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La historia de Perla: de mucha lucha, vida y corazón

Tras una niñez dolorosa y triste, le amputan una pierna

Gómez Palacio, Dgo., 23 de julio 2022.- A sus 23 años y a punto de cumplir 24 en agosto, Perla ha vivido tantos momentos dolorosos y tristes de los que ha salido en base a mucha lucha, a sus ganas de vivir y en ello dejar su corazón.

A pesar de tantas cosas que le han pasado, la última la amputación de su pierna izquierda, ella se encuentra de pie en busca de mejores momentos en su vida.

Esta es la historia, su historia.

A los 13 años de edad y tras vivir en el seno de una familia totalmente disfuncional en la que sus padres son dominados por el alcoholismo, con una madre que no se ocupó de sus hijos, en una comunidad donde impera el machísimo y la mujer por niña que sea es juzgada y calificada incluso por la propia familia como de lo peor, donde el riesgo de ser violada, atacada, golpeada por los hombres que su madre hasta la fecha “mete” a su casa, Perla se vio obligada a huir de ese amargo ambiente de violencia que vivió durante toda su infancia.

Al tomar la decisión de escapar, Perla se fue a vivir con una amiga a la comunidad de Paso Nacional, municipio de Nazas, Durango. Ahí parecía que todo iría bien pero resultó que su amiga era prostituta, reviviendo nuevamente ese ambiente de violencia y acoso que vivió en su casa.

Cuando Perla ya no pudo pagarle la renta de 500 pesos que le cobraba, la amiga intentó “venderla” con un hombre y al no acceder la echó de la casa, lo que la forzó a regresar a la cabecera municipal de Nazas, de donde es originaria.

Por lo que había vivido, Perla no volvió con sus padres, consiguió un cuartito que ella llama “la vulkita” donde vivió con muchas carencias, pudo conseguir un trabajo en un cibercafé donde le pagaban 700 pesos y con eso logró terminar la secundaria y la preparatoria, además de que se apegó a su distracción favorita, el futbol, jugando con un equipo de aquella localidad.

“Pero además seguí haciéndome cargo de mis hermanos porque mi mamá nunca cambió y hasta la fecha sigue metiendo hombres a la casa”, platica Perla, visiblemente desilusionada de la vida que llevan y les dieron sus padres.

Expresa que su hermana logró terminar la preparatoria y está por iniciar la Universidad, estudiará para ser ingeniero agrónomo en Rodeo, Durango, “pero tiene problemas, es muy retraída, le dije que se viniera a vivir conmigo a Gómez Palacio pero no quiso porque igual que yo decidió también escapar de la casa familiar”.

“Mi hermanito es el más chico de los 3, tiene 14 años, también huyó de la casa pero a él por ser varón fue arropado por la demás familia, él terminó la secundaria y va a la preparatoria; él trabaja como albañil y está muy apoyado por mis tías, mientras que nosotras dos por ser mujeres no nos quieren, al contrario nos señalan y dicen que somos igual que mi madre”, relata.

TODO IBA BIEN, PERO…

Pese a todas las vicisitudes que de niña y adolescente vivió, Perla avanzaba tenaz en sus objetivos: Terminó el bachiller en su natal municipio de Nazas, Durango, y por si fuera poco su equipo ganó el torneo de futbol en el que participaba.

Pero nada estaba escrito, justo cuando festejaría el triunfo se montó en una motocicleta con un amigo para dirigirse a la comunidad Las Adjuntas del municipio de Nazas y cuando circulaban por un estrecho camino de terracería fueron embestidos por una camioneta que justo le prensó la pierna izquierda haciéndola añicos, además de lanzarla por el impacto a un barranco donde rodó por varios metros hasta llegar el fondo del mismo.

A sus 17 años, Perla empezó a vivir otra tragedia más de su vida: “vivo de milagro, primero tardaron mucho para poder rescatarme mientras yo veía cómo me desangraba porque nunca perdí el conocimiento. Recuerdo que por las fracturas expuestas no podía gritar porque cada que lo hacía me brotaba la sangre, entonces rompí mi blusa y me amarré la pierna donde más sangraba”.

“La ambulancia tardó mucho en llegar, cuando por fin llegó me llevaron al hospital de Nazas, donde me rechazaron porque no había las condiciones necesarias para atenderme, entonces me trasladaron al Hospital General de Lerdo pero nuevamente dijeron que no me podían recibir y fue en el Hospital No. 51 del IMSS de la colonia Chapala de Gómez Palacio donde al final me atendieron”.

Relata Perla que apenas la ingresaron al hospital perdió el sentido despertando dos semanas después. “En ese tiempo mi madrina me dijo que habían perdonado al hombre que nos atropelló, literal me usaron como ‘Moneda de cambio’, luego de que hacía tiempo mi tío habría atropellado a una persona y este no lo había perdonado. Me dijo que el hombre que nos atropelló le habría entregado dinero del cual yo no vi un solo peso y hasta donde me enteré se lo dividieron entre mi tía y mis padres pero eso del dinero a mí nunca me interesó”.

Cuando desperté, recuerda Perla, “mi pierna estaba totalmente rota con varias fracturas expuestas pero lograron mantenerla; estuve hospitalizada varios meses y como estaba sola un enfermero me cuidaba pero llegó la Navidad y los médicos salieron de vacaciones; me hacían lavados quirúrgicos cada tercer día y en una semana dejaron de hacerlos, yo tenía tubos y fierros por todos lados y cuando los médicos regresaron me dijeron que la infección ya era irreversible y que tenían que amputarme la pierna pero ‘no’ fue mi primera respuesta tajante”.

Dice que como era menor de edad no podía tomar ella la decisión “y un amigo que hacía mucho tiempo no veía pero que al enterarse del accidente me fue a ver y me estuvo ayudando pero tampoco podía tomar la decisión porque igual que yo era menor de edad”.

En ese tiempo, comenta, sus padres fueron a verla una vez y sólo para firmar que sí me amputaran la pierna. “Yo literalmente me volví loca de sólo pensar que si me cortaban la pierna iba a tener que regresar con mis padres y cómo me iba a defender de la violencia que se vive en mi casa; no iba a poder correr como lo hacía antes, entonces me negué, me dijeron que podría morir por la infección pero llegó un momento que preferí que me cortaran mi pierna”.

“NO ME VOY A RENDIR”: PERLA

Perla dice que los médicos le pedían que permitiera la intervención, incluso la llevaron con psicólogos y psiquiatras que la mantuvieron literalmente dopada con medicamentos porque le dijeron que estaba padeciendo estrés postraumático porque se negaba a la amputación, ante lo cual después de muchos días aceptó que la operaran. “Está bien, dije, y me amputaron mi pierna. Pero mi idea era no me voy a rendir”.

Comenta que tiempo después dejó el hospital, se fue a vivir a la casa de su madrina que tiene en Lerdo, aunque a los tres meses la corrió. “En ese tiempo mi amigo me seguía ayudando y me llevaba comida y un cristiano que también me ayudó mucho y que tiene un taxi, es quien me movía de un lugar a otro, me llevaba a los hospitales y mis terapias psicológicas que hice por casi un año”.

“En esas estaba cuando una vez llegó una señora que vio mi caso en las noticias y me dijo que me quería donar una prótesis por parte de su empresa, claro que la acepté pero era una prótesis muy básica, apenas me permitía moverme una cierta distancia, para mí fue muy desesperante, yo lloraba todo los días ya que de todo lo que yo podía hacer antes ahorita no podía ni subir las escaleras y bajarlas rápido pero tuve que adaptarme a esta vida completamente distinta. Antes yo siempre me manejaba en muletas y fue cuando decidí seguir estudiando”.

Perla con el apoyo económico de su amigo se inscribió en la Universidad Juárez del Estado de Durango, donde estudió química farmacéutica bióloga, carrera de la cual se recibirá el próximo mes de septiembre. Por cierto, sólo acudirá por sus documentos al considerar estéril gastar tanto dinero en una graduación.

VINO EL MATRIMONIO… Y EL DIVORCIO

Ella seguía fija en su objetivo de ser alguien en la vida pero al mismo tiempo sentía el fuerte temor de que su amigo que tanto apoyo le dio la fuera a dejar por lo que al cumplir ella los 19 años decidieron casarse.

Dos años después Perla y su esposo tuvieron un bebé pero luego de un tiempo se divorciaron al comprender ambos que no se amaban; “yo lo veía como un refugio y él me veía como una persona a quien ayudar”.

Tras la separación quedaron en muy buenos términos y por su bebé, que ahora tiene 4 años, seguía conviviendo, ella empezó a trabajar hasta la fecha en la Cruz Roja de Gómez Palacio, “todo estaba relativamente estable pero en ese tiempo mi prótesis se quebró, fui a DIF donde juntos compramos otra prótesis de 13 mil pesos y cada quien pagó la mitad. Es una prótesis que me lastima mucho pero he aprendido a vivir con ese dolor día tras día”.

Después de un tiempo de que se divorció, relata Perla, decidió tener una nueva relación, lo cual no le agradó a su expareja, quien para lastimarla le quitó su hijo y la demandó porque él quería quedarse con la custodia completa del niño.

“Fue cuando inicio la pandemia, duré 8 meses sin ver a mi hijo, tenía un año cuando me lo quitó, todavía tomaba leche, de verdad no hay ningún dolor que se asemeje al de una mamá que no tiene a su hijo”.

El viacrucis empezó ahora en los jugados porque fueron cerrados por la pandemia y no se podía hacer mucho; un año después el juez les dio la custodia compartida, es decir, que su padre tendrá a su hijo un año y Perla el siguiente; en ese lapso ambos lo verán dos veces por semana durante el tiempo que cada uno lo tenga, en este caso en agosto ya le toca a Perla tenerlo todo un año. “Cuando el niño esté conmigo su padre no paga nada y cuando esté con él yo no pago nada de manutención, esos fueron los términos que dictaminó el juez”, explica.

SU SUEÑO ES TENER UNA NUEVA PRÓTESIS

Pero mientras todo esto pasaba, Perla empezó a realizar una serie de rifas de varios artículos como una moto, celulares, entre otros, porque su objetivo es comprarse una prótesis acorde a sus necesidades que tiene un costo superior a los 156 mil pesos.

“Es mi sueño tener una prótesis que de verdad sea de mi medida porque las que he tenido me han lastimado mucho y el médico me ha dicho que puedo terminar en silla de ruedas, he hecho muchos sacrificios pero espero este año ya poder completar y comprarla”.

Comparte que tiene un año haciendo rifas de artículos que los compra con el dinero de su beca escolar y la ultima es de un iphone, esperando que al vender todos los boletos, cuyo costo es de 250 pesos cada uno, ya pueda completar para comprar la prótesis que será a su medida.

Si alguien quiere comprar boletos, puede mandar mensaje a su WhatsApp 8715183562, a su Instagram o Facebook, donde aparece como Perla Garval. La rifa será a finales de este mes o medidos de agosto, dependiendo de la venta de los números.

“SACRIFICARSE PARA ALCANZAR SUS LOGROS”

Actualmente Perla se prepara para buscar otra casa ya que en la que vive es pequeña pues sólo tiene una recámara y en agosto ya le tocará tener un año a su hijo.

Por eso también está buscando un nuevo empleo mejor pagado y más estable para poder mantener bien a su hijo, mientras que su siguiente objetivo es poder comprar un carrito.

Con todo lo que ha pasado en sus 24 años, Perla llama a las personas que aferrarse a sus metas, a sus sueños, a ser duras con ellas mismas, a sacrificar lo más mínimo para alcanzar sus logros, sobre todo en aquellas personas que, como ella, están solas en la vida.

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