Impermeabilidad a prueba

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Oh sí, desde la primaria nos enseñaron que México tenía un gobierno republicano, democrático, representativo y federal. Bueno, así era el gobierno de México y eso era lo que orgullosamente enseñaban los profesores, hoy con la nueva escuela mexicana, no sabemos ni qué estén enseñando, ni qué estén aprendiendo los niños, ni mucho menos tiene nadie claro cuál es exactamente la forma de gobierno que tenemos. Tampoco somos de los que dicen nostálgicamente que todo pasado fue mejor que el presente, también aquellos gobiernos tenían lo suyo, pero por lo menos se sabían la letra, que nos hacían repetir como merolicos.

Uno de los puntos más relevantes de aquella letanía era la parte de la supuesta representación. Nadie lo supo expresar mejor que Vicente Fox Quesada, y no porque estuviera del todo de acuerdo, sino porque le tocó vivirlo en carne propia: el ejecutivo propone, y el congreso dispone, y sí, a varias de las iniciativas que lanzó como presidente de la república, fue el congreso de la unión el que les dio para atrás, pero la verdad tenía poca cara para quejarse, después de todo él mismo primero fue legislador y luego presidente.

El problema no radica en el equilibrio de poderes en el que debe descansar todo gobierno que se precie de democrático, sino en la parte de la representación, toda vez que desde hace mucho tiempo que nadie se siente representado por los diputados y los senadores que integran el congreso de la unión, como tampoco los de los estados federados.

Tal como se lo platicamos, para muchísima gente, la votación a la que se nos convoca para elegir diputados, locales y federales, y senadores, es un ejercicio inútil, porque los tales legisladores obedecen más a los dictados del poder central, si es que son de su mismo partido, a la estrategia partidista, si es que son de oposición, a intereses sectoriales, empresariales, de grupo y ultimadamente, a intereses personales, nada que ver con las preocupaciones, las inquietudes, las exigencias de la población que emite su sufragio, para quienes no es nada raro que se sientan igual de desamparados, tanto si ganó el candidato por el que votaron, como si el mismo perdió.

Desde el poder ejecutivo, se ha visto al legislativo como el recurso para la validación de decisiones ya tomadas. Por eso es por lo que los consienten tanto, les dan demasiado dinero y todavía más prebendas, ¿y cómo no?, si de esa manera el presidente, el gobernador y hasta el alcalde se escudan en que ellos no decidieron, pues no son ningunos dictadores, fue el congreso el que votó libremente, y el que tomó las decisiones. La progresión mental sería que, siendo representantes populares, fue el pueblo en última instancia el que decidió ajusticiarse a sí mismo.

Lo cierto es que cada período legislativo son muchas las iniciativas realmente populares que son recibidas por el congreso del estado, y muchas más las que van al de la unión. La inmensa mayoría no pasa la prueba del ácido, que es que la Oficialía de Partes la pase al órgano que se encargue de la revisión y que las distribuya a las comisiones involucradas para su análisis y respuesta.

Ya sería mucho pedir que algún diputado sin quehacer, o con un sentido de la función legislativa y de la responsabilidad para con el pueblo, anduviera husmeando por la correspondencia, para ver qué peticiones de la población han caído, cuáles puede o debe asumir como bandera propia, e impulsarlas entre su bancada o en el ideal, entre el conjunto de los legisladores, pensando idílicamente, que sin importar su partido, todos buscan el interés colectivo. No, la iniciativa populares quedan en nada, meros asientos en los libros, y papeles en los archivos, y poco más.

Pero la cosa puede estar a punto de cambiar. En Saltillo se está dando un movimiento que, mínimamente puede ser descrito como innovador e interesante, y potencialmente transformador, en el mejor sentido de la percudida palabra. Anda un grupo de ciudadanos, que han retomado el concepto constitucional de vecinos, promoviendo una reforma de ley que le devuelva al conjunto de la población la capacidad de opinar y más importante, de decidir sobre los asuntos que les atañen, no como el ente abstracto que es la ciudadanía, sino como individuos de carne y hueso avecinados en cualquiera de nuestras colonias, barrios, ejidos y ciudades, que se ven afectados por las decisiones de las autoridades, cuando las toman, y por la falta de ellas, cuando por así convenir a otros intereses, se dejan dormir el sueño de los injustos.

El movimiento está en fase de organización, que puede o no oficializarse dependiendo de mil factores, pero entre que sí o no, está planteado ya el poder que pueden lograr en un muy corto plazo, con un puñado de vecinos movilizados: mantas con mensajes como ‘Queremos Drenaje, no Rodeo’, ‘No queremos aquí otro Poza Rica’, ‘¿Te inundaste? ¡No pagues predial!’ lograron que los tres órdenes de gobierno pararan las orejas y llamaran a dialogar… bueno y santo, se habían tardado. Pero no se conforman con eso, van por la ley, quieren reformar la ley, quieren ser y estar adecuadamente representados en el congreso, y allí, donde se tomen decisiones.

En muy poco tiempo lograron los reflectores, a ver si con esa habilidad logran vencer la burocracia legislativa que seguro, tratará de que las cosas cambien, pero solo para seguir igual que siempre.

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