Calendarios Emp***tados

Baile y Cochino.-

Escribe: Horacio Cárdenas Zardoni.-

WhatsApp Image 2019-08-15 at 20.06.15

Allí le va una de esas ideas que a muchos les entran ganas de linchar al columnista, repetir en su humilde persona lo sucedido en Tepexco, Puebla, donde el pueblo entero se le fue encima a unos cuates a los que a mano alzada, muy de moda en el sexenio de pluma de ganso, sentenció a muerte y procedió a ejecutar a unos cuates a los que acusaron de secuestradores, sin que todavía se sepa a quien habían secuestrado. La idea nos hubiera llevado al Palacio Negro de Lecumberri o a las Islas Marías, y no precisamente para hacer una consulta en el Archivo General de la Nación, o de vacaciones al Paciífico mexicano, sino a purgar condena por proponer lo indefendible, y es que, la verdad de las cosas, no hay mejor gobierno que el que tenía antes de la caída del Muro de Berlín la Unión Soviética: un Politburó que se hacía cargo de todo, entre ello de elegir, retirar o borrar de la faz de la tierra a los gobernantes.
Comunista, socialista dirán de uno, pero ¿a poco no era todo mucho más fácil, al menos así se veía desde afuera, como se manejaban los soviéticos?, llegaba a tanto la desinformación popular, y aún de los servicios de espionaje extranjeros, que el máximo jerarca del gobierno, Breshnev, Kruchev, el que usted quiera, podía tener meses enfermo en cama, o haber fallecido hacía semanas, y el país se manejaba como si todo estuviera bajo control, y sí, todo estaba bajo control y al que se saliera del mismo lo mandaban a contar osos polares a Siberia o a Parras de la Fuente, que quedan igual de lejos, pero como que se desatara la temible ingobernabilidad, que se pusiera en riesgo el elusivo “estado de derecho”, que cayera la bolsa de valores, de eso nada. Cuando lo consideraban prudente, ponían otro gobernante, a quien aunque hasta el minuto anterior lo habían odiado a muerte, ahora lo amaban de toda la vida.
Ah pero acá en México, acá en Coahuila somos demócratas, hasta escribimos en el periódico El Demócrata, los coahuileños presumimos de ser la cuna del federalismo y quien sabe cuántas cosas más, todas ellas republicanas, faltaba más que aceptáramos a estas alturas una forma de gobierno que no dirimiera las diferencias políticas en las urnas, no señor. Pero una cosa es que seamos demócratas hasta los tuétanos y otra muy diferente que no tuviera razón el que fuera gobernador del estado Eliseo Mendoza Berrueto, cuando dijo aquellas palabras que quedaron grabadas con letras de oro en los muros del congreso: pinches coahuilenses enredosos. Aun las mejores ideas, las enredamos como solo nosotros sabemos hacerlo.
Y hete aquí que lentos como solo pueden ser los diputados locales, se pusieron en un rato de aburrimiento entre capítulo y capítulo de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, a contabilizar los procesos electorales en Coahuila durante la próxima década, y ¡sopas!, se toparon con que había nada más y nada menos que ocho procesos electorales de distintos colores y sabores, una elección cada año y medio, más o menos, eso le enfría la libido política al más demócrata de los republicanos y federalistas coahuilenses.
Ya con esos datos en la mano, Juan Antonio García Villa, a título personal y arreando a la fracción panista en la legislatura, se plantea proponer una reforma a la ley electoral, con la finalidad de que se modifique el período de duración del cargo de gobernador y de diputados locales, a fin de que a la vuelta de pocos años, se pueda empatar el calendario estatal con el federal, y así, en vez de ocho insoportables campañas, ocho aburridísimos procesos electorales y ocho conflictos poselectorales, tengamos solamente tres…
¿Suena a todo mecate, no?, el anzuelo que está tendiendo García Villa va en el sentido del ahorro en recursos del erario que se dejarían de gastar en todo lo que involucran los procesos electorales, sobre todo porque hay que estar a tono con la austeridad republicana del gobierno de la cuarta transformación, pero quizá la ventaja más importante fuera la de despejar el ambiente político estatal, a lo mejor reduciendo casi a la tercera parte el número de elecciones, a la gente le vuelven a dar ganas de participar en la cosa política, no como candidatos, que eso es para la casta divina, sino como ciudadanos electores y hasta como funcionarios de casilla, ya ve que ahorita le corren a eso como si fuera dengue hemorrágico o cosa peor.
En la práctica la gran idea panista se traduciría en que el período de gestión del gobernador se reduciría a cuatro años en vez de los seis actuales, y el de los diputados a un año… y allí es donde la puerca tuerce el rabo…
Con los diputados no hay problema, ellos pueden buscar la reelección por otros tres años, no hay fijón allí, pero de gobernador… ya ve lo que pasó y sigue pasando en Baja California con la Ley Bonilla, en que el gobernador electo promovió una reforma a la legislación electoral a su favor, él iba originalmente por un período de dos años, igual para racionalizar el número de procesos electorales, ¿pero por qué conformarse con tan poco?, mejor que fuera por cinco, y que agradezcan que no es por once o por diecisiete.
Claro, cuatro años no son dos años, y como decía Raúl Madero, de gobernador así fueran quince días, bastan para sacarlo a uno de pobre, lo demás es pura vanidad y complejos. pero con ese antecedente, que además parece que sigue en pie, sin visos que se lo puedan tumbar, ¿Quién se conforma con menos?, capaz que quien salga triunfante del proceso electoral dice que si de lo que se trata es de empatar calendarios, en vez de cuatro años sean diez, y además con la constitución política del estado en la mano, por lo que pasó allá en Baja California, quedó más que demostrado que los diputados locales, como los generales revolucionarios, no soportan un cañonazo de cincuenta mil pesos… o cincuenta mil dólares, o lo que les hayan puesto enfrente.

Estamos de acuerdo, sobran elecciones. Esta idea que traen los panistas no es mala, si pudiéramos criticarle algo es que en el momento en que se erigió el estado en estado federado, allí debieron decir los constituyentes que el calendario sería el mismo que el de la federación, no andaríamos ahorita con esas monsergas, incómodas, necesarias, pero que se han venido postergando, porque nadie quiere ser el cordero de sacrificio que no goce íntegramente de las mieles del poder y de los presupuestos.
A lo mejor lo proponen, a lo mejor lo aprueban y se hace, y a ver si no nos embroncamos como otros estados que han pasado por las mismas y ya no hallan la puerta por donde escapar.

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