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El lacayo Reyes y su traición a Guadiana

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

La política a la mexicana está llena de reglas no escritas, o al menos lo estuvo durante el tiempo en el que gobernó el Partido Revolucionario Institucional, porque ya cuando llegó Acción Nacional, durante el primer sexenio, el de Vicente Fox, todo fueron gracejadas, y en el segundo, el de Felipe Calderón, la política se resolvía a punta de oraciones y jaculatorias, pero con todo, podía hablarse de una cierta racionalidad en la cosa pública.

Todo fue que llegara Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, encabezando encumbramiento de su Movimiento de Regeneración Nacional al poder, para que toda la sabiduría política de México, la que en las cuentas presidenciales, sería mucha luego de cinco o diez mil millones de años desde la fundación, que precedió a la del universo mismo, para que la política se redujera a su mínima expresión: o estás conmigo, o te lleva Pifas.

Lo que son las cosas, el hombre que dice de sí mismo que “la venganza no es mi fuerte”, es sin embargo, el político más vengativo que ha conocido México en las décadas recientes.

Aun Carlos Salinas de Gortari, con fama de intolerante, el mismo Luis Echeverría, represor por excelencia, Díaz Ordaz, que asumía lo político como pleito personal, le quedan cortos a López Obrador, y por extensión a MORENA, sintetizando lo que está viviendo el país en una expresión duramente helada, en boca de uno de sus pocos “intelectuales orgánicos”, la revolución será violenta o no será.

Pues bien, en estos tres años en los que MORENA no solo ganó en las urnas, sino que arrasó con el sistema político mexicano, arrancando de raíz muchos de los principios y costumbres con que este se regía, y dejando a la oposición huérfana, perdida y sin saber qué hacer, algo le ha fallado al movimiento que nunca sería partido, en palabras de su fundador y hoy presidente de la República: sustituir el antiguo conjunto de reglas no escritas por otro propio, o en su defecto, y siendo que todos, absolutamente todos los políticos que acompañan a López Obrador vienen del viejo sistema político ¿por qué no darle nueva vigencia al tal decálogo, pentateuco, o como sea que llamen allá en la cúpula al sistema de normas al que le deben todo lo que son?

Pues no, esa es otra de las cosas que quedó a deber López Obrador, quien en algún momento de claridez reconoció que no han podido crear un grupo de intelectuales que le den una base ideológica a la cuarta transformación. Muchos son los que afirman, y el propio Andrés Manuel lo teme, que faltando él, con el poder y el dinero de la presidencia… MORENA se desmoronará en menos tiempo que el que toma el decirlo, siendo lo grave que no hay en la escena política nada con qué sustituirlo.

De lo poco que el presidente ha vertido como formulaciones ideológicas, y esto con muchas ganas de hacerle el favor, está aquella frase de “no mentir, no robar, no traicionar”, que según él eran el remedio infalible contra el coronavirus, y mírelo que ya ha caído dos ocasiones contagiado.

Era para que todos los morenos, morenistas, o como se llamen, porque hasta eso, no hay un acuerdo de cómo pueden identificarse desde fuera y entre ellos, tuvieran tatuado ese decálogo de tres, ¿para qué se necesitan diez, si con tres, con una bastaría?, sobre todo si se tienen ganas de cumplir, que si no se tienen, pues así fueran cien e incumplieran una, ya con eso estarían en falta.

Todo esto nos lleva al examen de lo que está ocurriendo en Coahuila en este principio de año 2022, y con miras a la sucesión en la gubernatura a mediados del año entrante. Varias son las realidades insoslayables, entre ellas de que cada vez Coahuila se va aislando más, se va quedando más solo entre los estados gobernados por gente emanadas del Partido Revolucionario Institucional, esto hace que las presiones para acabar con este bastión se vayan incrementando conforme se acerquen las fechas políticas en el calendario.

Está también el hecho de que, para no variar, haya concertación, concertacesión, negociación en lo obscurito, y que el PRI quiera o acepte sacrificar Coahuila por conservar en Estado de México, si es que todavía tiene posibilidades de ganar allá, aunque con el escándalo de Delfina Gómez, subió tantito la lumbre en la veladora priísta mexiquense.

Pero pase lo que pase a nivel nacional, lo cierto es que en la sucursal Coahuila de MORENA todos aquellos que sienten que la candidatura debe ser suya y de nadie más se están dando con todo lo que tienen a mano. Contraviniendo el tricálogo presidencial, si es que existe esa palabra y si no apúntenosla como aportación al diccionario, que no al movimiento, los aspirantes a la nominación morenista se han dedicado a mentir, a robar y a traicionar… a traicionarse entre ellos, que como se sienten que el estado tendrá que ahogarse en la ola lopezobradorista, el enemigo a vencer no está en otro partido o coalición de partidos, sino entre ellos mismos.

¿Cómo cree usted que le cayó a Armando Guadiana ver el video, o que se lo platicaran porque está difícil de soportar, en el que Reyes Flores Hurtado se destapa como el candidato de MORENA?, en esto de la grilla como en todo en esta vida, hay clases sociales y jerarquías, y ese “somos los reyes” del virreyezuelo superdelegado plenipotenciario de la 4T, le ha de haber caído en los higaditos de pollo.

Guadiana, por orden de prelación económica, para no hablar de menudencias, siente que la candidatura no es de nadie más que de él, y lo de Reyes, su lacayo de antes, a quien él promovió y protegió, y ahora sale con que se manda solo, con que anda por el mundo sin correa.

Mal, traición, y si se sospecha de robo para salir de pobre, para no quedarse chiflando en la loma acabándose el sexenio, para financiar una eventual campaña para gobernador, pues allí Reyes está robando y traicionando, mintiendo no, porque a lo mejor para los morenistas y morenistos la verdad tiene fecha de caducidad.

No vamos a compadecer a Guadiana, él se soba con dinero, facturas, contratos, devoluciones de impuestos, pero ha de sentir feo de todos modos.

Aunque sí, tenemos que aceptar que últimamente ha andado bastante silencioso, y eso en él es algo extrañísimo. Habrá que preguntarle si no le ha dolido la traición de su escudero, o se trate de alguna otra cuestión que traiga por allí atravesada.

De traiciones morenistas hablando ¿qué se puede decir de un campeón del tema, Ricardo Mejía Berdeja, quien se siente que se la deben… no de ahorita sino de tiempo en que era de este partido, de aquel otro, del de más allá?, a lo mejor a él no lo deba señalar el supremo dedito elector porque de traidor se pasa, por las mismas anda otro a quien el silencio corroe, Javier Guerrero ¿qué ha sido de él en estos tiempos?, a lo mejor la sigue queriendo pero por su chama actual tiene que grillar desde el centro, que no es sino traición para los seguidores que pueda tener acá, y este tampoco se ha probado como leal 90% a la 4T, y para el caso, a nada en su vida.

¿Quién más, quien más?, seguro que allí andan, grillando, mintiendo y mintiéndose, traicionando y traicionándose, porque ¿sabe qué?, eso que les tienen prohibido, es lo que les corre por las venas. Ya si los coahuilenses quieren eso gobernándolos… en su salud lo hallarán.

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