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Quebrando Coahuila

…no ha habido nunca intención de pagar la mega deuda, tapar el megafraude sí, ni hacer obra pública con dinero local que no hay, se trata de hacer como que se hace y exprimir el sexenio hasta su último día.-

Ismael Ramos y Rubén Moreira. La obra pública no cuesta lo que dicen.
Ismael Ramos y Rubén Moreira. La obra pública no cuesta lo que dicen.

El asunto pasó casi desapercibido de las páginas de los periódicos y de los medios electrónicos que alimentan de información a la opinión pública. El secretario de Finanzas del gobierno del estado, el hombre de las declaraciones más desafortunadas de toda la administración pública local, no pudo contener más lo que le molestaba en el buche, y soltó que el gobierno del que forma parte, no contento con haber puesto al borde de la quiebra a gran cantidad de empresas, todavía les estaba exigiendo un sacrificio más, indignado al cegato de Lito Ramos, solo le faltó acusarlos de falta de solidaridad, aunque dejó ir la amenaza nada velada de que su trámite entonces, iba a seguir “el curso normal”, o sea que el pago de lo que se les debía, todavía podía prolongarse hasta un futuro ignoto.
La cuestión no es para nada menor, como es práctica común en la administración pública a la mexicana, y refinada todavía más en el estado de Coahuila desde tiempos inmemoriales, la obra pública no cuesta lo que dice que cuesta, en los infladísimos costos que se terminan pagando, van incluidas toda clase de enjuagues, chanchuyos, prebendas, que quienes tienen a cargo las edificaciones desde la parte del gobierno, exigen a los contratistas a cambio de ser los beneficiados con las adjudicaciones. A lo mejor sería exagerado presumir que esta práctica, como la hubiera calificado alguien que sabía mucho del asunto, Horacio Del Bosque, es una “costumbre histórica” que se remonta hasta los tiempos en que se construyó el palacio de Moctezuma… pero sí tenemos perfectamente claro que ni la plaza de las hermanas de Óscar Pimentel costó doce millones de pesos en su momento, como tampoco eso que dicen que fue la remodelación del Mercado Juárez que facturaron en otros doce al mismo Pérez Prado, que la ciclovía haya costado dos millones de pesos en topes de goma que puso Jericó Abramo, que la remodelación de la calle Victoria cuando Jesús Ochoa era secretario de Obras Públicas haya consumido cuarenta y dos millones, y así por el estilo hasta el infinito. Y es que de esas cantidades finales, mucho, elija usted el porcentaje, un diez, veinte, cincuenta, setenta, terminó en los bolsillos de funcionarios de todos los pelambres, y solo un resto en la obra en sí misma.
Regresando a lo de Ismael Ramos y su gran idea de que para abatir el costo de los adeudos que tiene el gobierno del estado con los contratistas y proveedores desde hace tres años y no pocos mucho más tiempo, atreverse a pedirles que no sean gachos, y que para agilizar el trámite “le hagan una quita”, es reverberar la mentada de madre que se llevaron con el contrato inicial. Ah, porque tengamos una cosa perfectamente clara, ningún funcionario da paso sin huarache marca Gucci, o la que sea que más les guste calzar, la que podríamos llamar “comisión por adjudicación”… si entendemos de lo que estamos hablando, esa se paga “en efe y por Adela”, en efectivo no rastreable y con cargo al adelanto de los costos de las obras. Ya lo que pase después, les importa muy poco. Pero entre ese poco, no se olvide de las comisiones que suelen pedirse en Finanzas para agilizar los trámites, estas comisiones suelen ser “conservadoras”, lo que se pide es un módico diez por ciento, que no es desproporcionado, atendiendo a que lo único que se va a hacer es poner el cheque del proveedor equis, encima de todos los demás, y no es raro que se pague hasta con alivio, pues de lo contrario… el mismo podría no emitirse, o aun emitiéndose y ya firmado, salir con errores o quedarse sepultado al fondo del altero, que a buena parte de los empresarios coahuilenses les costa, es altísimo.
Así es como se van juntando los costos de gestión por ser proveedor de gobierno, pero si le suma el más alto de todos, el costo del dinero, allí sí que es para hacer temblar al mejor plantado. Supongamos, y no es nada raro, que para sufragar los gastos de realización de una obra, al empresario le faltaba capital de trabajo, es entonces que acude a una institución bancaria en busca de financiamiento, es normal, para eso están los bancos… ¿pero qué es lo que pasa cuando la fecha esperada de pago de la factura se dilata de los tres meses considerados normales, hasta el año, los tres años, los seis años?, ¿usted cree que el banco, comprensivos como son todos ellos, le dicen, no te preocupes, yo te aguanto hasta que te paguen… y además no te cobro intereses adicionales?, no hay bancos de esos, y si no pregúntele al mismo Lito cuando trae la otra cachucha, la de pedigüeño con los bancos para que le refinancien el megafraude.
No son pocas las empresas que tuvieron que liquidar sus activos para pagar los adeudos a los bancos, otras se fueron a la quiebra, y mientras, las facturas durmiendo el sueño de los cadáveres… y llega Lito a decirles que de la cifra original facturada, y sin soñar con que les paguen intereses, todavía se bajen un 20%, con lo que han tenido que pagarle los empresarios al banco, menos todas las comisiones mencionadas y otras que se quedan en el tontero… trabajar para el gobierno, en especial para el de Coahuila, no es para nada el negocio que quizá alguna vez fue, pero que definitivamente ya no es, y si no, que se pongan machitos y den a conocer a la opinión pública la lista de los empresarios que sí están dispuestos a trabajarle al rubenato, siempre y cuando se pague por adelantado, hemos sido testigos de dos que tres que olímpicamente le dicen a los otrora déspotas personeros del gobernador, no te fio ni un día, y allá van de regreso con la cola entre las patas.
¿Qué clase de negociación es esa que pretendía, y seguro sigue pretendiendo pero soterradamente el secretario de finanzas?, la legislatura pasada del Congreso estatal aprobó un oscuro crédito para pagar a proveedores con los que se tenían deudas por obra pública. Nadie nunca dio la cara de por qué o para qué se estaba pidiendo y se autorizó el triple de deuda de lo que se iba a pagar a los tales contratistas, y luego salen con que a esos les están queriendo tumbar todavía una quinta parte, ¿Qué es lo que pretende el gobernador, su cuentachiles secretario de finanzas u otro gobiernícola con ese macabro juego de números?
Que tampoco nos hagamos, ni hay ni ha habido nunca intención de pagar la megadeuda, tapar el megafraude sí, ni hacer obra pública con dinero local que no hay, se trata de hacer como que se hace y exprimir el sexenio hasta su último día. Pero tampoco quieren irse pobres cuando acabe el tristemente célebre rubenato. Están echando mano de cuanta truculencia tienen a su alcance, agradecidos debemos estar que no sean ningunas lumbreras, pues hasta el momento, la mayoría de los tiros no han salido a su antojo, y es que es tan poco lo que los empresarios y el pueblo de Coahuila tienen que perder, que se están cada vez más topando con pared.

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