ISSSTE Saltillo, borrachos y cantineros

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

Fue Vicente Fox Quesada quien, con ese estilito chabacano que lo caracterizó como presidente, y que lo sigue acompañando aunque ya no causa el mismo impacto divertido entre la gente, planteó aquello de que los servicios de salud a cargo del estado, deberían prestarse a la población con calidez y calidad.
Al paso de los años hemos, algunos, aprendido a tener cierta nostalgia por el buenazo vaquero guanajuatense. El no lo sentenció así, como sí lo hizo su sucesor Felipe Calderón, como si de prefecto de escuela confesional se tratara: me van a extrañar. ¿Y sabe porqué extrañamos a Vicente Fox?, porque a pesar de todas las burradas, caballadas y gansadas que lanzaba cada vez que abría la boca, era un político, un mandatario, que siempre estaba de buen humor. Nada que ver con el ya citado Calderón, amargoso como monaguillo, con Peña Nieto y sus desplantes de modelito a quien no aplaudían ni cuando se subía a las pasarelas, y ni que hablar de López Obrador, quien cuando no está enojado, está furioso, con todos y por todo, y de quien han llegado a decir algunos analistas, solo está a gusto cuando está a disgusto.

No, Fox quería que en México los servicios de salud corrieran a cargo de gente amable, médicos, enfermeras, afanadores, administrativos, que atendieran a los pacientes con una sonrisa en la cara, lo mismo que a sus familiares. La tesis es muy simple: suficiente tiene el enfermo con su dolor y quienes se preocupan por él, como para encima tener que cargar con malos humores de empleados de gobierno, y por extensión, empleados de nosotros los ciudadanos. La propuesta era sencilla, sean amables, hagan su trabajo bien, y todo irá sobre ruedas. Incluso hubo un programa nacional de eso, nosotros apenas vimos los cartelitos pegados en algunos hospitales, a lo mejor con más tiempo se hubiera logrado que más trabajadores de la salud disfrutaran su chamba e hicieran más llevaderos los padecimientos, pero no, el sexenio se acabó demasiado pronto, no alcanzaron a convencer de un cambio de actitud.

Viene a cuento esta reminiscencia porque en días pasados se han suscitado en el ISSSTE de Saltillo una serie de acusaciones de la administración hacia los médicos, y de estos hacia la dirección, de la que se han derivado incluso suspensiones y amenazas de despidos. El campo de batalla ha sido el candorosamente llamado Hospital de Especialidades, que tiene el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado, y podríamos considerar que es un pleito privado… bueno de gobierno, pero una cuestión interna entre burócratas que cuando mucho afecta a los derechohabientes, pero no, porque muchos de esos médicos cuyos nombres y prestigios están saliendo a relucir, resulta que cubren plazas en otras instituciones públicas de salud, o que tienen su consulta privada… en el mismo horario en el que se supone que deberían estar atendiendo a los trabajadores en el ISSSTE.

Nos lo han platicado y a nosotros desafortunadamente nos consta. Ir a atenderse al ISSSTE es un martirio que deja chiquita la mala atención, las aglomeraciones, la soledad entre tantísima gente, del Seguro Social. En teoría no hay punto de comparación entre el volumen de asegurados entre una y otra institución, y se las ingenian en el ISSSTE para hacer como que atienden a todavía más ¿por qué?, porque siendo menos pacientes hay menos personal, y los médicos que deberían cubrir turnos de ocho horas, cuando mucho están dos, eso si van, o si están preocupados por perder el empleo, van y checan y pasan a retirarse. Los médicos en el ISSSTE pueden tener pacientes esperando dos, tres, cinco horas, poniendo su cínico pretexto de que “está en cirugía” o “está en piso”, que dicen las enfermeras o trabajadoras sociales, aleccionadas para cubrirles las espaldas, quien sabe a cambio de qué, o de nada.

Es lo más antiético programar cualquier cosa privada en el turno de trabajo, pues es lo más común en el ISSSTE, ¿y quien puede negar que una cirugía es más importante que una consulta?, pero ya parece que le permitirían a un profesor o cualquier burócrata cobrar dos plazas trabajadas supuestamente en el mismo horario.

Pues hete aquí que la dirección del ISSSTE quiso poner remedio a la situación, a lo mejor no por tener mayor eficiencia, sino la muy de moda de ahorrar recursos echando fuera a los que no cumplan el horario. De inmediato se alebrestó la gallera. Hasta vergüenza ajena nos da ver a médicos de esos que tapizan cuatro paredes con diplomas de todo lo que presumen que son, quejándose del abuso. Si por ellos fuera, seguirían haciendo como que trabajan para el gobierno, y allá en su consulta particular, allá sí, son joviales, gentiles, cuidadosos, ¿me creerá que hasta auscultan al paciente, lo llegan a tocar?, pues claro, la consulta se la dejan ir en mil pesos o más, por quince minutos de extender su sapiencia sobre el dolor ajeno, al tiempo que calculan mentalmente cuanto le podrán sacar al paciente en cirugías (así en plural) y tratamientos continuados.

Según los médicos afectados, todo es culpa de la administración. Son los directivos del ISSSTE los que no proporcionan los insumos debidos, los que no tienen los sistemas a punto para programar las citas, los que no saben lo que sufren los médicos a lo largo de las duras jornadas de trabajo… de dos horas, cuando las cumplen, cuando van.

¿Pero no se paran a pensar en su odio interesado, que los hoy directivos, también fueron médicos de primera línea, y en muchos casos se siguen desempeñando como médicos especialistas y cirujanos?
Que es muy probable que ellos también fueran como los médicos que ahorita están tratando de meter en cintura, flojos, desobligados, despreciativos con los pacientes a quienes miran nomás por encimita, y que si lograron promoverse a jefe de servicio, subdirectores y directores, fue más bien por grillos que por su habilidad clínica, pues recordemos que para los verdaderos médicos, aquellos que aman su profesión, la burocracia, desempeñar un cargo burocrático, por mucho que les de en lo económico, no deja de ser un castigo.

Lo cierto es que en este asunto del pleito de lavaderos del ISSSTE estamos ante el típico caso del borracho que se convierte en cantinero. Todos los defectos, vicios, abusos que cometían como médicos de línea, ahora, hasta ahora los quieren corregir…en los otros, no en ellos. Esto no quiere decir que si en algún momento, como suele ocurrir, les quitan su puesto y los regresan al consultorio, no se porten igual que sus compañeros o peor, porque amparados en el poder que tuvieron y perdieron, exigen un trato privilegiado de los administradores, o sea, todavía menos horas consultando, más permisos, lo de siempre.

Por un lado qué bueno que se esté ventilando este asunto del ISSSTE, donde a los derechohabientes, trabajadores del estado como ellos, que además los mantienen de sus aportaciones, los tratan con la punta del pie. Que bueno, que sigan saltando chispas, que la gente se siga enterando de lo que ocurre, a ver si por la vergüenza, se corrigen aunque sea un poquito. ¿calidez con calidad?, de veras que qué bonito sonaba y suena eso, un sueño guajiro ante la frialdad despótica de los servicios públicos de salud, sí, esos que son como los de Dinamarca, que dice el presidente.

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