¿Entonces qué, Verónica?

La pregunta es, anulado Jericó, senadora pero anulada Verónica, ¿Quién pinta para prospecto, para carta fuerte del priísmo para la elección de gobernador en el 2023?

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

jericas

Le dicen el mal del ladrillo, a la transformación conductual de una persona a la que la suerte, las relaciones, alguna cualidad física o de obediencia ciega, le conceden hacerse de un poco de poder: se trepan a un tabique y se marean. Ejemplos de esto los hay a lo largo de la historia de la humanidad por millonadas, pero para no irnos demasiado lejos, en este último proceso electoral federal, la geografía política de los partidos y candidatos estuvo plagada de esto, que podríamos llamar la epidemia del ladrillo, que con la definición operante antes dada, basta para explicarla, y para localizar a los cientos o miles de afectados, de quienes muy pocos, los que ganaron, se hallan en la siguiente etapa del padecimiento, mientras que el resto fueron bajados de la peor manera posible al estándar del resto de los mortales.

Fue el Tlacuache Garizurieta u otro observador igual de agudo de la cosa política en nuestro país, quien sentenció certeramente que el poder es una droga tan poderosa que logra obnubilar y confundir a las mentes más inteligentes… una que a los pendejos los vuelve locos. Y sí, ejemplos de esto también los hay por todos lados, luego de su ungimiento como candidatos, y durante todo el tiempo que duraron las campañas, se sintieron los candidatos, todos o casi todos, que caminaban en el aire, siendo el polvoso suelo demasiado poca cosa para que plantaran en él las aristocráticas plantas de sus regios pies.

Con la depresión que les viene a los políticos perdidosos, lo verdaderamente sorprendente es que no se incremente vertiginosamente la cantidad de suicidios en Saltillo y en todo México, pues la verdad de las cosas es que por cada candidato ganador, hubo tres, cuatro o más que se dieron tremendo zapotazo en el piso. Aunque… a lo mejor eso es lo que hace falta, pues si no nos equivocamos, este fin de semana no hubo “escapes por la puerta falsa” en toda la región sureste, y eso que hubo ley seca. Salvo el paciente siquiátrico que se aventó por la escalera de la Clínica 2 del IMSS, pero eso fue el lunes, y no lo contabilizan en la estadística negra del suicidio pues era esquizofrénico el pobre.

Pero regresando a lo de los entabicados, hubo durante el proceso electoral un personaje que se hizo odiar de cuantos tuvieron la mala suerte de tener contacto con ella, Verónica Martínez García, candidata del PRI y sus comparsas del Partido Verde y Nueva Alianza a senadora por el estado de Coahuila. Dándose unos aires de grandeza que nada tenían que ver con su capacidad para sumar, restar y multiplicar, se pavoneó por todo el estado presumiendo que ella sería la siguiente gobernadora del Estado, pues tenía la candidatura prácticamente en la bolsa.

Durante todo el sexenio pasado fue una de las dudas más recurrentes en los corrillos de la política comarcana ¿qué méritos tenía esta señora para ser diputada al congreso local, y más puntualmente, para ser presidenta del Comité Directivo Estatal del PRI?, bueno, no es difícil de entender que en este país no es uno el que elige ser político sino el sistema político el que lo elige a uno, o en su caso a una. Verónica se probó que era moreirista hasta las cachas, y eso le valió para la nominación por el VI Distrito Electoral por allá en el año 2014, y de allí a que el entonces gobernador Rubén Moreira Valdés la seleccionara para su corte en una posición de gran relevancia, no solo para él o su mandato, sino para la continuidad, ya que no perpetuación del sistema, pues el primero de julio este topó con un muro de concreto como ese con el que sueña Donald Trump para dividir el paraíso terrenal de la vil tierra.

Como premio a sus más bien malas artes y peor desempeño como presidenta del PRI estatal, Rubén Moreira operó para que fuera designada como candidata al senado de la República, ya ve que a los Moreira les gusta “adornar” la Cámara Alta con caras bonitas, de esas que hasta cuando se enojan por no cumplirles sus caprichitos siguen viéndose lindas. Para que vea el favor que le tenía Rubén a Verónica, no la acomodó como segunda, sino como primera en la fórmula, dejando al exalcalde de Saltillo y exdiputado federal Jericó Abramo Masso como acompañante, a sabiendas que, como finalmente ocurrió, aun perdiendo el PRI, Verónica ganaba, pues por esas ridiculeces… sí, ridiculeces de la política mexicana, los senadores van por pares, la primera mayoría entra el par completo y la primera minoría entra solo el que se apuntó como número uno en la fórmula, vale decir, el (o la) que más le interesa al partido que entre al Congreso, el otro puede ser considerado como descartable, sacrificable, o puesto en términos más coloquiales, que vale chetos, y a como se las gasta (o gastaba) la poderosa casta de los Moreira en Coahuila, hasta les servía de oportunidad de deshacerse de sus enemigos, porque a nadie se le escape que Jericó era un aliado, un correligionario, pero no un amigo y en determinados momentos, un competidor, así que ¿Qué mejor oportunidad de quitarse al niño aristócrata de encima que perdiera en la contienda por la senaduría?

Y se hizo, así quedó Verónica entra al senado, pero no como triunfadora, sino como perdedora a la que se le tira la migaja de la primera minoría, lo que sí, sus aspiraciones para ser la sucesora de Miguel Riquelme tendrán que ser revisadas más que cuidadosamente, ¿Por qué? tan sencillo como que la lucha por la gubernatura de Coahuila dentro de cuatro años y feria será una repetición de la elección de senadores: Armando Guadiana Tijerina por Morena, eso porque hay que tener perfectamente claro que en Coahuila Guadiana es Morena, Guadiana y su dinero se entiende, ¿y qué hace pensar que su desempeño en el senado, el de Verónica vaya a ser más intenso, más efectivo, más protagónico que el de Guadiana?, el bigotón tenía años en campaña, todos los que estuvo de pleito con los Moreira, ganándoles algunas, perdiéndoles otras, pero posicionándose en el ánimo popular de todos los que odian y desprecian al afamado clan, ahora como senador de la gran mayoría morenista, tendrá la mesa puesta para exhibir lo que sea que haga como legislador, que será más que lo que haga Vero y los priístas, a los que les van a batear todas para atrás.

La pregunta es, anulado Jericó, senadora pero anulada Verónica, ¿Quién pinta para prospecto, para carta fuerte del priísmo para la elección de gobernador en el 2023?, y no me vaya a decir que el Diablito de las Fuentes o Marta Garay, que nos matarán de risa como fracción parlamentaria de Coahuila en la cámara de diputados, y ya ve lo que al partido le ha pasado cuando acepta candidatos que ni credencial han tenido nunca.

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