BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Encuestas fueron y encuestas vinieron, durante meses la gente de Coahuila amanecía un día sí y el siguiente también, con la noticia de que la enésima encuesta de alguna casa encuestadora pato, ganso, facturera o de a de veras, había obtenido datos de que tal o cual aspirante a la nominación a gobernador del estado por el Movimiento de Regeneración Nacional, era el puntero en las preferencias de los electores, y no solo eso, sino que sus contrincantes, adversarios o francos enemigos, no le llegaban ni a la suela de los zapatos para mendigarles un mendrugo de su popularidad rampante.
Salvo su mejor opinión, aquello era bastante incómodo, a menos que sea usted de los que goce con emociones provocadas por defraudadores y embaucadores profesionales, por los modernos merolicos que son capaces de encontrarle cualidades y virtudes hasta a lo más disparatado que pueda uno imaginar. Y no, no estamos exagerando ni tantito en llamar merolicos a los encuestadores, o supuestos encuestadores, porque ninguna garantía hay de que la pretendida “metodología” que dicen aplicar, en realidad la hayan usado, contentándose con llenar cuadritos en una tabla de Excel, y con esa en mano, presentarse al aspirante a candidato, quien gustosamente pagará y hasta dará bono por el buen trabajo, para todas aquellas que rindan como resultado que él y no otro es el más guapo, popular, admirado, adorado y con la buena suerte de que los ariscos coahuilenses lo han elegido para conducir denodadamente los destinos del estado en el ignoto futuro lleno de acechanzas.
Ah porque que salieran los resultados era solo el primer acto del sainete, el segundo era que saliera el aspirante inflado como pavorreal a decir urbe et orbi ¿ya ven?, se los dije, que yo soy el Juan Camaney de la política coahuileña, el que trae a MORENA del bozal, y el que hará pedacitos al PRI, al PAN, al PRD, a la UCD, al MC y a quien se atreva a plantársele enfrente.
Y como no hay encuentro de lucha libre en que no se le conceda al oponente de perdida una caída, allí tenemos a los otros integrantes del terceto de la muerte lanzándose con toda rudeza y algo de exotismo, que sobre todo en estos tiempos ayuda mucho, a decir Momento que te desmiento: aquí están mis encuestas, que dicen que ni mais, no eres tú, soy yo, y te me vas yendo mucho a la goma…
¿Cuántas semanas no vimos de esto?, demasiadas para el gusto de su servidor, porque para acabarla, daba toda la impresión de que allá en la matriz de MORENA una de dos, o la sucesión en Coahuila les importaba menos que nada, con lo que le dedicaban cero atención al proceso de selección de candidato, perdón de coordinador de la defensa de la cuarta transformación, que a como hemos visto desde el domingo 13, muy necesitada está de a de veras de que la defiendan todos sus valerosos y sagaces militantes.
La otra es que desde allá, con todo y que “no somos iguales” tenían la línea de que “el bueno” es un cierto empleado del gobierno federal, uno que cobra como subsecretario de seguridad, que no es lo mismo que decir que trabaja como lo mismo, a quien quieren desde las alturas de la presidencia de la república y de la presidencia de la hermana república de Sonora imponer como gobernador de Coahuila.
De lo que se trataba era de que en las semanas y meses en que se prolongó el proceso, Ricardo Mejía Berdeja lograra empatizar con los coahuilenses lo suficiente para desbancar a los otros dos contendientes fuertes, Armando Guadiana Tijerina y Luis Fernando Salazar. No se pudo, al muchacho nomás no se le da eso de caerle bien a la gente que pudiera votar por él para que los gobierne con despotismo imperial, que de eso sí da toda la pinta.
Luego del descolón que Mejía, en pleno uso de la marrullería de la que es capaz, logró que el Consejo Estatal de MORENA le diera a todos los sesenta y feria de aspirantes, quedando él como el más señalado como militante más conocido, con 42 menciones, cuatro veces más que sus más cercanos contendientes, que si queda Guadiana o Salazar tenga por seguro que se lo tendrán muy en cuenta a cada uno de esos consejeros mejillistas…
Pero eso fue solo una salva, porque la buena fue la encuesta de reconocimiento, y oh sorpresa de sorpresas: las decenas o cientos de miles de pesos que le cobraron a Ricardo Mejía Berdeja el montón de casas encuestadoras que lo ponían por los cielos, fue dinero tirado a la línea morada, por no decir al caño. Pues no, que siempre no fue el más popular de todos los aspirantes, ni siquiera el segundo, allá terminó en tercer lugar, y con ganas de que de allí no pase.
Si fuera por ese solo parámetro, el que al final más importa porque es el que se traduce en votos, Mejía Berdeja estaba fuera de la competencia. Ah, pero no somos iguales ¿dónde he oído yo eso?, son de MORENA y allí se cuecen aparte, inventaron un siguiente escalón, que es la realización de una encuesta en la que se indagará sobre la honestidad, respeto a los derechos de las mujeres, cercanía con la gente, conocimiento del estado en un galimatías de valores entendidos y sobreentendidos a los que les asignan porcentajes que son pordiezajes o como se pueda decir, ya que no es sobre cien, sino sobre 10.
Le llaman atributos, y uno pregunta ¿cómo se mide la honestidad?, eso para no hablar de otras todavía más difusas como lo de los derechos o la cercanía, allí es donde debían ventilarse los trapitos de cada uno de los aspirantes, y podemos decir que ninguno de ellos saldría bien librado. Al contrario, parecería requisito el haberse arrastrado por el cieno de los malos manejos, si no aquí, allá, traficando influencias, pidiendo favores, evadiendo al fisco, o de plano como en el caso de Mejía Berdeja, mercando lo que no era suyo y sí estaba bajo su custodia, el padrón electoral, cuando militaba en Movimiento Ciudadano, antes del enésimo brinco ideológico con su correspondiente cambio de camiseta.
Si fuera por la honestidad, no solo habría que buscar un ganador en la contienda de MORENA, haría que encontrar alguien que no fuera descalificado por actos probados, por sospecha y por una pulcritud de su imagen pública tendiente a cero. Pero bueno, cosa de esperar la llamada ¿oiga, le hablamos de MORENA?, ¿Cuál de estos aspirantes, Guadiana, Salazar, Mejía o Flores le parece el más honesto?, a lo que quien los conozca tendría la obligación moral de exigir una quinta opción: ninguno de los anteriores.

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