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Nomás falta que Evaristo y El Coco dirijan el sistema estatal anticorrupción

Del “robo honesto” a la rapiña total.-

Escribe; Alfredo Reyes Ramos.-

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Hasta en las democracias más avanzadas como la de los Estados Unidos se toleró la existencia de cierta corrupción, una especie de anuencia para el uso de recursos públicos en beneficio de las maquinarias de partido, asimismo, para premiar en lo particular a los políticos más destacados. De igual forma hubo en México “cajas chicas” para financiar elecciones, como fueron Banrural, Pemex o la Lotería Nacional. Ahora están de moda las empresas fantasmas al estilo “Marucha”.

Todo un caso en EE UU fue el de George Plunkitt, un destacado socio del Tammany Hall, una organización política adherente del Partido Demócrata en Nueva York, como una especie de CNOP para dicho partido, que utilizaba dinero público en una red de líderes políticos “mapaches” (como nuestra lideresas de colonias), entre ellos el tal Plunkitt, que fue quien acuñó la expresión de “honest graft”, algo así como la “corrupción honesta”, por el uso del erario para aceitar la maquinaria partidista y al hecho de hacer fortuna al amparo del poder.

Hoy vemos como ese “honest graft” se ha topado de frente con una ola de moralidad que ha surgido por el mundo, menos en México, donde nunca ha existido la “corrupción honesta” sino todo lo contrario, la rapiña total.

En España, durante el gobierno de derechas de José María Aznar estalló el caso Gurtel, un escándalo de corrupción del Partido Popular con empresas fantasmas y lavado de dinero. Ya hay presos condenados por esos delitos.

Es la misma situación que enfrenta el izquierdista Ignacio “Lula” da Silva en Brasil, ex presidente condenado a prisión por el delito de “corrupción pasiva” o sea, por “aceitar” al Partido del Trabajo con dinero ilegal.

Asimismo en Francia sucedió la detención policial del ex presidente derechista Nicolás Sarkozy, acusado de financiar con dinero ilícito su campaña electoral del 2007.

Caso actual del presidente peruano Pedro Kuczynsky, implicado en la trama “Odebrecht”, la principal corruptora de políticos latinoamericanos desde los tiempos de la United Fruit Company (UFC), la que a principios del siglo pasado dio origen al ominoso calificativo de “repúblicas bananeras”, que eran los países a los que la UFC de facto gobernaba,

Y conste que el principio corruptor y de injerencia electoral entre la bananera UFC y la transnacional Odebrecht es el mismo. Claro, la United Fruit fue más violenta al ordenar represiones militares. En 1928 la UFC organizó los comicios en Nicaragua. El ejército gringo cuidó todas las casillas y los candidatos de la bananera ganaron las elecciones. Poco tiempo después, en 1934, el opositor César Augusto Sandino era asesinado por consigna de la frutera y de los gringos.

Hoy la empresa Odebrecht no es tan asesina pero sí demasiado agresiva en su carácter corruptor. Sobornó a funcionarios de 12 países (México, entre ellos) para influir en las elecciones y ganar ventajosos contratos. Muchos de esos funcionarios (algunos ex presidentes) ya están en la cárcel, menos en México.

La paradoja está en que aquí, a pesar de tantas instancias anticorrupción, es donde más imperan las corruptelas y la impunidad. Pero ya lo sabíamos por Tácito desde la antigua Roma, quien acertó al decir que los Estados más corruptos son aquellos donde más abundan las leyes. Y Coahuila no es la excepción, poco nos falta para que Marucha, doña Gabriela, Lito, Chuy Ochoa, Evaristo Madero, el Coco Dávila, Torres López y la Chopa dirijan el Sistema Estatal Anticorrupción. Son los amos de la rapiña total.

 

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