
Por: Leonel Chaul Chamut
Tenemos muchos problemas en nuestro país, especialmente económicos que señalan la terrible desigualdad en el reparto de los privilegios; también problemas morales, que encumbran a los malvados y humillan a los hombres de talento; problemas políticos, en que el poder, la ambición de poder, continúa siendo la llave del futuro para el presidente López, y todos sus compañeros de Morena y su 4T; desmanes, injusticias, asesinatos, opresión; son problemas serios, y faltan políticos serios que den soluciones serias a estos problemas; políticos que respondan por el pueblo.
La política es el factor de las grandes decisiones. El político tiene el complicado papel de conducir y orientar al pueblo, de señalar lo que tiene que hacerse, de aconsejar los medios de hacer las cosas y de entusiasmar al pueblo, para que la voluntad entre en tensión. El político muestra el rumbo; no impone senderos, los señala. Lo que no tiene el presidente López. ¡Los Gobernantes no improvisan!

No sobran los buenos políticos, faltan. Estamos en un período de silenciosos, de mudos, de mutilados de la lengua. El miedo, la disciplina, la obediencia, el conformismo, o (como se quiera llamar a este fenómeno social), ha corrompido a los políticos en los municipios, en el Estado, en nuestra república.
Es posible que en su interior nadie esté conforme con estos sucesos; pero nadie protesta. Si acaso murmuran. Sigilosamente hilvanan chascarrillos, chistes, epigramas, pero todo entre dientes, todo confuso, escondido entre las sombras y anónimo.
¿En dónde están los buenos líderes políticos que no arremeten contra los conculcadores del pueblo y de la honradez? ¿En dónde están los hombres fuertes que a la mitad de las plazas públicas gritan su inconformidad contra los malos políticos?
Es lo que ha faltado para detener al Presidente López.
¡Hacen falta los buenos, valientes y fuertes políticos!

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