Una calle de Saltillo… ¡honra una traición!

LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS VENCEDORES

Y EN MEXICO, TENEMOS UNA HISTORIA AL

GUSTO DE LOS QUE VENCIERON, LOAMOS

A TRAIDORES Y OLVIDAMOS A LOS HEROES.

carranza2

 

Escribe: Heriberto Robles Rosales.-

Allá por los años cuarenta a mediados del siglo veinte, el pueblo cantaba una estrofilla que sin duda era de autor desconocido, y más porque en aquellos tiempos la represión estaba a la orden del día, el pueblo es sin duda quien premia o castiga a los gobernantes, y el mismo pueblo es quien con su sabiduría lleva a la gloria del recuerdo a quien así se lo merece pero también llena de oprobio a quien se cree héroe o libertador de las masas.

Decía aquel estribillo:

OAXACA NOS DIO CAUDILLOS

Y COAHUILA, CAUDILLEJOS

SONORA NOS DIO LOS PILLOS

Y MICHOACAN DOS P…….

CALLE OBREGON

Recién llegado a Saltillo, en mi recorrer por las tierras ignotas de la república Mexicana, tuve el orgullo de conocer a un ingeniero de una familia que ostenta un apellido que sin duda llena de orgullo a Coahuila y de rebote al estado de Zacatecas, y digo de rebote porque aunque el hombre que llevó por los senderos de la gloria ese apellido nació en Zacatecas, específicamente en Majoma, municipio de Mazapil, su vida de revolucionario nació en Coahuila, y siempre su vida estuvo ligada al lado de otro Coahuilense, me refiero sin duda al general Don Francisco Murguía, hombre que permaneció leal al primer jefe del ejército constitucionalista y Presidente de México, Don Venustiano Carranza, hasta su muerte en Tlaxcalaltongo, cuando escapaban de los hordas traidoras del Plan de Agua Prieta, comandadas por Álvaro Obregón, es Murguía sin duda un leal hasta su muerte que sin duda lo manda matar con la farsa de un consejo sumarísimo de guerra nada menos que Álvaro Obregón. Y decía mi buen amigo, no es posible que una de las calles de Saltillo, lleve el nombre de quien asesinó al Presidente Carranza y a mi abuelo el General Francisco Murguía, ni a quien lo apoyó al formar las famosas caballerías del ejercito del Noroeste como lo fue Lucio Blanco.

UNA CARTA DE DIGNIDAD

Un documento histórico en el cual se manifiesta la dignidad heredada por los hijos de quien muriera alevosamente por las balas traidoras y dirigida a Álvaro Obregón que dice:

“San Antonio Texas, noviembre 20 de 1924.

Señor General Álvaro Obregón. México, D.F.

Por el aviso oficial dirigido a nuestra hermana, señorita Julia Carranza por el señor Fernando Torreblanca, nos hemos enterado de la pensión que a su favor y al nuestro dispuso usted nos fuera otorgada.

Menores de edad, pero ya con años suficientes para pensar y apreciar nuestros deberes, conscientes de la veneración y respeto para nuestro padre y en pleno conocimiento de los hechos y personas que causaron su muerte, le hacemos a usted el honor de dirigirle estas líneas para rechazar terminantemente tal pensión. La que, ni aun en el caso de la más absoluta penuria, que con nuestro trabajo hemos sabido alejar, aceptaríamos jamás venida de las manos manchadas de sangre de nuestro padre, al que por los favores que usted le debía, como tal, debía de haber respetado.

Tristemente conocida por todos los Mexicanos es la característica que a usted la adorna de hipócrita falacia en sus palabras y acciones, pero se ha sobrepujado usted a si mismo al firmar con la misma mano el decreto de pensión en atención a los grandes méritos y patriotismo que usted reconoce en nuestro padre, y el telegrama en que traidoramente y por baja ambición, veladamente, ordenaba el asesinato de Venustiano Carranza, Presidente Constitucional de la república y hombre en el que tan altas virtudes hoy exalta. Sin esta declaración el crimen de usted era abominable; con ella llega a lo inaudito.

Por ultimo señor Obregón, si con esos treinta dineros ha pensado usted pagar la sangre preciosa para nosotros derramada, sepa usted que todo el oro de que en uso de sus facultades extraordinarias pueda disponer, sumado a toda la sangre de usted, no bastará para pagar una sola gota de aquella, ni a acallar la justicia de la ley o, en su defecto, la divina, ejercitada quizá por mano de aquellos a quienes usted arrebato padre y guía, dejándolos en la orfandad y miseria que algún día caerá sobre usted y sus cómplices.

El dinero que a esta pensión ha destinado usted, estará seguramente mejor empleado como pensión a los traidores como Hermilo Herrero, instrumento material, con su hermano Rodolfo en la sangrienta traición.

Deseamos tenga usted, quizá por única vez, un rasgo de responsabilidad y valor en sus actos, anulando ese decreto que proviniendo de usted es para nosotros un insulto y que es absolutamente infantil que pueda servir de piel de oveja para encubrir al lobo.

De usted leales enemigos, Julia, Emilio, Venustiano y Jesús.

 

Así se expresaban los hijos de Don Venustiano Carranza del hombre que lleno de ambición matara a su padre.

LA MUERTE DE UN LEAL

A Francisco Murguía era al único Carrancista a quien Obregón le tenía miedo, para ello ordenó una feroz persecución y desde Zaragoza, Coahuila, Murguía dirigió una carta abierta al general Álvaro Obregón, a quien le llama delincuente común, jefe de un mal gobierno por inmoralidad política, y lo acusaba de malversación y despilfarro de fondos públicos, indignidades internacionales, aparte de haber nacido del crimen y sostenido por el crimen, adoptando el asesinato como sistema fundamental de conservación, contra sus enemigos políticos supuestos o reales, a quienes se hacía desaparecer por medio de la ley fuga, por el secuestro, por el fusilamiento y aun por procedimientos que ni el mismo Victoriano Huerta empleó jamás no obstante de haber pasado este como el tipo de soldado brutal que mata sin escrúpulos. Decía Murguía que Obregón alardeaba de que las cárceles estaban vacías en México, pero era porque no había piedad para nadie.

En esa carta abierta señalaba una lista de hombres que fueron asesinados por el régimen obregonista y terminaba su carta excitando al Presidente Obregón a que suspendiera el sistema de asesinatos y traiciones y combatiera cara a cara, sin cobardías y perfidias, con lealtad y el género de armas que merecen los hombres de honor y firmaba. De usted lealmente enemigo FRANCISCO MURGUIA.

Su muerte fue en un juicio rapidísimo el 31 de octubre de 1922 fue el general Abraham Carmona quien informaba vía Tepehuanes que Murguía había sido aprehendido en la Parroquia de aquel lugar, ordenándosele al general Juan S. Torres jefe de operaciones en Durango procediera a formar un consejo de guerra extraordinario que juzgara al prisionero, reuniéndose en el teatro del pueblo en Tepehuanes, la sentencia fue de muerte.

Ante el cuadro de fusilamiento Murguía arengó a los soldados a que no lo fusilaban sino que lo asesinaban, así en posición militar con la cabeza en alto recibió la descarga de muerte.

Una de sus hermanas en la Cd. de México, solicitó un amparo ante el juzgado 2º supernumerario mismo que le fue concedido el día 1 de noviembre, más de Tepehuanes recibieron la noticia que la sentencia había sido ejecutada.

De tal tamaño era el miedo de un hombre que más tarde habría de morir asesinado unos dicen que por un fanático religioso otros que por quien gobernaba a México en esos días, pero se habría de cumplir la sentencia del que a hierro mata a hierro muere.

Y en Saltillo una de sus calles lleva el nombre de ÁLVARO OBREGON, en honor de quien ordenara las muertes de muchos coahuilenses que por el hecho de sostener sus ideales y ser leales a quien merecía recibir lealtad. hrobles52@outlook.com

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