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Candidatos muertos

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

La frase a veces se le atribuye al general Ulises Grant, otras al coronel George Armstrong Custer, o para el caso a cualquier militar, blanco, protestante, anglosajón, que sirvió en las guerras contra las tribus originarias en el centro y oeste de lo que es hoy los Estados Unidos hace un par de siglos: los únicos indios buenos, son los indios muertos. Y pues que decir, que acá en el norte de México, particularmente en Coahuila, la política del gobierno federal y del gobierno estatal fue la de convertir en buenos a todos los indios que no aceptaron la gentil invitación a la pacificación y emplearse como esclavos de los españoles y criollos que vinieron a decirles que eran los propietarios de la tierra, no que fuera de los indios ni mucho menos, pero por la que habían andado libremente durante muchas generaciones.

¿De qué fue capaz el ejército, el gobierno y la sociedad norteamericana con tal de eliminar la plaga de las tribus indígenas de lo que habían decidido que fuera su territorio?, lo que fuera, entonces como ahora, está vigente la máxima maquiavélica de que el fin justifica los medios, y sí, las persecuciones, las masacres, los engaños, las compras simuladas, el encierro en reservaciones de los sobrevivientes, todo se valía, acá en Coahuila se recuerda la solución final que dio el gobernador Vidaurri al problema de los apaches, envenenar los ojos de agua en los que se habían abastecido durante siglos las tribus locales, literalmente matándolos, de sed o por el veneno, es lo de menos, que lo que les importaba era cumplir el objetivo de pacificar el territorio para que la gente de bien pudiera establecerse y trabajar para arrancarle a la tierra la riqueza que pudiera darles.

La cruel anécdota viene a cuento porque esta, que se ha dado en llamar “la elección más grande de la historia de México”, se ha convertido también en el proceso electoral más violento, más sangriento, el que más vidas ha cobrado entre los candidatos que buscaban un puesto de elección popular. Nuestro país nunca ha sido el dechado de paz y civilidad que los políticos gustan de regodearse llamando el estado de derecho, más nos parece que es el México bronco, de todos tan temido. Siempre había habido víctimas entre las facciones y luego entre los partidos políticos en contienda, pero la impresión es que los hechos ocurrían aisladamente, no se podía hablar, o no se quería hablar de que la violencia, la intimidación, el asesinato de candidatos o dirigentes, fuera el sello de la renovación de los poderes públicos. Hoy sí que lo es.

Para variar, cada quien trae sus cuentas, las más optimistas, a cargo de la secretaría de seguridad pública del gobierno federal, pone el número entre veinte y treinta candidatos muertos, diversos periódicos que llevan la contabilidad de los asesinados, la sitúan por arriba de los setenta, y la última nota que vimos antes de teclear estas líneas, elevaban el número de víctimas hasta 88, que no sin cierto temor, sospechamos que pueda elevarse todavía en la última semana antes del 6 de junio, y que conste, tampoco pensamos que el día de los comicios sea una fecha mágica en la que se acaba de golpe la violencia, al contrario, adquiere tintes todavía más grotescos, porque ya pasa de la violencia en la contienda político electoral, a atentados contra las autoridades constituidas en la persona de candidatos ganadores. Sobre esto recordamos dos o tres casos de presidentes municipales, entre ellos una mujer, que fue asesinada el mismo día que tomaba posesión de la alcaldía en un municipio del Estado de México o de Hidalgo.

¿Qué es lo que hace que un político en campaña sea señalado por grupos del crimen organizado, del narcotráfico, por sus contendientes políticos, por los partidos, por el sistema, o por quien sea, para ser asesinado?, esta pregunta debería constituirse en la línea de investigación más importante para las autoridades que tengan a su cargo la investigación y resolución de cada uno de los casos, el motivo.

De entrada se nos ocurre que a los candidatos que matan es porque tienen posibilidades de ganar, ¿Quién pensaría en liquidar a un aspirante que no va a tener el respaldo popular en las urnas, y que por lo mismo no tendrá el mandato de la gente para llevar a cabo los proyectos, las reformas, los programas que anda ofreciendo en campaña?, no, a los que matan es porque son los punteros, poco menos que los ganadores.

Otro elemento relevante a considerar es: ¿Quiénes se benefician de que a un político “lo quiten de en medio”?, desde luego que el principal sospechoso sería el segundo candidato en popularidad, sí, porque el tercero, el cuarto o el décimo, aunque ya no esté el primero no por eso mejoran sustancialmente sus oportunidades de triunfo, no, la sospecha debe recaer sobre el segundo en contienda.

Que sabemos que las cosas no son tan lineales, y ha quedado demostrado en este proceso electoral que los candidatos tienen tantas cosas en la cabeza que es imposible que se ocupen de todas, allí están los sesenta y tantos que no pudieron ocuparse de algo tan crítico como la entrega de cuentas al Instituto Nacional Electoral, razón por la cual se les quitó el derecho a ser candidatos. Con ese antecedente, es razonable pensar que alguien en el equipo de que va segundo en la carrera, se arrogue tomar la decisión de pavimentar el triunfo de su candidato ¿cómo?, quitándole los obstáculos de enfrente… permanentemente.

Regresando un poquito a la tesis esbozada, si el candidato contra el que atentan y al que matan es el seguro ganador del proceso electoral, si es el que mayor simpatía despierta entre los electores, si es el que más riesgo representa para los intereses creados o los proyectos de los grupos de poder, legales e ilegales, podríamos sacar la conclusión de que casi seguro, esos fallecidos eran los mejores candidatos, y que su pérdida no es solamente la de la valiosa vida de una mujer o un hombre con buenas intenciones, sino la pérdida de una gran oportunidad, que se ve reemplazada con más de lo mismo, o por peor de lo que había.

Por eso es que nos enoja tanto lo expresado por el presidente López Obrador en estos días, cuando dijo que no debería nadie magnificar los asesinatos de candidatos. A lo que vemos, para el presidente de la República amorosa, el de los abrazos no balazos, no hay nadie que sea irremplazable, tampoco hay el concepto de que la vida es sagrada, contradictorio con alguien que se dice tan cristiano y tan religioso, pero todavía peor: alguien que de la política, de andar de candidato durante 18 años, y de seguir de candidato ya como presidente, desprecie a los que andando en el mismo camino que él, caen víctimas de quienes temen que los puedan perjudicar.

Concluimos diciendo que sí, los mejores candidatos, son esos que mataron, hubieran sido excelentes gobernantes o legisladores, y de los que ganen y no les pasa nada… muy probablemente ellos no eran los mejores, y con ellos tendremos que conformarnos, el presidente incluido.

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