Subí a la camioneta a un anciano que buscaba a su nieta… ¡era un fantasma!

¿EXISTE LA VIDA DESPUES DE LA MUERTE?

PODRÁ EL HOMBRE REGRESAR

DESPUÉS DE MORIR?

 Escribe: Heriberto Robles Rosales.-

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Una historia que impactó mi vida y que al paso de los tiempos, aún me estremece de pensar, si fue cierta o fue producto de mi mente enfebrecida por mis recuerdos, quizás por el cansancio, el sueño, o si realmente ocurrió, el día, el año, quizás no importan pero es mi historia y como tal quisiera contarla.

LA MUERTE Y LA VIDA.

El misterio de la vida es insondable, creo que jamás sabemos donde se marca el limite de la vida y la muerte, y creo que nadie nos podrá decir cuando se rompe ese hilo invisible que separa la muerte de la vida, a veces el hombre se llena de soberbia y siente que tiene el poder y el conocimiento para poder describir cuando el hombre termina su camino en esta vida y cual es el destino final de nuestra alma, pero existen situaciones que no podemos explicar y nuestra mente finita se pierde en teorías y en razonamientos religiosos, donde nadie se pone de acuerdo, pero de que existen situaciones que no podemos explicar, ¡existen!, hombres, mujeres, niños que pueden ver, incluso platicar con quienes ya se fueron de la vida que conocemos como tal, esta historia es una de ellas, creíble, mentira, sueño, imaginación ¡NO SE!  pero es mi historia y así la quiero contar

EL VIAJE.

Procedía de las Montañas del Teira, en uno de mis tantos viajes por esas sierras y caminos del Señor, no se, ni me explico aún por qué tomé el camino antiguo a Concha del Oro, acababa de pasar por el mineral de Mazapil, a mi izquierda quedaban las ruinas del mineral de Salaverna, iniciaba el ascenso a la parte más alta de la sierra, antiguamente existía un letrero de bienvenida a Mazapil un letrero que ya no existe, a mi espalda quedaba el pico de Teira y al frente “orgulloso” el cerro del Temeroso, fiel vigilante de Concepción del Oro, Zacatecas, recuerdo que bajé de mi vehículo para descansar un rato y a partir de ahí todo se convierte en un sueño.

MIS RECUERDOS

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La noche era lóbrega, el camino aquel serpenteaba entre lo escarpado de la sierra, los faros de luz de mi camioneta rompían la densa oscuridad, una fuerte melancolía se hacía presente en mi soledad, mis pensamientos volaron en las alas del viento y del recuerdo, llevándome a la casita aquella de mi pueblo donde había pasado los ya muy lejanos tiempos de mi niñez.

El recuerdo de mis abuelos y mis gentes, ya muertos, llegaron a mi mente, entonces aquella desgarradora soledad de mi vida en las minas, en la aridez de sus paisajes y en la ausencia de cariño hicieron que las lágrimas llegaran a mis ojos, nublándolos de forma tal que tuve que suspender mi viaje momentáneamente.

Me sentía desgraciado por verme en aquel camino sólo con mis recuerdos. Recuerdos que se transformarían en perfume, un perfume no de olvido, pero si de alegría, de unos recuerdos que de tristes pasaron a alegres de una época ya ida y que nunca más volvería recuerdos, que jamás me abandonarían.

EL ENCUENTRO

Llegando al Cobre, Zacatecas, también llamado la Gran Cuadra de Aranzazú, un mineral fantasma, solo casas en ruinas, casas que demuestran que en un pasado lejano tuvieron su grandeza, cerca del tiro de San Carlos, recordé la bocamina de la Mina Socavón General, ¿cuanta riqueza salió de estas minas? Pero el destino de los pueblos mineros es ese,  de una prosperidad pujante a un pueblo muerto, un pueblo fantasma, en una curva del camino, de pronto se apareció un hombre ya viejo, en su cara se veía surcada por miles de arrugas, vistiendo como un minero, levantó su mano para pedirme un raid,  paré, esperando que aquel hombre se acercara, y con una voz un tanto fuerte me dijo:

-amigo, ¿me puede llevar a Concha?

-Claro que sí, súbase. –le respondí.

Ya instalado dentro de la camioneta, reinicié la marcha y aquel hombre empezó su plática.

-¿De donde viene amigo? ¿Y por qué tan tarde?

-Vengo del Teira y voy para Saltillo… ¿Cómo ve, llegaré?,  ¿y usted que anda haciendo por acá solo?

-Ya tengo tiempo de andar por estos lugares, aquí tenía mi casa, pero hoy busco algo que no puedo encontrar, busco a mi nieta señor, fíjese que no pierdo la esperanza de encontrarla, yo se que la tengo que encontrar.

Quisiera tener palabras para describir lo que sentí, un viento helado se sintió correr dentro de mi camioneta, más no sentí miedo sino solo curiosidad por saber quien era aquel hombre que buscaba a su  nieta en medio de la oscuridad tan densa como aquella, y además tan viejo.

-¿Y porque la busca por aquí mi amigo?

– Déjeme le cuento. Mi nieta es una niña muy hermosa, nosotros vivíamos en Mazapil y un día decidimos venir a las ferias de Concha, señor… si parece que fue ayer. Mi nieta quería mucho a su papá, él nos estaba esperando en Concha, y no puedo olvidar cuando salimos de Mazapil, ya a la salida, una señora vestida de negro le hizo la parada al autobús. Entonces éste era el único camino que había, esta cuesta tan peligrosa; aquella señora vestida de negro se fue a sentar hasta el fondo del autobús, nadie reparó en ella, solo mi nieta señor, ella si volteó a verla, aquella mujer le sonrió a mi nieta, una sonrisa que me parece todavía recordar, mi nieta me dijo entonces, “Guelo”, “guelito”, no vamos a llegar a Concha. La desconocida empezó a platicar del gran amor que tenía por su padre, y dijo que sabía que lo que estaba por suceder lo iba a llenar de dolor y tristeza.

Mientras hablaba aquel hombre se veían correr gruesas lágrimas por su rostro,  iluminado apenas por las luces del tablero de la unidad, siguió hablando y recordando escenas de su familia y en ellas siempre aparecía la imagen de su nieta.

-No pueblo olvidar cuando llegamos al Cobre el autobús todavía levanto a un pasajero, al fondo ya se veía la población de Concha, de pronto mi nieta empezó a llorar, ella quizás, señor, sabía que nunca más volvería a ver a su padre, fui testigo de cómo quiso gritar, bajarse de aquel autobús de la muerte, más ya no lo pudo hacer; de pronto gritos de desesperación, un ruido y la caída, oscuridad absoluta, heridos, muertos, ¿cuántos?  señor, no sé, solo una oscuridad muy negra y al fondo una luz muy brillante que nos llamaba. Yo buscaba a mi nieta y ya no la encontré mi amigo, de aquella mujer vestida de negro tampoco la volví a ver, sólo aquella luz brillante como si estuviera saliendo de la mina, los ruidos cesaron y todo quedó en silencio a mi alrededor. Era como si la muerte hubiera viajado con nosotros, ya teníamos una cita con ella, por eso, mi amigo, vengo a buscar a mi nieta porque ella tiene que llegar a ver a su padre. Hay quienes dicen que la han visto llorando, paradita a la orilla del camino, buscando quien la lleve a encontrarse con él en Concha, donde la espera.

EL FINAL

Al fondo del camino aquel, se veían parpadear las luces de la empresa minera y las luces del poblado, el hombre aquel guardó silencio, como lo guardé yo. De pronto, al llegar a una curva me dice con aquella voz un tanto fuerte:

-¡Párese mi amigo!  aquí me bajo, tengo que regresar a buscar a mi nieta, muchas gracias por escucharme yo aquí me quedo.

A  partir de ahí todo me parece un sueño, no recuerdo ni como fue que llegué a Saltillo ya muy de madrugada, pero la voz y la presencia de aquel hombre me parecieron reales.

Desde entonces esta historia es parte de mi vida, y aunque me digan lo contrario yo creo que a las almas buenas se les da la oportunidad de regresar  de una vida que algún día habremos de conocer, después de la muerte.

LA DESPEDIDA

El tiempo a transcurrido inexorable, aquel episodio de mi vida aún permanece fresco en mis recuerdos, la imagen fantasmal de aquel viejo que me pidió raid buscando a su nieta, quizás los dos estén muertos, las historias se convierten en leyendas y los vivos un día estaremos  muertos, o ¿acaso ya lo estamos? es una buena pregunta que nadie me puede contestar.

Pero pues como decía un buen amigo ASI ES ESTO. hrobles52@outlook.com

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