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Bronclovita la Bella

Él gobernador, que presume que todo está en calma en lo político, laboral y policiaco, se puede enfrentar a un estado poco menos que de insurrección…

horacioTodo Napoleón tiene su Waterloo, dice la conformista sabiduría popular, ¿pero por qué no dice nada nadie de Horacio Nelson, vencedor de la hasta entonces Armada Invencible en Trafalgar, o de Arthur Weselley, el célebre Duque de Wellington, quien derrotara al pretencioso, arrogante y déspota emperador francés, que como se dice popularmente “chupó faros”?, como que los mexicanitos, y a lo mejor los latinos, siempre le vamos al pobrecito perdedor, y quien sabe por qué complejos, no nos acordamos de los triunfadores, aquellos que los pusieron de rodillas.
Adaptando el postulado anterior, podríamos aventurar la teoría de que cada gobernador de Coahuila tiene su propio Waterloo, aquel problema que le explota en las manos y que ninguno de los que recordamos, ha salido bien librado, pese a haber tenido suficiente tiempo para ver venir las cosas, armar una defensa conveniente, y salir victorioso, no, los pomadosos gobernadores coahuileños salen a cual más de raspados porque la bronca nunca la vieron venir, mucho menos tomaron medidas preventivas, y a la hora de las correcciones… bueno, ninguna ha pasado de la mediocridad, tan pronto las cosas se asientan porque no queda otra más que las aguas regresen a su cauce, a ocuparse de otros infiernitos, que al fin de cuentas, no hay sexenio que dure más de seis años ni coahuilense que lo soporte, ya la olla de presión le estallará en la cara a su sucesor. Decíamos que son dos las broncas recurrentes en este estado, hay otras, pero son de más bajo perfil: la primera es con la peligrosa dependencia de la economía de la Región Centro de la producción de acero a cargo de un puñado de compañías encabezadas por Altos Hornos de México, y la segunda la todavía más enfermiza dependencia que se vive en la Región Carbonífera de la extracción de carbón mineral que se vende para la generación de energía eléctrica a la Comisión Federal de Electricidad, y para la producción de acero precisamente a las empresas ubicadas en Monclova. Dos problemas dos, cuando no es uno es otro, y cuando no, son los dos juntos, todo porque pese a lo enormemente productivas que son ambas actividades económicas, no dejan de ser endebles, y cuando los mercados estornudan, a los trabajadores les da neumonía y pulmonía agravada por la silicosis.
Hace mes y medio ni quien pensara que el asunto del dumping del acero que desde hace algunos años se viene registrando, estallaría de la forma en que lo ha hecho: con despidos masivos de trabajadores de las principales empresas productoras, con marchas, con llamados a la autoridad federal a la que con todas sus letras han acusado de incompetente, cuando no de corrupta y coludida en lo que también con todas sus agravantes llaman traición al pueblo de México. Esto, es lo aparente, lo que no lo es tanto es la pérdida de empleos indirectos, el cierre de plantas industriales y de servicios que forman parte de la cadena productiva del acero, el serio golpe a las expectativas de crecimiento económico del país, toda vez que ¿Quién se daba cuenta de esas cifras? La del acero representa el 2% del PIB, y por supuesto el problemón político que le truena en las manos al gobernador Rubén Moreira Valdés, uno para el cual definitivamente no estaba preparado ni él en lo personal, ni eso que llama su gabinete, y por el que seguramente le pedirán cuentas allá donde las cosas cuentan, en Bucareli o en Los Pinos, ¿o no lo tienen de virrey precisamente para esos casos?
Sería demasiado esperar de un gobernador, de este gobernador que estuviera enterado de todo, políticos de esos se dan muy de vez en cuando y son más bien la excepción que la regla, lo malo es que nos acostumbramos los coahuilenses el sexenio pasado a que el profe nos cuidaba, y este sí, sabía quién vivía en donde y a qué se dedicaba, cuanta gente habitaba en una colonia y cuantos carros pasaban por un puente, también ha de haber sabido como estaban las cosas en el mercado del acero, porque a pesar de los enfrentamientos que tuvo Humberto Moreira con el gabinete de Vicente Fox primero y de Felipe Calderón después, la situación se mantuvo bajo relativo control.
Pero regresando al momento actual, estamos de nueva cuenta frente al proverbial pozo donde se han ahogado un montón de niños, sin que el gobierno haga otra cosa que poner un cartón para tapar la boca del mismo, cartón que el primero que pasa se lleva para hacer una pared en su tejabán.
Mil veces se ha dicho que no se debe depender de una sola actividad económica, que hay que diversificar la economía de las regiones, que hay que promover empresas que paguen bien y sean menos peligrosas y demandantes que la del acero… y por supuesto no ha pasado nada.
Con los gritos que pegó en aquella conferencia de prensa Alonso Ancira, tirándose a la yugular del secretario de economía del gobierno federal, puso en evidencia que la poderosa Cámara de la Industria del Acero no es ni bien vista ni bien recibida en aquella dependencia, y mire que estamos hablando de una rama de la que dicen ellos que dependen más de seiscientos mil empleos entre directos e indirectos, si en Economía no pelan ni a la CANACERO, ni a la CANACINTRA, ni a los poderosos capitanes de empresa, que solo están pidiendo que aquellos hagan su trabajo de evitar que los chinos, rusos, turcos y quien sea que quiera vender acero por debajo de lo que aquí cuesta producirlo, reviente la industria nacional.
Eso en cuanto a las relaciones públicas entre empresa y gobierno, ¿pero alguien cree que un gobernador, sobre todo uno tan cuestionado como el de Coahuila, que para colmo arrastra un apellido con el que nadie quiere tener vínculos en estos días, tendrá derecho de picaporte con el secretario de Economía, con el de Hacienda, con el jefe de la oficina de la presidencia o con el mero mero, para interceder por Monclova y los monclovenses, por los empresarios y por los trabajadores?, si esas fotos que a cada rato sacan son más para que la gente diga que el gobernador hace algo y que a alguien le importa, porque lo que es trabajo, eso no se ve. Sin temor a exagerar, este asunto es el Waterloo de Rubén Moreira, quien se haya en una situación más grave de lo que se advierte a primera vista.
Él, que presume de cien mil empleos logrados en cuatro años de gobierno, puede perder de un solo plumazo unos veinte, treinta o cuarenta mil. Él, que presume que todo está en calma en lo político, laboral y policiaco, se puede enfrentar a un estado poco menos que de insurrección, y no contra nada que haga el Estado, que es bien poco de por sí, sino contra el gobierno federal, y eso sí que en gobernación no lo perdonan.
En fin, el asunto de Monclova está que arde, pero así como se fraguó más allá de los límites de Coahuila y probablemente a miles de kilómetros de México, la capacidad para resolverlo en corto sobrepasa con mucho la mediocridad de un gobierno que ni siquiera vio cuando comenzaba el incendio.

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