Suspenden «teleférico» de Torreón por errores de precipitación de Morán

BAILE Y COCHINO.-

«Fallas de ingeniería», ¡no tomaron en cuenta el estorboso cableado de alta tensión de la CFE!

TELEFERIQUITIS.-

Por Horacio Cárdenas.-

teleferico

La política de éxito tiene mucho de relaciones públicas, tiene también bastante de sensibilidad de esa que llaman política pero que más bien es de saber encontrar y utilizar aquellas cosas de la sensiblería popular que pueden convertirse en un momento determinado del calendario, en votos, y en otros, en simpatía para un determinado gobierno, la que a su vez se traduce en que al gobernante lo dejen hacer lo que le venga en gana con tal de que tenga contento al pueblo, y que este quiera repetir con el mismo partido, ya que no con el mismo grillo, por esas cosas de la democracia.

Así, se ha dicho que la mejor manera para que un gobierno funcione es que logre identificar dos o tres, es más, un solo elemento que toque el lado emocional de la población, y con eso ya la tiene hecha, o como dice el proverbio, puede echarse sobre sus laureles, no ingenuamente a dormir como se dice, sino a grillar y por descontado, a sacarle provecho económico a esa simpatía que logre sembrar.

En algunos ámbitos de la función pública basta con encontrar “el punto clave”, “el caso del año”, o como guste usted nombrarlo, en cada dependencia hay lo que podría denominarse mercadológicamente sus “nichos de oportunidad”, que no son más que esos con los que se logrará la proyección ante la población, ante sus jefes, ante el partido, aunque también pueden convertirse en la peor pesadilla del funcionario, si falla en darles el cumplimiento, o de perdida en convencer a la gente de que está haciendo como que está haciendo.

Si lo que más le importa a la población de una determinada ciudad es un crucero conflictivo, lo que tiene que hacer el alcalde es poner un policía las 24 horas del día para que todo el mundo lo vea ¿Qué importa que el resto de la ciudad esté convertida en tierra de nadie?, al pueblo lo que pida. Si de lo que se trata es de una cuestión policíaca, atrapar al perpetrador de un crimen particularmente ofensivo para la sensibilidad de la población, ah pues dedicarle todo el esfuerzo a resolverlo, haciéndose la fama de duro y efectivo, de la que las policías y procuradurías carecen en grado superlativo; si de lo que se trata es del respeto a los derechos humanos, por lo demás la parte bonita de la administración pública, darle para adelante a cuanta recomendación les hagan las comisiones, parando si acaso solo ante las peticiones de quemar a los burócratas gachos en la plaza de armas, pero sí arrimándoles la lumbre, en fin, casos hay muchos, cosa de saber elegirlos y capitalizarlos, para lo cual repetimos, hace falta sensibilidad y tener algo adentro del cráneo.

En días pasados Torreón vivió uno de esos momentos críticos en la relación entre gobierno y gobernados, todo por una falla monumental en eso de la sensibilidad, el alcalde interino de la capital del estado libre y soberano de La Laguna, Jorge Luis Morán, pasó sobre la parte más emocional de los torreonenses en particular y los laguneros en general, al desmantelar El Torreoncito, escultura monumental que ¿Quién iba a pensarlo?, significaba para la población un símbolo con el que se identificaban más de lo que ninguna autoridad habría imaginado, salvo claro, que tuvieran la multicitada sensibilidad para lo que conviene políticamente y lo que no.

Acá entre nos, el Torreoncito siempre nos pareció poquita cosa, con poco de arte y menos de ingenio, una estructura que salió barata y que, a lo mejor por eso siempre se veía fea, cuando no estaba rodeada de maleza, estaba pintarrajeada. Pero a lo mejor por ese conjunto de características, lo malhecho, lo dejado, lo feo, lo abandonado, por eso es que tenía un sitio especial en el corazón de los habitantes de una ciudad que alguna vez fue la Perla de La Laguna y en los últimos años deja demasiado que desear de aquellas viejas glorias.

¿Qué le hubiera costado al alcalde Morán organizar un traslado con bombo y platillo del Torreoncito a un nuevo parque donde se viera mucho mejor que allí donde estaba?, sensibilidad y pocos pesos que hubieran sido vistos como inversión política para su patrón el que lo dejó encargado del changarro, y al que le está entregando cuentas muy balines, sobre todo en votos para el 4 de junio.

Pero tanta vuelta es para aterrizar en otro asunto de sensibilidad política que le ha salido a la alcaldía lagunera como el proverbial tiro por la culata, nos referimos por supuesto al teleférico, magna obra en la que empeñaron dineros… que no había, aplicando ingenio y experiencia… que tampoco había, para un proyecto de pretendido impacto social, turístico y a final de cuentas electoral, que se ha topado con más obstáculos que si las góndolas viajaran sobre el pavimento, en vez de como lo harán, algún día, por los aires.

La última que se dio a conocer del pésimamente ejecutado proyecto de teleférico al Cerro de las Noas es que a nadie entre todos los ingenieros de la Dirección de Obras, de los contratistas, de los subcontratistas, de los alelotes que siempre andan con los funcionarios, de los asesores, de toda esa fauna, se le ocurrió verificar que el cielo, el espacio por donde tendría que pasar el teleférico en su viajecito, pues bien, luego de los meses y años de planes, planos, montaje de columnas, tendido de cableados, esta semana se dieron cuenta que por allí, precisamente por allí por donde transitaría el teleférico… pasan unas líneas de la Comisión Federal de Electricidad… y que por eso, la prometida inauguración del teleférico para la semana santa de este año… se cancela hasta que San Pedro baje el de dulce.

Y sacamos a San Pedro a colación, sin ser Navidad, porque si una dependencia puede ser lenta para hacer que haga algo, esa es la CFE, no que sea difícil técnicamente hablando bajar la catenaria de un cable o mover una línea de postería más para acá o más para allá, lo difícil es el papeleo, las autorizaciones, que los trabajos se los echan en un día.

Nomás para seguir con el ridículo, los funcionarios que oficializaron la triste y políticamente dañina noticia, ni siquiera saben distinguir entre fibra de vidrio y fibra óptica, pero esto es perdonable porque no los pusieron allí por inteligentes o eficientes, sino por fieles priístas, y de allí sígale para donde quiera.

El proyecto que habría de subir los bonos de Torreón entre los turistas y fervientes devotos, se quedó en tierra hasta nuevo aviso, y qué bueno, porque la otra opción sería que su viaje en el teleférico fuera su último viaje, aunque tampoco sabemos si ahora la energía va por fibra óptica que lo pueda a uno achicharrar, o es nomás que pudiera afectar las líneas de comunicación que están colgadas de los postes de la Comisión. Ni modo, a seguir trepando el cerro a la antigüita, a pie o de rodillas según la fe de cada quien, pero eso sí echándole madres a un ayuntamiento que es capaz de edificar un teleférico que es en realidad un monumento a la torpeza. Ya se lo cobrarán en votos… a Miguel Riquelme, quien estará mascuyando que no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace interino.

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