Ejército y Marina: metástasis de corrupción

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Cuando hice el servicio militar nacional, encuadrado en el Regimiento de Ingenieros de Servicio, pude corroborar de primera mano algunos ejemplos de la corrupción que había en el Ejército Mexicano. En cuanto anticipo, estaba yo muy verde, pero ya pintaba para periodista medio chismosón, y me di cuenta, así a mi nivel, conscripto, el más bajo de todos, que, por ejemplo, por doscientos pesos, podía comprarle uno un par de botas, nuevas, de reglamento, al sargento segundo zapatero, oiga, un par de zapatos cualquier costaba el doble, el más barato, ¿y las botas de reglamento estaban en 200?, ni que decir que varios compañeros se agenciaron un par o dos.

Es cierto que ya no se vendían las asistencias, que fue la causa principal por la que la Secretaría de la Defensa Nacional decidió quitarle sus domingos al personal de clases y oficiales, para que dieran instrucción a los conscriptos, que ni modo, tenían que pasar lista tres veces, para que les dieran por buena la asistencia ese domingo. Pero de que había corrupción en el regimiento, la había.

Entre el personal militar traficaban con carros chocolate, las van eran las preferidas, pues parecían de policías judiciales, armas y cartuchos, uniformes, eran muchas cosas las que se vendían y compraban, pero eran muchas más las que ocurrían, por ejemplo el hecho sabido de todos que las unidades de caballería rara vez compraban alimento para sus caballos, dejándolos pastar por todos los terrenos del campo militar, durante horas, todo eso era ganancia líquida para los jefes. Esas son cosas que yo vi, habrá habido muchas otras que ocurrían de puertas para adentro.

De ninguna manera justifico la corrupción, pero en aquel tiempo el personal militar estaba tan mal pagado que vivían permantemente a la busca de suplementar su ingreso, no por fuera porque el Ejército suele ser extremadamente demandante en cuestión de horarios y calendarios, sino al interior, cualquier cosa que se le pudiera esquilmar al ‘instituto armado’ que le dicen, se hacía. Ya entonces era mucha la inconformidad, sobre todo con la paga, pero también con la falta de reconocimiento y que les cargaran la mano, parte de ese disgusto que llegó hasta la tropa conscripta se debió a lo que ya dijimos, que les quitaron el descanso dominical para entenderse con hordas de vagos, que tampoco estaban digamos que felices por cumplir con la ley del servicio militar nacional.

Servicio militar. (Foto PRI)

Pero de alguna manera la corrupción de las fuerzas armadas estaba contenida. Lo que ocurría adentro no se mezclaba con la corrupción generalizada del gobierno, ni de la sociedad. Las raras ocasiones en que personal activo era designado para alguna tarea de seguridad pública, indudablemente que enfrentaba, cómo decía aquel comercial de una tarjeta de crédito: Un mundo de posibilidades…

Sí porque normalmente llegaban de comandantes o directores, no había una curva de aprendizaje ni una formación desde abajo, llegaban a lo grande, y nunca faltaba quien se acercara a ellos con un gran negocio entre manos, por lo general algo ilegal, pero muy productivo. Aun los generales, jefes y oficiales ya retirados, cuando eran llamados a servir en alguna corporación policiaca, personal que ya cobraban una pensión, no especialmente abundante en el Ejército, recibían la oportunidad de suplementar su ingreso con algún negocito que les caía entre manos. Pero con todo, era limitado el daño, pues este personal ya no regresaba al servicio activo en el Ejército.

Todo fuera que Andrés Manuel López Obrador tuviera la genial idea de sacar al Ejército Mexicano de los cuarteles para encargarles todo tipo de tareas, sobre todo aquellas infestadas de corrupción, para que los militares, hasta el momento con una fama pública de honrados e incorruptibles, fueran puestos a prueba, y vino a resultar que la tentación fue demasiado fuerte para ellos, no que hubiera sido distinto para cualquier otra persona en su lugar, la diferencia fue que ellos cargaban desde hacía muchos años con esa aura construida artificialmente de honradez, cuando lo que en realidad era que habían carecido de oportunidades.

López Obrador durante un desfile con los altos mandos del Ejército y La Marina. (Foto: Expansión)

Si esto es cierto para el Ejército, la Armada de México estaba todavía en peores circunstancias, pues su ámbito de acción se restringía a las costas, y lo poco o mucho que ocurriera en ellas ah, pero empezaron a caerles entre las manos las capitanías de puerto y las aduanas, y entonces sí.

Según se ha dicho, por cada barco huachicolero, se repartían un millón setecientos mil pesos entre mandos navales y civiles, hasta a los más modestos inspectores y vistas les tocaban unos cincuenta o cien mil pesos… libres de polvo y paja, ¿cuánto le sacarían los operadores a cada barco, si eso podían repartir de mordidas y propinas, algunas de ellas ni siquiera solicitadas?, cien veces eso, doscientas veces eso… por cada barco, y fueron muchos, se ha hablado de 36… pero vaya a saber el total durante los años que operó el negocio.

Para que un servidor público sea incorruptible, como quiere el gobierno y la sociedad, debe contar con una remuneración que lo haga impermeable a las más atractivas ofertas que le lleguen a hacer los maloras que nunca faltan. Por lo pronto el cáncer que durante décadas estuvo contenido, ahora está desatado por toda la administración pública, y dudo que los métodos que están dizque ensayando sirvan para sanarlos…

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