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El espejo mexiquense

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

De izquierda a derecha aparecen Luis Fernando Salazar, Mario Delgado Carrillo, Ricardo Mejía y Armando Guadiana Tijerina.-

Para bien o para mal, por interés o por aburrimiento, la atención política del país, y quizá un poco también del extranjero, estará centrada el año entrante en los procesos electorales del Estado de México y de Coahuila de Zaragoza. Bueno, luego de tanto esfuerzo, es un decir, por ordenar los calendarios electorales para que la gente no se fastidie de tener elecciones cada jueves y domingo, cada año o algo así, ah y por supuesto para que los comicios no salgan tan caros como antes, usted sabe, por aquello de la austeridad franciscana y la pobreza republicana, o como se diga, en el 2023, solo hay elecciones en dos estados, los ya mencionados.

Vaya usted a saber porqué no se ha planteado también integrar Coahuila y el EdoMex en su estrategia reduccionista, a lo mejor es porque a nadie le gustaría una gubernatura de un año, y aunque todos los grillos brincarían de gusto por una gubernatura de siete años… la primera como que no serviría ni para sacarle el saborcito al poder estatal, y la segunda tendría un regusto sospechoso de reelección, no han llegado a una propuesta razonable de cómo alinear el calendario a la elección federal, o a la intermedia también federal, o a las estatales cuando se dan en conjunto. Alguna fórmula habrá, pero o no la han buscado con suficientes ganas, o de plano no la han querido encontrar. A lo mejor, y no digan que se nos ocurrió a nosotros, una gubernatura de tres años seguida de una de cuatro, sería la solución, pero ¿Quién es capaz de plantear algo que afecta la vida política y por extensión la social y económica a la vuelta de dos o tres sexenios?

Pero a lo que veníamos, la atención estará, o ya lo está en buena medida, fija en los dos estados, que salvo eso, comparten realmente pocas cosas. Uno es grande en población, el otro lo es en extensión, uno está en el mero centro de la república y del poder, de hecho rodea a la capital del país, en tanto que el otro forma parte de la más alejada frontera, si no en cuanto a kilómetros por recorrer, sí en cuanto al interés del centro, sea por su importancia en sufragios, en contribución al producto interno bruto u otro aspecto. Sea lo que sea, Coahuila, con sus tres millones de habitantes, aporta una proporción relativamente pequeña de sufragios en una elección federal, en tanto que el estado de México, que se aproxima a los catorce millones… es una nave que todo pirata quisiera capturar, y es que no solo está en juego quien gobierne los estados, sino la aportación que desde el poder estatal puedan hacer a la contabilidad de votos en la elección federal, eso sí que importa y mucho.

Ni que decir que desde la presidencia de la república están empeñados en desmembrar el bosquejo de alianza, ya que todavía no es una alianza firmemente consolidada que resista cuanto embate se dirija contra ella. La misión encomendada a Layda Sansores, de revelar cada semana pelos y señales de las actividades ilegales y cuasi ilegales de Alejandro Moreno, presidente del Partido Revolucionario Institucional, tienen el objetivo no solo de sacar de la jugada a alguien que está para todos los efectos políticamente muerto, sino el provocarle tal urticaria a sus aliados, los que se presentan siempre como impolutos panistas, y los perredistas, que ven tal desplante de dispendio y soberbia con cara de hambre, que terminen por mandar al PRI a la goma.

De que han causado daño, no hay ninguna duda, más al PRI y a la alianza Va por México que al propio Alito, al que como buen priísta de los de antes, de los de siempre, todo se les escurre. El hecho de que el Partido Acción Nacional haya postulado candidato al gobierno del Estado de México a Enrique Vargas del Villar, expresidente municipal de Huixquilucan, es sintomático de que le están haciendo el feo a seguir aliados; el PRD hizo lo mismo con Omar Ortega, en tanto que el PRI… ¿el PRI?, el PRI nada.

En escenario de lo más bizarro, el Revolucionario Institucional también postularía un candidato, con lo que ya habría tres… algo que sería contrario al concepto de alianza que se había esbozado, hasta eso no muy bien, cuando se comenzaron a acercar las fechas políticas en el EdoMex, y peor cuando MORENA ya resolvió su propio asunto de una manera que ni ellos se esperaban que les saliera tan tersa. Si se hubieran agarrado de la greña Delfina, Horacio Duarte, Higinio Martínez y un par de docenas de los sesenta y cuatro que se apuntaron al principio que querían la nominación, los aliados tendrían algo de tiempo para resolver lo suyo y aprender algo en el camino, pero no.

Lo verdaderamente democrático sería que si hay tres candidatos de tres partidos que han jurado alianza, bueno que medio se reconocen como aliados pese al repelús que sienten mutuamente, pues que haya una elección interna, y el que salga ganador o ganadora, ese encabece la alianza. Ya con dos candidatos declarados y uno que falta, no hay mucho para donde hacerse. Eso allá en el Estado de México, que como decía su propaganda turística hace algunas décadas, es un estado de ánimo, y ahora es un estado de ánimo político.

Por acá las cosas están más complicadas. MORENA nomás no resuelve, no porque no quiera, sino porque no le haya la cuadratura al círculo, y es que entre los aspirantes está un senador de la república con bastante prestigio en lo estatal, con el agravante que es gente de mucho dinero; está el delfín presidencial, un fulano que se fue de Coahuila para encontrar su destino, y que ahora quiere cerrar el sexenio 4T como gobernador de una entidad que hace mucho que no le significa nada, y un reiterado traidor, en el que por lo mismo no confía nadie. Si le dan el sí a Guadiana, el centro corre el riesgo de perder el control de Coahuila, o no perderlo porque no lo ha logrado, pero no obtenerlo; si el candidato es Mejía Berdeja, hay el peligro de no conectar con la gente, primero por venir de la policía y segundo por haberse ido sin siquiera decir adiós; y bueno, si se decanta por Salazar… derrota segura.

Del lado de la alianza las cosas estarían aparentemente más claras, en la persona de Manolo Jiménez, hombre fuerte del Partido Revolucionario Institucional, a quien sin embargo hay dos que tres priístas que le disputan llegar a la nominación en caballo de hacienda, entre ellos Jericó Abramo y Román Cepeda, para quienes el tema se ha convertido en fijación. Pero aparte está lo que pueda pasar en Acción Nacional y en el Partido de la Revolución Democrática, que viendo lo que está sucediendo en Toluca, no quieren ceder la plaza sin al menos lanzar su cuarto a espadas.

Allá en el Estado de México la alianza tiene sus complicaciones, acá en Coahuila es la Alianza y MORENA no encuentran la puerta. A lo mejor en vez de estarse viendo el ombligo sería más útil ver la soluciones que ponen en práctica por aquellos lares, comparar con las estrategias locales y afinar para tener algo que les funcione. Por una vez, resultará útil ir segundos, porque esto pinta de lo más complicado, siendo el riesgo más inmediato la posibilidad de fracturas que minen su capacidad de ofrecer algo políticamente interesante a los coahuilenses.

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