Una política pública fracasada

Baile y Cochino…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Mar de vehículos inunda las calles de las principales ciudades de Coahuila. (Foto de El Siglo de Torreón)

A lo mejor nos equivocamos al denominar esta columna Una política pública fracasada, pues estamos partiendo del supuesto, casi seguramente equivocado, de que realmente existe una política pública para tratar del tema específico que nos ocupa, el de la movilidad en la ciudad de Saltillo.

Para formular una política pública, el gobierno primeramente tendría que haber realizado los estudios pertinentes para conocer un problema hasta sus más mínimos detalles, luego de eso, examinar la información que ha logrado reunir, y comenzar a formular alternativas de solución al problema que se tiene entre manos.

Ya que se tiene el abanico de posibilidades, ah entonces sí se empieza a normar la cuestión, de tal manera que se empieza a delimitar lo que se está en posibilidades de hacer, y aquellas cosas que no.

Las políticas públicas no es que normen por dónde va a avanzar una determinada acción de gobierno, pero por lo menos sí busca que el problema ya no crezca, o no crezca por razones imputables al gobierno, ya con eso podría considerarse un éxito.

En días pasados apareció una nota que nos pareció de lo más importante, más por lo que no es, que por lo que sí es. Decía a grandes rasgos que en los pasados dos años se incorporaron doscientos mil automóviles adicionales al parque vehicular en el Estado de Coahuila, pasando de los novecientos setenta mil  vehículos que se estimaba que había en Coahuila en el año 2022, se ha llegado a una cifra de un millón 170 mil carros.

Esto que podría considerarse una mera descripción de los hechos que se van presentando, en realidad es la expresión del tamaño de un problema que nos afecta a los habitantes de las principales ciudades del estado, el de que tan pronto nos es posible, adquirimos un vehículo, para incorporarlo a nuestro patrimonio, a nuestro estilo y forma de vida, a nuestra economía, a la aportación que hacemos al trabajo de la sociedad en la que vivimos. Esto desde el punto de vista positivo, luego habrá que ver lo negativo, que lo hay y es todavía más impactante.

Bulevar Venustiano Carranza. (Foto Mas información).

Incorporar un carro a nuestra forma de vida significa transformar nuestra economía, pues la operación de un automóvil tiene un costo que antes no teníamos y ahora sí, requiere de una inversión inicial, fuerte, más los costos de mantenimiento, gasolina, seguros, etc.

Si antes disponíamos de nuestro ingreso completo, ahora disponemos de nuestro ingreso menos una cierta cantidad de dinero para el sostenimiento de ese vehículo, que en teoría nos satisface nuestra necesidad de transporte, y algunas o muchas cosas más, entre las que se menciona el status, la comodidad, la disponibilidad de más tiempo, y un montón adicionales, que a veces no tenemos en consideración en el momento en el que tomamos la decisión de comprarlo, y que en algunas ciudades y en algunos momentos termina convirtiéndose en una relación de esclavitud, de nosotros hacia el carro, y no como originalmente lo pensaríamos al revés, del carro hacia nosotros.

Por una cuestión de simple lógica, más vehículos requieren más calles, más avenidas, más calzadas, más carreteras, más espacios de estacionamiento. Incorporar más carros sin ampliar el ámbito por el que se espera que circulen, es un contrasentido, y sin embargo… eso es lo que al parecer ha venido ocurriendo en nuestro estado, y en muchos otros lugares del país, en los que la ampliación de infraestructura brilla por su ausencia.

Otra vez apelando a la lógica, si lo que se quisiera es que menos vehículos contaminaran menos al ambiente, que contribuyeran menos al calentamiento global, a la producción de gases de efecto invernadero, y en general al cambio climático, en el período citado, dos años, entre 2022 y 2024, el parque vehicular en vez de crecer en doscientos mil unidades, hubiera decrecido en esas mismas 200 mil, para quedar en 770 mil… pero para nuestra forma de pensar actual eso es del todo impensable.

Los que tenemos carro estamos pensando en cambiarlo por uno mejor, lo que cada quien entienda por uno mejor, y los que no lo tienen, están buscando hacerse de uno propio, y es aquí donde metemos la cuchara de la política pública… las cosas no ocurren solas, y si no hay una instancia de gobierno haciendo algo razonable para que se den, pues no suceden, y es así que llegamos a donde estamos.

(Foto: El Heraldo de Saltillo).

¿Dónde estamos precisamente?, estamos en un punto entre el inicial que reconocimos como problemático, y uno en el que hagamos un corte y en el que las cosas estarán aparentemente bastante peor a como las encontramos en el momento actual.

A ver ¿cuál hubiera sido una política pública adecuada en materia de movilidad?, quizá algo así como se buscará desincentivar el uso del automóvil particular, mediante la creación de sistemas y modalidades de transporte público de alta calidad, con comodidad, seguridad, conveniencia y frecuencia que hagan innecesaria la posesión de un vehículo unipersonal. ¿qué le parece?

Pues sí, a nivel de planteamiento hubiera estado bien, pero no se hizo. Si nos movemos en la línea del tiempo ¿sería plausible hacer ese mismo planteamiento en el momento presente?, desde luego que sí, nada más que no sería para bajar de 970 mil a 770, sino para reducir de un millón 170 mil a 970, pues los cambios no pueden ser drásticos, sobre todo cuando no se ha iniciado siquiera lo otro, la parte de desincentivación, al ofrecer alternativas, que si eran costosas hace dos años, lo son todavía más el día de hoy.

No, no se puede decir que fracasó una política pública, porque no la había. Pero estamos fallando igual al no plantear una todavía más firme hoy con vistas al futuro, salvo su mejor opinión, no hay nada serio al respecto.

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