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Shamir Fernández, la piedra de la traición

Por: J. Alfredo Reyes

Decía el “Tigre” Goerge Clemenceau, el ícono de la lealtad en Francia, el mismo que junto con Emile Zola defendió al falsamente acusado de traición, al capitán Alfred Dreyfus, ese tigre de la política decía que un traidor es un hombre que deja su partido para inscribirse en otro pero, los de Morena, que tanto ladran junto con AMLO acusando de traición a todos sus adversarios, hoy que reciben en sus filas a un miserable traidor le llaman “convertido”, porque para ellos eso es un traidor que abandona su partido para unirse al guinda de Morena, como recién lo ha hecho el convertido Shamir Fernández, cuyo nombre en hebreo significa “piedra” y que en este caso, es la piedra de la traición contra el gobernador Miguel Riquelme, su único leal amigo y benefactor, el que lo hizo diputado varias veces, contra el que ha levantado su calcañar.

Y ya que mencionamos el nombre hebreo de Shamir hay que citar aquel versículo que habla de la traición: “Aun mi personal amigo, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, contra mí ha levantado su calcañar” (Salmos 41:9). Y que conste que no hay muchos traidores hebreos en la Biblia, recordamos a Dalila y al ícono de la gran traición, a Judas Iscariote. Pero hoy habrá que inscribir el nombre hebreo de Shamir como un ícono de la deslealtad en Coahuila, Shamir, la piedra de la traición.

Y es que esa traición que el diputado Shamir Fernández ha hecho en contra de la lealtad de su amigo Miguel Riquelme, de sus compañeros de partido, de sus representados que con toda lealtad para el PRI le dieron su voto, los ciudadanos del Distrito 6, que abarca una parte de Torreón, además los municipios de Matamoros y Viesca es en verdad una infame felonía. Hay que recordarle a Shamir esa hermosa lección de lealtad de aquel perro fiel en la antigua Roma y es el historiador Cayo Suetonio Tranquilo el que nos cuenta este drama tan conmovedor. Dice que cuando el noble Sabino fue ejecutado al ser falsamente acusado de traición contra el Cesar, su perro no se apartaba del cadáver, que lamía su rostro para reanímale y que, inclusive, le llevaba alimentos a su boca. Finalmente cuando el cadáver de Sabino fue arrojado a las aguas del Tíber su perro se lanzó al río para rescatarlo, lo mantuvo a flote y lo llevó hasta la orilla. Contrariado el centurión de la guardia entonces ordenó que también mataran al perro fiel y así juntos, amo, perro y la insigne lealtad, fueron arrastrados por el río.

No en balde al poeta Rilke le daba por seguir a los perros callejeros y anhelaba ser como uno de ellos, subyugado por la fidelidad de tan nobles animales, solía decir que allí donde nosotros vemos futuro, el perro ve eternidad ¿Acaso lo entiendes Shamir?

Obvia decir que el diputado Shamir Fernández es una vergüenza zoológica para estos nobles animales que llegan al extremo límite de la lealtad. Y ese diputado Shamir, que es la piedra de la traición, tiene mucho que aprender de esos canes aunque no sabemos cuánto futuro tenga, porque él jamás será como esos nobles perros, que miran la eternidad.

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