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La carne es débil

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

La carne es débil, es una de las frases más citadas de la Biblia, y casi nos atreveríamos a decir que es la que más se utiliza a conveniencia de quien la necesita, o de quienes quieren justificar o exculpar a alguien por acciones que van contra la ley, contra la moral, o contra la decencia, por no decir que atentan contra individuos a quienes convierten en sus víctimas, y a quienes no les asiste, que recordemos, una enseñanza bíblica equivalente para sobrellevar el daño que les han causado, como no sea aquella otra de poner la otra mejilla.

Alguna vez un párroco nos acusó de pretender hacer el trabajo de biblistas, buscando interpretaciones de los textos sagrados, de los que no íbamos a sacar nada bueno. Es cierto, de biblista nos hubiéramos muerto de hambre, más o menos que como de columnistas políticos, pero así es la vida, para el que quiera dirimir la cita de Mateo 26:41 y Lucas 6:29, le dará para pensar el resto de su vida. Ahora que se suele usar, desde nuestro punto de vista, mal la frase, que completa dice: velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Visto así, no está haciendo ninguna apología ni ninguna justificación de nada, sino advirtiendo para no caer en tentación, que como decía el párroco de la Iglesia de Fátima, Antonio Usabiaga, ustedes no se preocupan por las tentaciones, en cuanto ven una, caen de inmediato en ella, ¿así cómo preocuparse?

Viene a cuento el tema porque por enésima ocasión la sociedad saltillense se ve sacudida y horrorizada por el enésimo caso de ataque sexual en contra de un menor de edad, ocurrido en un sitio, y perpetrado por una persona de los que se esperaría esencialmente lo contrario: seguridad y cuidado.

El escenario es de lo más escandaloso, el Colegio Americano, una de las instituciones educativas, no vamos a decir que más prestigiosas, porque eso es relativo desde el punto de vista académico, pero sí de las más costosas y más buscadas por los sectores pudientes de la sociedad, los padres de familia envían allí a sus hijos, como dicen los críticos de esta clase de cosas, no por los conocimientos, sino por los conocidos. Lo que les interesa a los padres es que sus hijos se junten con los de su clase social, como ellos mismos lo hicieron en la escuela a la que sus padres a su vez los enviaron, por supuesto, en un ambiente en el que solo debían salir cosas buenas: alianzas, amistades, matrimonios, ¿qué se yo?

Y de repente nos topamos… nos volvemos a topar que allí, en esos santuarios de seguridad, en ambiente cuidados hasta el extremo, donde se supone que el dinero garantiza que no les pase nada a los hijos, ocurre exactamente lo contrario, allí es donde queda más expuestos, y a merced de depredadores, porque como si se tratara de alguna novela policiaca, el mejor sitio para cometer un crimen es donde nadie se espera que alguien se atreva a hacerlo.

Ejemplos de esto sobran, siendo algunos de los peores y más recordados, los perpetrados por Marcial Maciel y algunos de sus seguidores. Bajo el manto protector de la congregación Legionarios de Cristo, idea que supo vender a la iglesia como una de las mejores en el último siglo, de lo que se trataba era de, no de hacer a un lado la opción preferencial por los pobres, que sabemos que es una vocación de la gran mayoría de los religiosos, pero que además viste mucho ante la sociedad, buscó la transformación de la sociedad a través de quienes pueden hacerlo, ¿Quiénes?, pues los ricos, ¿y cómo?, pues a través del mejor medio jamás ideado, la educación.

La Legión de Cristo edificó en escasas décadas un imperio educativo, financiado por el dinero de las clases más pudientes, que a ciegas enviaron a sus hijos a formarse en ellas, desde preescolar hasta la universidad, el niño primero y luego joven podía no salir de la tutela de los sacerdotes de la orden. Si todo salía bien, se llevaban una formación, no particularmente buena, pero competitiva, eso sí, en instalaciones a la altura de las pretensiones de sus familias, y por supuesto, teniendo como compañeritos a los hijos de otros millonarios o de gente que sin serlo, hacía un esfuerzo por pagar colegiaturas elevadísimas, o ya de perdida, de becarios a los que los otros les cargaban la mano por ser… pobres.

Todo perfecto, salvo que… la carne es débil… y así como hay gente, religiosa o no, que mantiene sus pulsiones sexuales bajo control, no les hace caso o no las tiene, hay otros que nada más piensan en eso (¿dónde he oído yo eso?), y ahora sí, ¿se le ocurre un entorno más propicio para el abuso sexual que los colegios caros, donde se supone que existen procesos de selección de personal administrativo, académico y de apoyo que no permiten que se cuele cualquiera?

Véalo desde el punto de vista del acosador, del pederasta, del violador en última instancia: niños bonitos… bien bañados, bien alimentados, bien vestidos, producto de la selección natural del dinero, donde los ricos se casan con ricas o en su defecto, con personas “que mejoren la raza” (también eso lo he oído por allí). Pero también suelen ser niños de los que sus padres, por sus múltiples compromisos sociales, políticos, altruistas, o por lo que les de a cada quien, no se ocupan demasiado, dejándoles la formación a la escuela, claro, y a los empleados domésticos. Y allí tiene la mesa servida, niños físicamente atractivos, formados en la obediencia religiosa y de sus mayores, que además no tienen a quien contarle cosas… y con turnos extendidos en la escuela para actividades extracurriculares, además de una atención “personalizada” ya se imaginará lo que puede pasar… y pasa.

No queremos pensar, nos rehusamos a pensar que haya gente con ciertos gustos, vicios o desviaciones, que busque emplearse en colegios para estar cerca de menores de los que puedan abusar. Eso sería demasiado retorcido de pensar, incluso para periodistas de policiaca que hemos visto de todo o casi. Más bien tenemos la hipótesis de que estudian para profesores, o maestros de educación física u otra especialidad, porque les gusta o porque de eso pueden vivir, y ya estando en ese ambiente, aquello que traen guardado termina saliendo, y llevándose a vías de hecho.

A lo mejor se puede, a lo mejor no, que a través de pruebas sicológicas exhaustivas, se pudiera predecir que un profesor pudiera caer “en la tentación” de la carne, pero a lo mejor teniendo la inclinación, no cae, digo, cualquier cosa puede pasar, y desafortunadamente pasa. Ahora ocurrió en el Americano, pobre del niño, pobre de su familia, pobres de todos los que sufrieron algún tipo de acoso sin llegar a violación o a darse cuenta. AÍ como que remedio, es imposible de ofrecer, la escuela se mostró omisa pese a “tener protocolos” y haberlos supuestamente aplicado, el profesor tiene su problema mental que le va a destruir, si no es que ya, la vida, pero lo peor de todo es que… esos sitios que se venden y se compran como tan seguros, no lo son, ni remotísimamente…

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