BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

¿Ha visitado usted recientemente el pueblo mágico de Arteaga? Si se va por la carretera vieja, tendrá una impresión poco agradable, pero bastante puntual de que se va acercando a la cabecera municipal por la cantidad de construcciones de block, surgidas a como cada quien fue pudiendo agregarle un cuarto o un piso, y sin ningún respeto por la estética o por el orden, siendo lo funcional lo que prevalece en la enorme mayoría de ellas.
Bueno, algunas fincas grandes se salvan, estas no son pequeñas sino de bastante buen tamaño, hechas algunas incluso con derroche de recursos, que no necesariamente de gusto, y es que corresponden a casas de campo construidas cuando Arteaga todavía estaba más o menos lejos de Saltillo, y cuando con la carretera 57, la antigua había quedado solo para el tránsito local, pasándole al pueblo lo mismo que al que se ilustra en la película Cars, que quedó de lado, aunque en este caso no tan lejos.
Por lo general las casas, bodegas, talleres y comercios se medio alinean sobre calles sin el lujo del asfalto, una que otra con cordón cuneta y banquetas, y el resto esperando que les haga justicia la revolución, que por ser mágico le den una manita de gato a esa parte, pero no ha habido tanta suerte.
Lo que pasa con Arteaga sucede con muchas, con casi todas las ciudades del país, que sabe uno que se va acercando a ellas porque comienza uno a encontrarse con asentamientos no muy ordenados, con negocios que serán muy productivos, pero cuyos socios y propietarios no le ponen gran interés al arreglo, o ya en el colmo de la mala suerte, con ciudades perdidas, fraccionamientos irregulares o terrenos invadidos.

Qué diferencia con otros países, donde los suburbios son la parte rica de las ciudades, y por lo tanto se va encontrando colonias con casas de ensueño, muy distintas con las que se va uno a topar cuando finalmente llegue. Muchas veces nos hemos referido a esos países que tienen una mentalidad de tarjeta postal, para donde apunte la cámara, no aparece ni un poste, ni un montón de cascajo, ni un perro tomando el sol, ni un carro o camioneta que se quedó yonkeado hace años, y que pasarán otros tantos antes que alguien se decida a retirarlo para venderlo como clásico o como fierro viejo. Esa mentalidad es algo que no tenemos programado los mexicanos en nuestro CPU, y a veces quisiéramos de veras tenerlo.
En días pasados se comentó en un grupo de WhatsApp, de habitantes de Parras de la Fuente, otro pueblo mágico en toda regla, más antiguo que Arteaga y otros que metieron con calzador, lo merecieran o no, que el Ayuntamiento debería meterle mano a la famosa Calzada del Marqués. Por si la conoce y la recuerda, se trata de una avenida bastante larga, que ofrece potencial para convertirse en un paseo entre turístico para la gente que visita la ciudad, y un sitio de esparcimiento para quienes habitan en ella.
El asunto ya está medio hecho porque por esas cosas de la vida, y por la amplitud de la vía, puede considerarse como continuación de la carretera Paila Parras, que donde comienza la Calzada del Marqués y siguiendo derecho se convierte en 16 de septiembre, que va a dar al centro, pero que tomándola a la izquierda va a convertirse en la carretera estatal 105 que va de Parras a General Cepeda, recorriendo antes algunas huertas de primer orden, y algunos fraccionamientos que se han creado sobre otras antiguas nogaleras, siendo también paso obligado a algunos viñedos que se han posicionado como destino turístico de altos vuelos.
También hay algunas colonias más modestas, que sin embargo también podrían beneficiarse del potencial que le comentamos.
Resulta que ahorita Calzada del Marques no tiene ni banquetas en buena parte de su extensión, en ambos sentidos. En las colonias sí, más o menos, y en los negocios, pues la que los propietarios pusieron, pero en el resto nada, la gente camina por la calle, confiando en que no la atropellarán camiones, carros, motos y hasta caballos y burros.

La propuesta es simple ¿no podría la sociedad parrense, o el ayuntamiento, o el estado, o todos juntos promover la creación de un paseo a lo largo de la Calzada del Marqués? ¿De qué estamos hablando?, para empezar de la colocación de un pendiente, la banqueta para darle protección a los transeúntes. Eso de entrada, pero como sobre la Calzada corre una acequia, por la que corre agua rodada, si no de manera permanente, sí bastante seguido, está que ni mandada a hacer la posibilidad de sembrar árboles que con la cantidad de líquido que hay en el subsuelo, crecerían a bastante buena velocidad y alcanzarían una fronda amplia en un plazo más bien corto. Si a esos dos elementos le agregamos una ciclovía, bancas y alguno que otro juego para niños, y se nos ocurre ahorita que hasta un gimnasio o dos, de esos al aire libre, Parras estaría teniendo un atractivo adicional que ofrecer a sus habitantes y visitantes.
No estamos hablando ni de grandes inversiones, pero sí de obligaciones pendientes, para empezar la banqueta, y en segundo lugar la parte de forestación y reforestación, que le daría a esa vía un encanto que complementara la entrada viniendo de Paila, para los que van directo a los viñedos, sin pasar por el pueblo. Árboles grandes enmarcarían la entrada a las huertas y fraccionamientos, renovando el carácter campirano que los foráneos le dan al pueblo, y en fin, son muchas las ventajas potenciales, que valdría la pena explorar. Entre otras, sería bueno que Parras ponga el ejemplo de ser el municipio coahuilense con las entradas más bonitas, que ahorita salvo por la de Paila, no es.
Todo es cosa de organizarse, al menos en Parras, los parrenses sí quieren a su pueblo, no dudamos que contribuirían a cuidar y mantener un paseo que además ayudan a crear.

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