¿Alguna vez se escuchará en México?

Escribe: Alejandro Noé Barranco.-

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El discurso de Donaldo Trump al asumir la Presidencia de Estados Unidos lo escuche con atención y en verdad se sentí verdadera envidia, ya que nunca o en los últimos años nunca se ha escuchado o quizá nunca escucharemos a un gobernante mexicano, hablar así para defender a México en contra de sus propios y de los abusos cometidos por los ajenos. ¿A quién no le gustaría escuchar alguna vez a un político mexicano defender con vehemencia a la patria?
Es cierto que nosotros como mexicanos no sentimos agraviados por las amenazas de que pagaremos al Muro Fronterizo, que las remesas de los paisanos serán confiscadas, que las empresas norteamericanas que trabajen en México se irán para dejar en el desempleo a los mexicanos y es patentica la xenofobia. Además de otros negativos que forman el carácter el Presidente estadunidense, pero algo debemos tener en claro. Donald Tump gobernará a los gabachos y no a los mexicanos.
A mí lo que me llamó la atención fue la vehemencia con que se dirigió hacia sus gobernados al señalarles que «Hará a Estados Unidos grande» que ya los «estadounidenses están cansados de permanecer estancados económicamente» que no es posible tolerar como otros países se llevan los empleos que deberían ser para los nativos de esa nación a tal grado que ahora las familia ya no tienen nada que celebrar».
Fue contundente cuando asentó: «Este país les pertenece a todos los que están aquí reunidos y a quienes observan a lo largo de Estados Unidos. Este es su día, esta es su celebración y este, los Estados Unidos de América, es su país» y fue claro al asentar que «Lo que de verdad importa no es qué partido controla nuestro gobierno, sino que la gente controle nuestro gobierno».
Y su discurso continúo centrando ante todo en señalar que «Hará nuevamente a Estados Unidos el país grande del mundo».
Indudablemente este discurso contiene una alta dosis de demagogia, pero sabiendo cómo se las gastan en Estados Unidos, difícilmente dejarán que el político haga de las suyas y a final de cuentas nada cumpla de lo prometido. Al contrario allá si se exigirá que cumpla o que renuncie.
Aquí precisamente es donde nació mi envidia pues al comparar como en la generación que nos toco vivir hemos ido de menos a peor en los últimos mandatos de Gobierno, sin que nadie ponga un freno a la clase política mexicana, la que no trabaja para los mexicanos, sino su razón de ser y estar en el poder es para servir al grupo del poder, el cual los postula.
En los personal en mi memoria sigue presente la palabras de José López Portillo cuando nacionalizó la banca «Nos saquearon, ya no volverán a hacer» y «a partir del ahora defenderé al peso como un perro», hasta el último discurso hueco de un político comarcano quien llamó a la población a levantar la cacerola para decir al Gobierno de la República: «Ya basta de los gasolinazos, ya no lo permitiremos».
Palabras que el viento se llevó, promesas que para ellos les significó un gran beneficio personal y se convirtieron en para un proyecto político que en nada beneficia, pero que si perjudica y empobrece a la mayoría de los mexicanos.
Muchos no sólo quisieran escuchar un discurso de esa naturaleza, sino desean, sueñan y quisieran tener a alguien que realmente se comprometiera con México, con cada uno de sus habitantes y establecer un programa firme y seguro que atienda cuando menos las necesidades elementales para sobrevivir con dignidad.
Más sin embargo la realidad es más distante para los mexicanos, no hay discurso de aliento, no hay programa en acción y sólo detectamos títeres que supuestamente pelean por ser llegar a los mandos de Gobierno, primero para atender los mandatos del Grupo en el poder, que los imponen en diferentes partidos para ubicarse en los mandos de Gobierno y segundo para resolver los problemas más urgentes para ellos. Es decir sacar a sus empresas de la quiebra o dar solución definitiva a sus problemas existenciales de ellos y sus familias.
Es por eso que sentí una gran envidia y más cuando sé que los estadounidense, no sólo respaldarán lo que haga, y también le exigirán realice lo prometido con creces.
Eso por desgracia nunca lo veremos en México.

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