BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

La información oficial dada a conocer señala que se están analizando más de mil cien pruebas periciales, 300 testimonios, videos y fotografías por centenares. Todo dentro del juicio que se le sigue a 33 personas detenidas en relación con el ataque a Villa Unión en aquel año de 2019.
El asunto no deja de ser interesante por distintas razones, la primera de ellas es que rompe, aunque sea en una pequeña parte, con el estigma de los sistemas judiciales y de procuración de justicia tanto del estado de Coahuila como del país entero, de que tienen niveles de impunidad de verdadero escándalo, al no bajar nunca del 90% del total de delitos denunciados, y más bien cargarse al 99%, sobre todo tratándose de aquellos que tienen que ver con la delincuencia organizada, que en muy pocas ocasiones registran detenidos, al ser lo común que simplemente no logren agarrar a los participantes en los delitos, o la otra, no menos halagüeña, que terminen todos muertos, al ser considerados tanto por los jefes de las organizaciones criminales como por las autoridades como vil carne de cañón, sicarios de esos que se contratan de a montón, y que valen para ellos lo mismo vivos que muertos, y les significan todavía menos purgando condenas en alguna cárcel, siendo una mera referencia argumental de película eso de que quieran acabar con ellos para que no revelen lo que saben, estos pobres cuates por lo general no están enterados de nada.

Otra razón de especial interés, es que por primera ocasión, hasta donde tenemos entendido, se está juzgando en el estado de Coahuila a alguien por el delito de terrorismo, y si acaso a nivel nacional se han llevado casos sobre este tema, eso fue hace muchísimo tiempo, décadas, pues que recordemos, los últimos fueron aquellos de la liga comunista 23 de septiembre, por los años setenta del siglo pasado, pues los integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que saltara a la escena nacional e internacional en aquel ido 1994, nunca se reportaron ni detenidos, ni procesados, ni absolutamente nada, se les permitió andar por el estado de Chiapas, por el territorio nacional y el extranjero como el siempre recordado Juan, por su casa.
Acá entre nos, las fuerzas de seguridad de Coahuila, los de las diversas corporaciones policíacas de Coahuila, tienen una cierta fama, muy bien ganada por lo demás, de no ser muy afectos que digamos a tomar detenidos. Son buenos para los enfrentamientos, pero en la mayoría de los que llegan a ocurrir, los “malosos” que les llamaba Ernesto Zedillo, quedan en calidad de cadáveres, muy raros son los heridos que no pudieron huir o continuar la refriega hasta el final, sea este el que sea, y casi nadie de los que se rinden. Bueno, al menos es gente que sabe a qué le tira… o no sabe, pero no se rajan…
En el caso de los juzgados por el incidente de Villa Unión, hay que reconocer que los policías coahuilenses tenían toda la justificación, por decirlo así, para cazarlos desde el primero hasta el último… después de todo habían atacado la cabecera de uno de los municipios del estado, causaron víctimas civiles, respondieron al fuego de las autoridades, por si fuera poco se dieron a la fuga por descampado, ahora sí que con la adrenalina al tope, con el razonable miedo, por el enojo de lo que habían hecho en contra de compañeros y civiles, era para que se hubieran ensañado con estos delincuentes, dicho con todas sus crueles letras, que no hubieran dejado uno solo vivo, liquidándolos allí donde los encontraran, porque esa es otra, en Coahuila no ocurrió en aquel trance lo que suele pasar en algunas otras latitudes y con otras corporaciones, de que repelida la acción de los delincuentes, se les deja ir.

No, aquí se les persiguió con todos los recursos disponibles, que al dispersarse en el amplio y desolado territorio del norte del estado, se hacían débiles ante un posible contrataque. A lo mejor algunos lograron pelarse, ponerse a salvo luego de haberse perdido en el desierto, eso probablemente no lo sepamos nunca, pero a otros sí se les capturó, y son los que están sujetos a proceso penal, nada más y nada menos que por terrorismo.
A como es la justicia en este país, donde a nadie con cierto grado de responsabilidad le gusta llamar las cosas por su nombre, siendo lo más cómodo y fácil minimizar los incidentes, a lo mejor porque les representa menos trabajo, o vaya usted a saber por qué, lo sencillo hubiera sido acusar a las tres decenas de detenidos de algo más común, no sé, portación de armas exclusivas del Ejército, disparo de arma de fuego, daño en propiedad oficial, daño a las vías de comunicación, hasta por no traer placas en las camionetas robadas, digo, no será la primera ni la última ocasión, en que se quiere pescar delincuentes mayores, con carnadas menores. Acá no, se tiraron por todo lo alto: terroristas.
Lo que está en juego aquí, más allá de la sentencia que puedan atorarles, que puede ser por varios cientos de años de prisión a los delincuentes, es la declaración de culpables del delito de terrorismo, lo que equivaldrá a reconocer que en México, particularmente en los estados de Tamaulipas y Nuevo León, de donde provenían y desde donde lanzaron la incursión, y también en Coahuila, hay grupos dedicados a eso, al terrorismo.
Se podrá alegar, como siempre se ha hecho, que no, que son bandas del crimen organizado, cárteles del narcotráfico, y que sí, que son especialmente violentas, sin embargo el límite entre la violencia que se vivió en aquella jornada y los días siguientes en Villa Unión, Coahuila, y actos terroristas, es difusa, por decir lo menos.

¿Qué pretendían, qué buscaban, qué consiguieron al convertir el edificio de la presidencia municipal de Villa Unión en coladera?, poco menos que intentaron demolerla a punta de balazos, ¿y todo para qué?, la construcción era lo de menos, si se llevaban entre los casquillos a las autoridades, de alcalde para arriba y para abajo, tampoco tenía gran sentido, después de todo Villa Unión es de los municipios más pequeños en población y territorio de Coahuila, nomás no se le ve el objetivo, como no fuera el de intimidación de las autoridades municipales de la región, enviar un mensaje al gobierno del estado y a la federación, de que llegaban ellos a enseñorearse de la zona norte del estado, limítrofe con los Estados Unidos. ¿No sería que intentaban adueñarse del bucólico pueblito de Villa Unión, para desde allí controlar aquello a lo que se suelen dedicar, tráfico de drogas, armas, trata de personas, contrabando?, la hipótesis es nuestra, pero por los efectos y por los métodos, los fiscales decidieron considerarlo terrorismo, y en esas estamos.
Sea como sea, sienta precedente. En Coahuila hay terrorismo, en Tamaulipas, en Nuevo León, en muchas partes de México hay terrorismo, la intención de aterrorizar a la población por el solo hecho de hacerlo o asociado a cualquier actividad criminal, pero cuando menos acá, ya le estamos llamando por su nombre. Ya la llevamos de gane.

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