
BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-
Estábamos el otro día leyendo un artículo de lo más curioso, pero también sorprendente e ilustrativo de lo que somos los seres humanos. Hablaba el reportaje periodístico de la cantidad de mascotas con las que los hombres y mujeres contemporáneos comparten sus vidas. Sí, nosotros sabíamos que muchas familias, muchas personas solas, tienen un perro o un gato, incluso peces o canarios, u otros animales menos convencionales, con los que conviven a diario, a quienes tienen en el lugar donde habitan, y a quienes han convertido en sus dependientes directos, haciéndose responsables de su alimentación, de su comodidad, de su bienestar, en muchas ocasiones, si no es que en todas, superando las condiciones en las que estarían esos seres en el entorno natural del que hace generaciones fueron extraídos.
El artículo decía que hay ciudades en México, en Estados Unidos y en Europa, en los que casi el ochenta por ciento de los hogares cuenta con por lo menos una mascota, siendo los más usuales, perros y gatos. Oiga, salvo su mejor opinión, ¡son un montonal de mascotas!, claro, tampoco es que hubiéramos hecho el ejercicio, ocioso o periodístico que a veces pueden ser lo mismo pero con la ventaja de estos últimos de que terminan impresos y publicados, de inventariar entre nuestros amigos, familiares y conocidos ¿cuántos de ellos tienen una mascota para acompañarse?, a lo mejor llegaríamos a la sorprendente conclusión de que efectivamente, hay más gente con una o varias mascotas, que gente sin ellas, lo cual habla mucho y probablemente bien, de la especie humana, que necesita de compañía, que se siente bien teniendo algún animalito por el cual interesarse, tratar bien, estar pendiente de sus necesidades.
Sabemos que tener una mascota suele ser muy beneficioso para quienes conviven con ellas. Se han hecho experimentos en prisiones de mediana y alta peligrosidad en Estados Unidos, en los que al entregársele a los reos un gatito o un perrito para que lo tengan en sus celdas, bajan enormemente su nivel de conflictividad, algo que no se había logrado ni con medicamentos, ni con buenos tratos, ni con castigos, ni con promesas, el animal lograba sacar lo mejor, lo poco o mucho de bueno que le quedaba de humanidad a los reos. Sabemos también que los sicólogos del desarrollo consideran bueno que los niños crezcan en compañía de una mascota, con ella aprenden a hacerse responsables por alguien más que ellos mismos, socializan, se divierten, conviven, etc. Incluso se sabe la mejor cura para los niños enfermos de alergias es ni más ni menos que exponerlos a la convivencia con un perro, pues entre lo que se les pega y no se les pega, su cuerpo se va fortaleciendo, al grado que dejan de ser alérgicos. En fin, son muchas las ventajas, y aunque hay desventajas, estas son las menos.
Viene a cuento esto porque Parras de la Fuente, municipio coahuilense catalogado como pueblo mágico, tiene de un tiempo para acá una relación particular con las mascotas, específicamente con los perros. A lo mejor no es algo nuevo, pero sí es algo que no habíamos notado, la cantidad exagerada de perros que hay en la cabecera municipal, y también en los ejidos y rancherías. Camina uno por las calles, bueno por las banquetas en Parras, y es imposible no notar la cantidad de perros que hay, perros yendo de aquí para allá, perros dormidos allí en el paso, sin incomodarse porque uno literalmente tiene que brincarlos o darles la vuelta, perros por parejas, perros en grupos, perros por aquí, por allá, por todos lados.
Son tantos los perros en Parras que por allá a principios del año, el alcalde Fernando Orozco planteó, como respuesta a una demanda ciudadana, que el municipio estaría pronto creando un refugio para los canes, con la finalidad de que lo que ahorita todavía es una cuestión simpática, no degenere en un problema de salud pública.
La verdad no hemos sabido como ha evolucionado el asunto, si ya está operando o si ya se tiene el lugar, pero sí sería importante que la autoridad municipal tuviera un control de la población canina, que realizara campañas de esterilización, entre los perros de casa, de colonia, de barrio y de calle, que les pusiera pulguicida para evitar una epidemia, en fin cosas de competencia del gobierno municipal, importantes en cualquier lugar, pero sobre todo en sitios que presumen de turísticos, de “mágicos”, ¿y qué más magia que la de que los perros parrenses anden por los parques, las plazas, las calles, como su fueran su pueblo?, que de hecho lo es, porque hasta donde hemos podido comprobar, a los parrenses, humanos parrenses, no parece que les molesten en lo más mínimo.
Pero como siempre, hay sus excepciones, está el caso por supuesto, del mataperros, un ciudadano del que todavía se desconoce su identidad, a quien se hace responsable de la muerte de casi cuarenta mascotas, entre perros y gatos, a los que asesina dándoles piezas de pollo envenenadas. ¿cuál es la motivación para que un fulano, o una fulana quiera matar al mayor número de mascotas en las colonias donde habita?, desde luego que es fácil concluir que no le gustan los animales, pero por eso, hay mucha gente a la que no le agradan y no los anda matando, ah no, este sí, los envenena, y el asunto ya llega a tal grado que los dueños de algunas mascotas han jurado hacerse justicia por propia mano, tan pronto descubran quien es el criminal, y le llamamos así, porque en Coahuila hay una ley de protección de los animales, un ordenamiento nada laxo en cuanto a prisión y multas, pero como suele acontecer en estos casos, la detención y la cárcel no satisfacen a los ciudadanos atacados en lo que consideran uno de sus bienes más preciados, sus mascotas.
Ese es un caso, pero hay otro del que recién nos venimos enterando, según se ha denunciado, la empresa Casa Madero está utilizando perros entrenados para tratar de amedrentar a los ejidatarios que se han apostado en “El Compartidero”, el punto donde se hace la distribución del líquido para unos y otros, conforme a documentos que especifican lo que a cada quien toca. Ese es el peor uso que puede darse a un animal, y es el que están haciendo, azuzar a un perro contra un ser humano, en lo que equivale a poner a sus congéneres en una posición menor que la del animal, al que se utiliza como instrumento de violencia, como un arma.
El conflicto del agua ha ido escalando entre los empresarios y el pueblo, pero nunca había llegado a tal grado de desprecio de los primeros por los segundos, ¿se imagina lo que puede ocurrir si uno o varios animales atacan, hieren y matan a una persona que lo único que quiere es poder seguir haciendo uso del máximo bien de todo Parras, su agua?, estamos a solo un paso de perder la inocencia que ha permitido a los parrenses ser gente de bien, gente de la mejor, amiga de los seres humanos, de sus mascotas y de animales sin dueño, todo para no variar, por la ambición de unos pocos por tener siempre más, más de lo que les corresponde, más de lo que es honesto tener.

Deja un comentario