TELEGRAMA // Héctor Barragán

Millones de religiosos han recibido el mensaje sobre la riqueza y la salud del alma, hasta la salvación, aunque el Concilio es para las personas contadas que caen en la esclavitud del dinero y los bienes materiales, a diferencia de los millones de trabajadores que en el dinero medido es fuente de felicidad, de la paz, tranquilidad y bienes para el vivir bien y contar con salud.
Sin embargo, no es extraño que los principales defensores de las grandes fortunas, las que generan por cierto la multitud de las escasas o precarias condiciones económicas, algunos de los cuales defensores militan activamente en el poderoso grupo minoritario, provocando su contraste las envidias sociales nacionales e internacionales, por la dinámica natural del dinero, de crecer constantemente y a costa de las personas que consumen la totalidad de sus ingresos en sostener un modesto nivel de vida, de salud y de cultura.
Se oculta en el pensamiento de los afortunados que lo más inteligente es el proceso económico y social estriba en que tal inequidad, genera precisamente toda suerte de injusticias, y no solamente la económica. Es decir, que la maldición moral respecto a que un rico no podrá ser salvo, resulta ineludible y no solamente sería recomendable.
Por cierto, la expresión del maestro más justo de la humanidad, lo referiría en términos absolutos, sin posibilidad de omisión alguna, pero si se inicia el proceso nace la posibilidad de conseguir, al menos una reducción importante de las tensiones vigentes, pretexto para las masacres seculares a lo largo de la historia, y con visos de vivir demasiado tiempo… Hasta acabar con todo.

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