BAILE Y COCHINO…
Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Prácticamente no ha película, serie o programa policíaco en el que no salga a relucir el tema del “papeleo”. Allí tiene a los valientes policías de azul correteando a un delincuente, lo alcanzan, lo tumban, se lían a golpes o a balazos con él, le leen sus derechos, eso no puede faltar, lo trepan a la patrulla… y a llenar el informe correspondiente al hecho. ¿Cómo no iban a hacerlo?, imagínese que llegan al precinto, a la delegación o a la comisaría, y el sargento de guardia les pregunta ¿y este qué hizo? y no le entreguen el documento en que se especifique con pelos y señales lo sucedido.
Eso con los policías uniformados. Cuando el programa se trata de detectives… todos los días comienzan con una reunión del grupo de investigadores con el encargado del caso y los mandos superiores, para ver qué van a hacer a lo largo del día, se asignan las tareas y los compañeros, y allí mismo se fija la hora de la reunión de la tarde o de la noche, en que rendirán informe pormenorizado de lo que averiguaron cada quien, se pone la información al día, y se decide lo que proceda, sea trabajar de noche, conseguir más recursos, lo que sea.
Ni que decir que todo queda por escrito, cada detective entrega sus notas, se integran a la carpeta de investigación, y así se va armando el expediente del caso, que luego irá ante la fiscalía y ante el juez, y que debe ir lo más completa y detallada posible.
De hecho, no faltan personajes como Columbo y otros detectives rebeldes, que nunca van a las juntas, que gustan trabajar solos, que jamás entregan avances ni enteran a la superioridad lo que están haciendo. Cada vez que entran o salen de la comisaría, le sacan la vuelta al sargento que les exige entreguen “el papeleo”, sin el cual, los casos que ya concluyeron o están en proceso, se pueden caer.
En algunos programas, los policías prefieren dejar ir a los criminales, obvio si la falta es leve y ven que es más educativo el favor que el encierro, y así además se ahorran la media hora, la hora o las muchas, redactando el informe tan pormenorizado como lo exigirá quien retome el caso para judicializarlo. De todo hay, en la pantalla y en la realidad. No por nada los expedientes de los casos que se ventilan en los juzgados llegan a alcanzar los cientos o los miles de páginas, que luego a todo el mundo le da flojera leer.

Bueno, esto es solo para poner en perspectiva la importancia que reviste la documentación de todas y cada una de las acciones que lleva a cabo una persona que realiza una actividad, sobre ninguna de las cuales debe quedar la menor duda de cómo y porqué se realizó. Ahora vamos con los médicos…
Por esas cosas de la vida, nos ha tocado conocer cómo funciona un seguro de gastos médicos en la modalidad de reembolso, y déjeme decirle o reiterarle lo que a lo mejor ya sabe: es una verdadera pesadilla.
Quizá el esquema de reembolso tenga una ventaja sobre el otro, el de autorización previa, en cuanto que en el instante en el que se presenta una necesidad de atención, comienzan a tomarse medidas, los médicos comienzan a ordenar estudios de diagnóstico, a administrar medicamentos, a tomar medidas terapéuticas, en tanto que en el otro, si se llega a tardar dos, tres, cinco o más días, el padecimiento puede agravarse, reduciéndose las posibilidades de una mejoría ante una intervención temprana.
Eso lo positivo, lo negativo es que… el asegurado no tiene, perdonando la seguridad de que la aseguradora va a responder por todas y cada una de las acciones tomadas y por los gastos en los que se incurre. El preautorizado sabe a qué le tira, no en cuanto a prognosis de recuperación, sino en lo económico, el otro no, como puede que pase todo, puede que no pase nada, hablando de la solicitud de reembolso, o que solo pase parcialmente, con lo que además está en la duda de con qué proporción de la factura final queda embarcado.

Es allí donde entran en juego los informes médicos… o deberían, porque en nuestra experiencia, si alguien tiene mala memoria, esos son los médicos. Regresando a las obligadas referencias televisivas: en todos los programas de hospitales, los médicos traen bata blanca, debajo de ella camisa y corbata, y el estetoscopio colgado al cuello, a la hora que entran a ver a un paciente, lo primero que hacen es ver los datos que están anotados en una carpeta al pie de la cama, donde se supone que quedan anotadas todas las observaciones y acciones tomadas por cada uno de los integrantes del caso, enfermeras, laboratorio, los médicos, hasta los encargados de nutrición, queremos imaginar. Allí checan… pero ahora que lo pensamos, rara vez si es que alguna, en protagonista médico anota algo.
En el Hospital Christus Muguerza de Saltillo, cada vez que sale el médico de un cuarto donde visitó un paciente, va y anota algo en una carpeta que se halla en la estación de enfermeras, nos imaginamos que son sus observaciones e indicaciones a quienes llevan el caso más de cerca, enfermería, laboratorio, radiología, lo que sea. Además, ponen allí qué medicamentos deben aplicarse y procedimientos a realizar, ya luego viene la talacha que allí sí no sabemos quién hace, ni cómo, de ordenar se traiga todo o se haga lo ordenado, y que eso se pase al área de contabilidad, para que se sume a la cuenta del paciente…
Lo que llama la atención, en el caso del Muguerza es que, mientras que el detalle de los gastos se desglosa hasta el mínimo posible (caja, gasa, botella), las acciones del médico no… es solo cuando la aseguradora pide un informe pormenorizado de qué hizo el médico en cada ocasión que acudió a examinar al paciente, que nos damos cuenta que no, no hay datos.
Una factura de hospital puede tener, catorce hojas, con cuarenta conceptos en cada una, y un informe médico cuatro renglones… en los que van la edad del paciente, el nombre, el diagnóstico en tres palabras y qué se procedió a hacer, y como que no hay una correspondencia entre unos, otro y el detalle pedestre del monto de los honorarios, pues en el Muguerza, le aviso por si alguna vez no puede evitar caer por allí, no hay tarifas, cada médico cobra lo que se le ocurre, por lo que hace, por lo que se supone que hace, o por nada, porque hemos visto casos en los que hasta el director del hospital, uno con especialidad en bariatría, mete factura por supuesta atención en urgencias, sin especificar qué hizo.
Y luego ponen al cliente, perdón al paciente, entre la espada y la pared: pídale al médico el informe médico, y estos a incomodarse, molestarse, pasar aceite porque realmente no saben qué poner. Tan sencillo que sería leer sus notas personales o las que dejaron en la estación de enfermeras y que se supone va a dar a un área que se llama bioestadística.

Oiga, sí, una cosa es su sapiencia profesional, funcione o no, y otra que no puedan describir qué le hicieron al paciente, de eso se aprovecha la aseguradora para ponerle peros a la reclamación de reembolso: no hay datos para evaluarla. El trámite puede ir y venir cinco o diez veces, y el médico cada vez más molesto, que no debería, si ya se embolsó sus tres, diez o veinte mil pesos, y una parte de ellos fue por la parte burocrática de escribir el informe al gusto, no del paciente, sino de las aseguradoras, con las que tratan todos los días, todo el día, pues fuera de estas, son pocos los pacientes que caen para ser atendidos con su propio dinero.
La honradez del hospital queda en salvo, después de todo, todo queda facturado, aquí no se perdió ni un solo peso. Pero ese no es el punto, resulta que se agregan ocho médicos a una factura, y el paciente o sus familiares solo vieron a cuatro, ¿y sin informe médico? ¿qué hicieron, a qué horas, en qué procedimiento?
Sí, el papeleo es verdaderamente odioso, pero si no hay informe médico ACEPTADO, no debería haber pago de honorarios ¿estamos?

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