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Hasta que el borracho se convirtió en cantinero…

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

En el momento de teclear estas líneas el Plan A de la Reforma Electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador yacía muerto y sepultado ante la imposibilidad de juntar suficientes votos de la oposición para lograr la mayoría calificada, indispensable para una reforma constitucional, pero como Macuspana nunca pierde y cuando pierde arrebata, sobre el muerto las coronas y el Pan B metido con calzador en la agenda legislativa de la Cámara de Diputados, y como se trataba de leyes secundarias solamente, ningún inconveniente hubo para que la mayoría de legisladores del Movimiento de Regeneración Nacional, secundados por sus paleros a sueldo del Partido del Trabajo y del Partido Verde, lo aprobaran por mayoría simple.

¿Qué importa que violando el procedimiento legal, el mentado Plan B no hubiera pasado antes por las comisiones respectivas, a saber la de Gobernación y Puntos Constitucionales y algunas otras involucradas por necesidad?, ¿Qué importa que se les hubiera pedido a los diputados federales pronunciarse a favor o en contra de un conjunto de modificaciones a las leyes, que ni siquiera les habían pasado antes a leer, mucho menos consultas u opinión? Lo que importaba era que una vez MORENA quedara como el heredero de aquel famosísimo Partido Aplanadora, como durante felices años se conoció al Revolucionario Institucional, aquel que logra lo que quiere pasándole una máquina de varias toneladas encima, dejando a cualquier oposición planchada.

Según se comentó en semanas anteriores al día de la votación de la reforma electoral en voz del secretario de gobernación Adán Augusto López Hernández, conocido en algunos círculos tremendistas como López Bis, el documento de la primera propuesta legislativa, el Plan A superaba las 900 páginas, que por fuerza serían de una lectura densa para cualquiera, por más que sea diputado o senador de la república, novecientas treinta y tantas páginas de las que dependía el futuro de la nación, la preservación de la paz y la concordia entre fuerzas políticas, entre gobierno y gobernados, no es una lectura para hacerse al vapor, brincándose  párrafos, referencias y notas al pie.

Para esa lectura se le concedieron cuatro días a los diputados, ¿cuántos la leyeron, digo, si es que les pasaron una copia, se las mandaron en pdf o se las mandaron precargada en un IPAD nuevecito?, habría que preguntar. Unos votaron a favor y otros en contra con los resultados sabidos, pero ¿cuántos la conocían hasta sus partes medulares?, dudamos que alguno.

Ahora respecto al Plan B, ese no se los dieron ni a oler, ya ni siquiera a leer, ni siquiera hubo una síntesis que hubiera preparado la Comisión legislativa correspondiente, nomás les dijeron esta es y voten… y votaron, unos a favor de no sabían qué, y otros igual, en contra de lo que tampoco sabían de qué se trataba. De veras que qué manera de gobernar y legislar en este país de políticos analfabetas.

Suficientemente pésimo era que la iniciativa la hubiera elaborado la Secretaría de Gobernación, la rama ejecutiva como le dicen los norteamericanos teniendo la idea de que el gobierno como conjunto simula un árbol, pero es esencia un solo ser. Acá el poder ejecutivo sigue siendo para todos los efectos un poder imperial que se maneja sin ningún respeto por cualquiera otro, y menos por los organismos autónomos, con los que quiere acabar de una vez por todas antes que termine el sexenio.

De las cosas que se han sabido del Plan B, que pasa a ser ya reforma electoral, eso si sobrevive las impugnaciones que hagan los partidos políticos y el Instituto Nacional Electoral ante la Suprema Corte de Justicia dela Nación, está el detalle, mínimo si usted quiere, de que se permita a los funcionarios públicos hacer actividades de proselitismo político a su favor, en un tema particularmente relevante para Coahuila en los momentos políticos que vive la entidad.

Algunos analistas lo han comentado, la iniciativa para que se prohibiera y hasta sancionara con toda la fuerza de la ley a quienes se pronunciaban sobre sus pretensiones de acceder a determinado puesto de elección popular, provino inicialmente de la izquierda mexicana, del PRD luego transmutado en MORENA, o ya con ese membrete.

A su líder máximo y hoy presidente Andrés Manuel López Obrador le molestaba sobremanera que los funcionarios y servidores públicos aprovecharan su puesto y el presupuesto que tenían a su disposición para promocionarse, para hacer campañas y precampañas, luego de mucho presionar se logró que el IFE, ahora INE, promoviera cambios legislativos para que efectivamente, nadie pudiera hacer precampaña.

Todo perfecto hasta que el borracho se convirtió en cantinero, y allí tenemos al mismo López Obrador no solo buscando violar la ley, sino llamándola atentatoria a los derechos humanos y a los contenidos en la constitución de la república. ¿Resultado?, que va para atrás, ahora, si es que no la tumba la corte, los funcionarios podrán dedicarse en puerco y alma, perdón en cuerpo y alma a promoverse políticamente, lo que automáticamente implica un descuido de sus actividades del presente privilegiando lo que esté por venir, con la consecuente chamba tirada, o dejémosla en no hecha, o hecha mal, sin la suficiente supervisión ni compromiso, tan sencillo como que nadie puede servir a dos amos al mismo tiempo.

La semana pasada el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Coahuila de Zaragoza ordenó al Instituto Electoral de Coahuila que a su vez instruyera a Ricardo Mejía Berdeja, en específico, y a los demás de refilón, retirar toda y cualquier publicidad política en cualquier de sus formas, espectaculares, en redes sociales, en internet, en volantes, lo que sea, al considerar que se tratan de actos anticipados de campaña que violan la ley… la ley vigente en el momento todavía, misma que dejará de serlo en el instante en el que se publique en el Diario Oficial de la Federación, donde se especificará la fecha en la que entra en vigor.

Y como sabemos que en México existe el principio de no retroactividad de la ley, para perjudicar a nadie, pero sí para beneficiar, tendríamos con que Ricardo Mejía Berdeja, quien ha hecho cera y pabilo de la legislación electoral, quedará libre de cualquier culpa. Al menos es lo que interpretamos de lo poco que sabemos de la reforma electoral, que repetimos, se votó a ciegas y el pueblo sigue a ciegas hasta que no se vea publicada oficialmente.

Alguien dirá que es una ley a la medida, pero no solo de Mejía, aunque ya de último momento Morena lo echó al cesto de la basura, sino de todos los grillos que prefieren grillar que trabajar, y ahora con permiso y sin miedo a sanciones… ni idea tenemos de lo que perdimos, antes tenían que andar con la rienda corta y el freno bien firme ¿ahora?, no nos la vamos a acabar en cuanto a promoción, ¿y el trabajo?, bien gracias.

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