para ir a velocidades exageradas. Allí está, para que la ignoren otro sexenio u otro siglo.

Lo único que les pedimos es que dejen de necear, cada vez que han hecho algo para reducir la peligrosidad de las curvas, eso mismo funciona para que se confíen los conductores y agarren más velocidad de la que pueden controlar en sus vehículos. No la hagan más recta, pónganle si eso quieren, el doble de curvas, para que se vayan más lento, así, será menor el chorro… de muertos.

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