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Salarios parreños

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

Por allí corría hace años un dicho entre los burócratas, de que trabajando para el gobierno tenías pan duro pero seguro, expresión que explicaba con dramáticos colores la realidad de trabajar para la administración pública. Luego no faltó quien lo complementara con que el salario de los empleados de gobierno era bajo, pero rendidor… y aquí es donde se incluía la gran variedad de prebendas, buscas, corruptelas, chanchullos, untadas, recompensas, bonos, propinas y gratificaciones, y conste que no diferenciamos las legales de las ilegales, porque finalmente todas caen en el enorme rubro de sobresueldos no contemplados originalmente en el ingreso.

Como en todas las cosas de esta vida, hay gente que nació para trabajar para el gobierno, así como la hay también que por más que lo intentara no se hallaría jamás trabajando en una oficina pública, y claro, también hay un grupo nada reducido que dice que lo suyo no es el trabajo, ni para el gobierno ni para la iniciativa privada, gente a la que todo se le hace poco, de la misma forma que lo hay que no harían nada ilegal en su vida… y otros que aun pudiendo, no se avienen a trabajar honradamente, para ellos cada día es una aventura y si no se transaron a alguien durante la jornada extendida, nada de ocho horas nomás, no pueden conciliar el sueño los angelitos. Desde luego que hay quien le entra a todo, y va y viene de la administración pública a laborar en una empresa o por su cuenta, según sople el aire, y no faltan los ambiciosos a los que sea lo que sea que hayan conseguido, siempre quieren más y más.

La triste realidad en México, el en de estos años, pero igual en el pasado, es que así que uno diga que hay buenísimos empleos para todo el que quiera trabajar, pues no, no es así. En Coahuila hasta recientemente que empezaron a llegar las empresas transnacionales con una mentalidad diferente, los empleados de las empresas de capital local recibían unos salarios de miseria, aun los de niveles medio y alto tenían que aguantarse con lo que pagaban sus patrones piedras, sabedores que si renunciaban no habría donde encontraran otra colocación, y menos si boletinaban su nombre como uno de los revoltosos que querían ganar más.

No por nada muchos se refugiaban, o trataban de hacerlo en los empleos de gobierno, donde podían lograr aquello con lo que comenzamos, pan duro pero seguro, y ya luego lo que el ingenio, la suerte, la ambición rampante de cada quien, le lograra conseguir. A que más que la verdad, que en muchas poblaciones pequeñas de nuestro estado, los salarios de los empleados de gobierno eran y siguen siendo de los mejores ingresos de la localidad. El maestro rural, el empleado de la recaudación, no se diga el recaudador, el policía, el inspector de vía pública, en fin, quienes logran una plaza en el municipio, en el IMSS, en alguna delegación estatal o federal, ya la hizo de por vida, automáticamente y cada día que pasa, encuentra elementos para distanciarse del resto de los ciudadanos que tiene que talonearle para conseguir el chivo diario. A tal grado llegó esta realidad, que hace algunas décadas el gobierno, las distintas instancias de gobierno, llegaron a convertirse en el principal empleador en el país. Papá gobierno era en realidad patrón gobierno, uno que además no era especialmente exigente y hasta pecaba de exceso de tolerancia.

Bajo esta perspectiva es que tenemos que examinar lo que está ocurriendo de un par de años a la fecha en el ayuntamiento de Parras de la Fuente, donde la parte laboral ha registrado una serie de situaciones que hace que laborar para la administración municipal, o incluso haberlo hecho en el pasado, se convierta en la pesadilla de muchas personas.

Se puede decir que todo comenzó con la decisión, arbitraria según los afectados y gente ajena al caso, del recién estrenado alcalde Ramiro Pérez Arciniega de suspender el pago de pensiones a los jubilados del Ayuntamiento de Parras. Así nomás por sus pistolas, Ramiro, un político a la mexicana que había buscado la posición por todos los medios hasta que bajo las siglas de MORENA logró hacerse de la alcaldía, consideró que las pensiones se habían otorgado ilegalmente y las cortó. Como todo el mundo lo sabe, pensionarse en México no es un trámite fácil, hay que haber cumplido con un mínimo de años de trabajo, de los cuales hay un altero de papeles probatorios, desde el primer recibo de pago que le entregaron y firmó, cada incapacidad médica, cada nombramiento, todo, es de veras difícil que alguien logre una pensión solo porque a alguien le cae bien. En el caso del ayuntamiento de Parras, quienes estaban jubilados, eran gente conocida del pueblo literalmente de toda la vida, treinta o más años frente a la misma ventanilla atendiendo a generaciones de parrenses, ah, pero el alcalde dijo que no tenían derecho y se las cortó.

¿Se imagina lo que es para un jubilado que le quiten la pensión, y que esta situación dure ya dos años y medio?, ¿de qué habrán estado viviendo todo este tiempo?, es una incógnita, seguro más de uno ha de haber dejado de comer como debía, y de tomarse las medicinas que necesita, porque ya no tiene pensión, gracias a la necedad del alcalde, que por más exhortos que se le hacen para arreglar el asunto, pone oídos sordos.

Está el caso también de su persona y la camarilla que llevó a las principales oficinas del Ayuntamiento. Pareciera que la consigna de quienes llegaron con las siglas pero nada de la pretendida austeridad republicana de MORENA, lo hicieron con la mentalidad de arrasar los recursos del municipio, con lo que pudieran asignarse como retribuciones en la nómina, más lo que en sus funciones se les fuera pegando. Para empezar ¿con qué desfachatez se nombra directora general de desarrollo humano en un municipio como Parras?, ni que fuera Torreón o Monterrey, pero tiene su directora general, misma que luego por la serie de tracalerías en que incurrió, fue destituida por el cabildo, lo mismo que el secretario del ayuntamiento ¿pero qué cree?, que siguieron cobrando sus salarios íntegros por disposición del alcalde al que el cuerpo edilicio le significa nada.

Y esto no es una hablada al aire, porque luego del circo de la destitución del cabildo en pleno que operó Ramiro, y que el Congreso del Estado de Coahuila le obligó a dar marcha atrás, olímpicamente no les ha pagado sus salarios, en una violación a la ley laboral, pues los sueldos no se pueden retener. Si por Ramiro fuera, no les volvía a pagar de aquí a que se acabe el trienio, y la lana de cada uno de ellos a su bolsa.

Fuera eso todo, pero allí tiene al Ayuntamiento emplazado a huelga por los trabajadores, ¿motivo?, se lo puede imaginar, asunto de salarios. Nomás falta que de aquí a diciembre los empleados municipales estén en huelga, que no se les pague, y dejarle la bronca, las broncas, a quien lo suceda en el cargo.

Allí lo tiene, a grandes rasgos, problema tras problema, todos innecesarios, con algo tan sagrado como es el pago por el trabajo, todo gracias a Ramiro Pérez, por meses aun, presidente municipal de Parras.

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