BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Los alemanes tienen fama de ser eficientes, muy eficientes, tanto o más que los japoneses, que también han alimentado esa fama entre todas las culturas del mundo. Que si los carros, que si las cámaras fotográficas, que si las motocicletas, uno, habitante de las partes externas de un país del tercer mundo, se siente admirado de la tecnología de los productos alemanes, todo para venir a toparse con la realidad de que a la hora que es le descompone la computadora a su Jetta comprado de agencia, se niegan a hacerle válida la garantía, no se hable de cambiarle el carro que no ha cumplido ni el año y todavía debe otros tres o más, la pura fama, y el caso verídico de Jetta, después de estar seis meses yonqueado hasta que llegó la refacción, a deshacerse de él lo más pronto posible, no le fuera a salir otro detallito millonario.
Hace muchos años leímos un libro a cuál más de interesante sobre Alemania y su cultura, o que refleja ambas de una manera claridosa, por más que no fuera esa, ni de lejos, su intención. Se llama La Historia de las SS, y por más que buscamos el nombre del autor, no aparece en las fichas, sino la editorial, Época, de nombre. El libro, definitivamente, se nota que fue escrito por alguien de adentro, por alguien que ocupó una posición de cierto nivel, probablemente alto, pero no tanto como para que los aliados decidieran ahorcarlo o fusilarlo luego de la derrota alemana en la segunda guerra mundial.

Y decimos que era alguien importante porque no cualquiera, estando afuera, tiene esa capacidad de establecer comparaciones entre los distintos cuerpos de seguridad que creó y alimentó el gobierno nacionalsocialista en los años previos a la guerra y hasta la terminación de esta.
El capítulo en el que habla de las policías que operaban en Berlín en aquella época es una síntesis sorprendente, casi maravillosa de cómo los gobiernos son capaces de crear burocracia, en este caso policiaca, para mantener la paz en el país, desconfiando como lo hacía, de todos y cada uno de los alemanes, aun de los que formaban parte del partido y del gobierno.
En el capítulo introductorio explica como, en determinado momento, operaban 29 cuerpos de seguridad en Berlín, cada uno con poder para detener a algún ciudadano bajo la sospecha de sospecha de lo que fuera, todos ellos armados y con un gusto amplio por exhibir y usar sus armas. Desde el policía de crucero hasta el de seguridad del estado, la policía militar, la inteligencia de cada uno de los cuerpos del ejército, la GESTAPO, aquello era una locura, imposible de controlar y difícil de administrar y lo peor de todo, todos tenían poder y su acción era asistida por la ley.
El pagano era siempre el ciudadano común y corriente, y eso que no hablamos del factor corrupción, que suele salir a relucir en países como México, pero se menciona poco en los países del primer mundo, salvo cuando, por ejemplo, falsifican las especificaciones de contaminación de sus autos, pero esa es otra historia, que comparten con los japoneses.

Esta larga vuelta nos trae a que en su toma de posesión, el presidente municipal Javier Díaz González anunció la creación de un Instituto de Movilidad Urbana Sostenible, y a nosotros se nos pusieron los ojos de plato ¿la solución del problemón mayúsculo que es la movilidad en la capital de Coahuila es… la creación de otra dependencia burocrática, para más señas, una de tamaño instituto, con lo que esto suele implicar de autonomía y falta de integración con el resto de la estructura administrativa del ayuntamiento?
Bueno, este… sí, si nos apegamos al principio administrativo de ‘a grandes males, grandes remedios’, pues sí, puede sonar lógico, pero esto no quita que hay en las burocracias mexicanas, coahuilenses y saltilleras, de institutos a institutos. Porque creo que el de Catastro es instituto, y se maneja como una fortaleza inexpugnable, el del Transporte se cuece aparte, solo se habla con los concesionarios del ídem, el de Planeación, ese está peor, hace como que la virgen le habla y no le hace casi ni al alcalde, y por supuesto está el de cultura… del que hay poquísimo que decir, ya si nos aprieta, creo que hasta hay un instituto de la mujer, y ese sí, ni idea, pero igual no existe, y oímos mal una nota al respecto.
Pero regresando a lo de un instituto de movilidad, urbana, sostenible. Lo de sostenible está de lo más complicado, al menos mientras se sigan utilizando principalmente vehículos de combustión interna como medio de transporte, no tienen nada de sustentable, como no sea que todos nos vamos a morir y en algunos millones de años nos usen para fabricar gasolina o diésel.
Ahora que si de lo que se trata es de cambiar a medios de transporte que no afecten al medio ambiente, tendríamos que hablar de bicicletas, caminar a la antigüita, poniendo un pie adelante del otro, los vehículos eléctricos de dos ruedas, de tres, de cuatro, de ocho o diez. Esto por lo que toca a lo de sostenible, que se nos antoja más un calificativo de moda que algo en lo que realmente se esté pensando incidir.

Ahora lo de movilidad, ese es el meollo de todo el asunto, tiene que ver con todo, desde el terreno donde está asentada la ciudad, sus calles, avenidas, brechas y hasta campo traviesa por donde uno pueda o intente moverse para ir de un punto a otro de la geografía local o fuera de ella.
La movilidad puede ser con alguno de los medios ya mencionados arriba, sustentables o no, pero sirven para moverse, pueden ser colectivos o individuales, pueden ser privados o públicos… y allí es donde comienza la pisadera de callos que nos recordó a la Alemania Nazi y sus cuerpos policiacos. ¿Qué tipo de relación va a tener el IMUS con el Instituto Municipal del Transporte, con el Instituto Municipal de Planeación, con la Comisaría de Seguridad, con Ecología o como se llame el área que se encarga (dizque) de la verificación de contaminantes de los vehículos automotores? ¿será de coordinación, de subordinación, estará por encima de todos ellos o por debajo, y qué tan arriba o abajo?
Si el Instituto del Transporte hubiera hecho su trabajo los últimos cinco trienios, no tendría el ayuntamiento que crear algo que haga su chamba de garantizar una transportación moderna, segura, económica, cómoda y demás cualidades que quiera agregar. Si el Instituto municipal de Planeación planeara bien, en vez de pasársela en mafufadas a cual más mafufa, no tendrían que inventar el IMMUSS (creo que así está mejor), pero no, allí están ambas. Si tránsito municipal tuviera a todo el mundo manejando derechito, no habría necesidad de… bueno ya me entendió.
Falta ver si esta nueva entidad burocrática trae todo el power y le dan todas las canicas, o se suma a la galería de dependencias que están por debajo de las expectativas, corren las apuestas…

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