Los candidatos presentes… ¿Y los mítines? ¿Y las campañas?

BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Un candidato político estrechando la mano de un votante durante un evento al aire libre, rodeado de varias personas, incluidos niños.

Está a punto de acabarse el período de campañas correspondiente a este proceso electoral estatal, y hay algunas cosas que se han hecho más notorias que otras.

Para empezar la asistencia a los mítines ¿mítines, cuáles mítines?, ni los partidos que se dicen mayoritarios, el que dice que se va a llevar el carro completo, el que dice que se lo va a arrebatar, y los que por lo que están luchando es por conservar el registro y las prebendas, han centrado su estrategia política en lo que durante décadas fue el elemento central de la política a la mexicana, las concentraciones masivas de gente.

Uno que otro, si acaso dos, en bulevar Francisco Coss, frente a la plaza de las hermanas de Óscar Pimental, en un templete en la pirámide rosa de ‘La Coneja’ Alejandro Gutiérrez, y ni allí la gente llega por su propio pie, son montón de camiones los que prestan el servicio… mediante rigurosa factura y/o cuota, los que los acarrean, para que se vea lo que a todo político le gusta: el tumulto, las multitudes de simpatizantes, no solo gritando, sino enarbolando su credencial de elector, para demostrarle al inseguro candidato que, al menos con su voto, pueden contar.

No, mítines, lo que se dice mítines no hubo. ¿Dónde quedó el espíritu de Armando Guadiana, que seguido prometía y de vez en cuando cumplía con contratar un grupo musical para amenizar un bailongo y unas arengas políticas?, de eso no queda nada.

Ahora lo que se ha visto es lo que candorosamente han dado en llamar ‘megacruceros’… que los militantes más entusiastas, y a los que menos pena les de que los vean, se plantan en el semáforo para agitar banderitas, pegar calcas (de las que casi no he visto yo ninguna), repartir folletos que ni a tríptico llegan, de tan raquíticas que están las plataformas legislativas de los partidos y de los candidatos, regalar unas bolsas que contienen el ‘kit’ del candidato, una camiseta y alguna chacharita más.

Pero así que diga, n’ombre había doscientas personas, cien en cada sentido, nada. Ni del PRI, ni de MORENA, ni del PAN, y de allí para abajo, cuando mucho veinte personas y me estoy yendo largo.

Sí, de por sí las elecciones intermedias tienen poco atractivo para el electorado, y tratándose de elecciones intermedias estatales, como el caso de Coahuila, que no coinciden con la elección de presidente municipal, ni para qué contarle, como dicen los memes en las redes sociales, despierta más morbo un pobre perro atropellado que un megacrucero.

Y a lo mejor por esta palabrita lo que se está usted imaginando es el cruce de bulevar Carranza con Periférico, o el de Urdiñola también con periférico, pero ubíquese en los municipios no tan poblados, Parras, Ramos Arizpe o Arteaga… ¿qué cruce de calles aguanta para hacer una manifestación de apoyo a un candidato?, hay más lavaparabrisas y vendedores de pepitas que promotores del voto.

No sé usted, pero acá su servidor lo que más ha extrañado de esta campaña es la presencia de los candidatos… ellos que son los principales interesados y los principales beneficiarios, caso que el voto ciudadano los favorezca, y son los que menos se aparecen. Me acuerdo de la agenda de los candidatos a diputados en elecciones pasadas, andaban en los cruceros, a las entradas y salidas de las escuelas, se apersonaban al inicio de turno de las fábricas, hasta en las paradas de los camiones se los encontraba uno, eso aparte de las reuniones con los organismos de la sociedad civil, con la cámara de comercio, con las organizaciones vecinales, y entre una cosa y otra, a talonearle recorriendo las calles tocando a las casas para presentarse con los vecinos.

Hemos visto simpatizantes, repartiendo lo que ya le contamos, bolsas, gorras, folletos, allí donde les abren, y donde no, lo dejan en la reja o debajo de la puerta. Pero a la candidata, al candidato, esos no se les ve por ninguna parte.

Quizá dividen su tiempo entre sus ‘war rooms’  y los medios de comunicación ante los que acuden para que los entrevisten, o más modernos, hacen campaña en redes sociales, que es lo más barato que hay, y creen, que tiene el mayor efecto entre el público elector.

Pues… es cierto que está uno acostumbrado a nunca ver a un diputado en el distrito que lo eligió, pero antes mínimo los había uno visto durante la campaña, siempre rozagantes, cambiándose la camisita cada hora cuando mucho, para que no se notara la suciedad de la calle y el sudor, tan humano. Pero ahora ya no hay ni siquiera eso, tampoco le voy a decir que lo lamentamos y que hayamos salido perdiendo.

Tampoco, pero las cosas han ido cambiando, y no precisamente para mejorar.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo